Exposición que abrirá mañana en el Museo Nacional de San Carlos // Consta de más de un centenar de imágenes, la mayoría inéditas, captadas por la artista entre 1914 y los años 40
Sábado 21 de marzo de 2026, p. 2
Más de un centenar de imágenes, la mayoría nunca antes exhibidas, rescatan del olvido a Catalina Guzmán (1892-1964), una de las pioneras de la fotografía de estudio en México, cuyo quehacer marcó un punto y aparte en la historia nacional de esa disciplina.
Su obra se caracterizó por retratar a las mujeres modernas que en las primeras décadas del siglo XX comenzaron a ocupar la vida pública y por un gesto que la distinguía de sus contemporáneos: firmar a mano sus imágenes, asumiéndose artista en un gremio dominado por lo industrial.
La exposición Catalina Guzmán: Photo Chic, que abrirá mañana en el Museo Nacional de San Carlos, reúne por primera vez un conjunto significativo de su trabajo, con 90 por ciento de piezas inéditas provenientes de colecciones como la Fundación Televisa, el Museo del Estanquillo y acervos particulares.
La muestra –la cual permanecerá abierta hasta el 26 de julio en avenida México-Tenochtitlan 50, colonia Tabacalera– recorre la trayectoria de la fotógrafa desde 1914, cuando a los 22 años comenzó a dirigir Photo Chic, estudio familiar en la céntrica calle de Monte de Piedad número 5, en el último piso del desaparecido hotel Metropolitano –hoy centro joyero–, hasta finales de los años 40.
Durante ese periodo, Catalina Guzmán no sólo capturaba las fotografías, sino que las iluminaba con óleo, técnica que acercaba la imagen a la pintura y que, combinada con su firma manuscrita, evidenciaba su conciencia de creadora artística.
“Esta exhibición tiene como interés que Catalina Guzmán no sea olvidada en la historia de la fotografía mexicana y de la Ciudad de México”, destacó César González Aguirre, su curador, durante la presentación a medios.
El historiador del arte destacó la dimensión incluso internacional de esta fotógrafa, quien junto con su hermano Jerónimo –quien se encargaba de los retratos masculinos–, obtuvo en 1924 la medalla de oro en una exposición internacional en Milán, Italia, por su obra sobre mujeres y niños.
Pero más allá del reconocimiento, subrayó, lo distintivo de su trabajo fue haber dado “otra vuelta” al concepto de lo chic, muy en boga en esa época, que buscaba un público moderno y cosmopolita, para enfocarse en las nuevas caras de las mujeres, que ya no sólo trabajaban en casa, sino que formaban parte de la vida pública.
Uno de los rasgos que se evidencian en la exposición es la materialidad de las imágenes. Todas las piezas son impresiones vintage; es decir, reveladas por la propia autora entre 1914 y los años 40, lo que permite apreciar los sellos del estudio, los soportes de cartón y las huellas de su proceso creativo. “La fotografía es un objeto, tiene una materialidad, no es sólo el papel”, dijo González Aguirre durante el recorrido.
Conformada también por postales, material hemerográfico y algunas piezas escultóricas, la muestra se articula en cinco núcleos temáticos: una introducción biográfica con retratos de los hermanos Catalina y Jerónimo, el estudio fotográfico como espacio de creación y retratos que exploran la construcción estética de la mujer moderna, donde destacan bailarinas y actrices, personajes de la farándula que rompieron con los cánones de su época.
Con pinceles agregaba fantasía al retrato
El recorrido prosigue con los retratos familiares y sociales, incluyendo la presencia masculina que documentó Jerónimo Guzmán, y un apartado dedicado al universo infantil, donde la fotografía dialoga con una pintura de Germán Gedovius –proveniente de la colección del museo–, una maqueta de estudio y juguetes de época, como las famosas Kewpies, pequeñas muñecas desarrolladas a partir de una tira cómica creada por la dibujante estadunidense Rose O’Neill.
De este último núcleo, el curador destacó cómo Catalina Guzmán, además de tomar las fotografías, añadía color a los retratos infantiles, confiriéndoles una dimensión ligada a la fantasía, territorio de la libertad en la infancia.
Asimismo, resaltó que la presencia de objetos tridimensionales en las imágenes –como sillas, bancos, esculturas y fondos pintados a mano– permite entender que el estudio fotográfico era un espacio artificial donde todo estaba construido. “No podemos creer que hay verdad en la imagen. Siempre ha habido ficción”, recalcó.
Uno de los hallazgos más significativos de la investigación para la exposición es que Catalina Guzmán no trabajó de forma aislada. Su historia, según el especialista, forma parte de “un ecosistema gremial, donde también destacaron otras fotógrafas, como María de Jesús Flores –su madre–, Margarita Aguirre, las hermanas Ana y Elena Arriaga, y Natalia Baquedano”.
“El feminismo nos ha enseñado que para hablar de la creación de algunas mujeres artistas es importante convocar el trabajo de otras creadoras”, señaló. “Conocemos muy poco de ellas, la punta del iceberg, y todavía hay que escudriñar bastante para dar profundidad al impacto que tuvieron nuestras voces femeninas en la sociedad de un México –en ese momento– marcadamente masculino”.
Sobre el archivo de Photo Chic, González Aguirre explicó que “ha sobrevivido muy poco de la obra de Catalina Guzmán, menos de 10 por ciento”. Esta cifra, admitió, aplica para la mayoría de los fotógrafos de estudio de finales del siglo XIX y principios del XX, con excepciones como los casos de Romualdo García, en Guanajuato, o el archivo Casasola que resguarda la Fototeca Nacional.
Por ello, enfatizó, la exposición es también un llamado al público: “revisen sus álbumes familiares. Posiblemente tengan una fotografía de Photo Chic sin saber. Nuestra historia familiar, en pequeña escala, forma parte de un mundo mayor que hace la historia de nuestra sociedad mexicana”.
Dicho estudio –cuya primera sede ocupó el mismo espacio que el estudio de los hermanos Valletto–, cerró sus puertas en la segunda mitad de la década de 1960, luego de que Catalina Guzmán falleció en 1964 sin dejar hijos. La democratización de las cámaras de pequeño formato, explicó el especialista, hizo que la gente dejara de acudir a los fotoestudios, para tomar sus propias imágenes.











