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Disquero
La trilogía mística de Anoushka Shankar
 
Periódico La Jornada
Sábado 21 de marzo de 2026, p. a12

El nuevo disco de Anoushka Shankar es un baño de luz. Se titula Chapter III: We Return To Light y es la culminación de una trilogía nacida de emociones, ideas y acción. Es una joya pulida a mano, temple y corazón.

Al igual que su disco anterior, titulado Love Letters, es en términos técnicos la rotación axial de su estilo, su persona y por ende su personalidad musical.

Ninguna de sus obras anteriores posee tanta profundidad y articula reflexiones tan hondas como esta serie de tres episodios donde Anoushka despliega composiciones nacidas del momento, de la circunstancia y de las ideas desplegadas en el estudio de grabación por ella y sus músicos.

Es un disco hermoso. Su signo es el estilo reconocible de Anoushka Shankar, quien ha conseguido convertir la gran tradición milenaria de la música de la India y en particular la obra de su maestro, su papá Ravi Shankar, en lo que podríamos denominar, siguiendo el ejemplo de Astor Piazzolla quien en lugar de denominar “nuevo tango” a su música, la nombró “la música contemporánea de Buenos Aires”, así la música que hace Anoushka Shankar es la música contemporánea de la India.

La trilogía Chapters inició una tarde en el jardín de su casa con sus pequeños hijos, en Londres: Forever, For Now; el segundo capítulo se titula How Dark It Is Before Dawn, y el tercero: We Return to Light.

Con esta serie, Anoushka Shankar da por terminada su curación de un suceso trágico en su vida: luego de nueve años de matrimonio con el cineasta británico Joe Wright, Anoushka entabló juicio de divorcio por adulterio que cometió su marido, quien no presentó defensa legal alguna.

Ella comenzó su proceso de sanación con un disco bellísimo: Love Letters, con la colaboración espontánea de amigas músicas que participaron en la grabación: la cantante alemana-turca Alev Lenz, las gemelas cubanas Lisa-Kaindé y Naomi Díaz, el dúo Ibeyi, la cantante de música clásica de India, Shilpa Rao, la violonchelista Ayanna Witter-Johnson, la contrabajista Nina Harries, todas ellas bajo influencias comunes: Maya Angelou, Nina Simone, Simone de Beauvoir.

El disco con el que Anoushka comenzó el giro estilístico de su música data de 2007: Breathing Under Water, que contó con la colaboración de su padre, Ravi Shankar, de su hermana, Norah Jones y de su amigo Sting.

Lo más importante en términos musicales de su nuevo disco, We Return to Light, es el diálogo instrumental que sostiene con Alam Khad, intérprete de sarod, o sitar bajo.

Hay que hacer notar que los padres de Anoushka y Alam: Ravi Shankar y Ali Akbar Khan, fueron grandes amigos, grabaron discos juntos, viajaron en giras de conciertos juntos y fueron los máximos intérpretes de sus respectivos instrumentos, el sitar y el sarod.

En el disco que ahora nos ocupa, sitar y sarod entablan secuencias donde lo sublime es una luz que pende sobre nuestras cabezas. Las melodías inconfundibles de Anoushka son respondidas con delicadeza y elegancia. A las frases reconocibles del sitar se untan los sonidos en bajo profundo del sarod. Una delicia.

También resulta relevante resaltar que la nueva música de Anoushka Shankar presenta desarrollos que rebasan la destreza para ubicarse en la condición de obra de arte nacida del instante.

Hay una diferencia notable entre su disco Anoushka, de 1998 y lo que hace ella hoy en día. Lo que era una colección de ragas, a la manera de su padre, Ravi Shankar, es ahora una revolución musical en marcha.

Notamos giros, cambios, definiciones, decisiones con riesgo.

El primer álbum de la serie, Forever, For Now, lo produjo la cantante paquistaní Arooj Aftab. Ellas juntas, Anoushka y Arooj, ha colaborado en ocasiones anteriores, con resultados de ensueño.

Arooj Aftab, neoyorquina nacida en Pakistán, produce música mística como arroyos cristalinos. Su canto es una combinación afortunada de eras y geografías: fundamentalmente, la música de su natal Pakistán, el canto qawwali, que popularizó hace un par de décadas Nusrath Fateh Ali Khan.

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▲ Anoushka Shankar durante el concierto que brindó con su banda la noche del pasado miércoles en la sala Nezahualcóytol.Foto Barry Domínguez

La concentración del canto de Arooj Aftab pertenece a la estirpe gazal, que es la poesía amorosa cultivada durante milenios en las literaturas árabe, persa, turca y urdu.

Una gacela (ghazall) puede ser visualizada como una expresión poética del dolor de la pérdida o la separación y también la belleza del amor a pesar de ese dolor.

Y ese detalle resultó fundamental en la producción del primer Capítulo de la trilogía de Anoushka Shankar, porque fue el inicio de la terminación del proceso de duelo precisamente por la separación de su pareja y más que nada la belleza del amor a pesar de ese dolor.

Forever, For Now, además, lo hizo Anoushka con otro músico de alcances monumentales: el compositor alemán Nils Frahm, quien a su vez ha creado obras de gran belleza como músicos conocidos del Disquero, entre ellos el islandés Ólafur Arnalds.

El álbum Forever, For Now, comienza con la composición titulada Daydreaming, un dueto entre Anoushka al sitar y Nils Frahm al piano, mientras el siguiente corte, Stolen Moments, consiste en un solo a cargo de Anoushka al que Frahm añade elementos que aumentan la belleza de esa música y que en términos técnicos recibe precisamente el nombre de embellishments, práctica que data del periodo barroco.

Además, Nils Frahm aporta sonidos de belleza delicada, como los que produce una armónica de cristal, instrumento originalmente formado por hileras de copas de cristal con agua, cuyos bordes son frotados con los dedos para producir sonidos mesméricos. También, Frahm añade elementos que se comportan como drones, extraídos de un armonio. Una exquisitez.

Hay una bella pieza muy larga en este disco, titulada What Will We Remember, en la que flota un trazo percusivo mientras la obra permanece en una sensación de quietud.

El segundo tomo de la trilogía, How Dark It Is Before Dawn, se sumerge en una límpida intimidad, propia de las horas más profundas de la noche. En los valores espirituales de Anoushka Shankar, la noche es un santuario donde se limpian las heridas infringidas durante el día y es donde se consigue el momento propicio para la sanación y la contemplación.

Este capítulo segundo fue grabado en California bajo la producción de Peter Raeburn, incluye seis piezas, todas ellas imbuidas del espíritu de lo nocturno, hasta conducir a la catarsis del amanecer. Suenan sintetizadores junto al sitar en una conjunción de horizontes donde Anoushka traza pinceladas con los colores propios de amaneceres, semejantes a los de los crepúsculos.

Este disco está bañado en luz. Las notas del sitar flotan, se hunden y finalmente emergen lentamente para crear una sensación de intensidad y ambientes muy brillantes, como un acto de la conciencia que sale de una sesión de meditación hacia estadios mentales propicios para el gozo.

Y todo eso conduce al capítulo final: Return to Light, como una suerte de renacimiento. Todo esto en una música donde notamos un sentido muy único, personal y pleno de creatividad, de lo que ha significado el término “vanguardia” en toda la historia de la música.

La elegancia, la delicadeza, los asombros, los diálogos sublimes entre sitar y sarod y la plenitud de significados a partir de una de las obras maestras de Ravi Shankar, papá de Anoushka, una de cuyas ragas más famosas, titulada Raga Manj Khamanj, se despliega en formas nuevas, con un sentido profundo de contemporaneidad.

Todas estas maravillas musicales sonaron la noche del pasado miércoles en la sala Nezahualcóyotl, donde Anoushka Shankar y otros tres músicos prodigiosos, realizaron un concierto que pasa a la historia y que el jueves pasado procuré documentar mediante una crónica donde intente poner en palabras lo imposible: las epifanías.

Gracias por tanto, Anoushka Shankar, tan amada por todos.

X: @PabloEspinosaB

disquerolajornada@gmail.com