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La compositora sudcoreana Unsuk Chin, premio Fronteras del Conocimiento

Distinción que otorga la Fundación BBVA // Reconoce una trayectoria de “voz propia con amplio impacto global” // La mexicana Gabriela Ortiz presidió el jurado internacional

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▲ El fallo del jurado resaltó el “virtuosismo e imaginación desbordante” de Unsuk Chin, sobre todo en sus óperas y conciertos para instrumentos solistas.Foto Europa Press
Corresponsal
Periódico La Jornada
Viernes 20 de marzo de 2026, p. 2

Madrid. La compositora sudcoreana Unsuk Chin fue reconocida con el prestigioso premio de la Fundación del Banco Bilbao Vizcaya Argentaría (BBVA) Fronteras del Conocimiento en el apartado de Música y Ópera, al destacar en su trayectoria una “voz propia con amplio impacto global” en la música contemporánea, gracias a su “virtuosismo instrumental” y a su “imaginación desbordante”.

En esta edición se recibieron hasta 46 nominaciones que incluyen un total de 42 candidatos, y la propuesta de la elegida fue presentada por los catedráticos de la Universidad Nacional de Seúl Uzong Choe y Sebastian Claren.

En la elección de este año del prestigioso reconocimiento participó un jurado internacional, que contó con la presidencia de la compositora mexicana y catedrática de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) Gabriela Ortiz Torres, que fue asistida por Víctor García de Gomar, director artístico del Gran Teatre del Liceu de Barcelona.

La elección final se dio después de varias deliberaciones, al explicar en el fallo del veredicto que la “técnica singular” de Chin “crea paisajes en constante transformación, donde el color y la textura juegan un papel primordial, desarrollando una estética inconfundible dentro del campo de la música actual”.

Además explican que el enfoque musical de Chin se ha inspirado en “conceptos filosóficos y científicos” y “se nutre de la literatura surrealista y las artes visuales”.

Entre su catálogo, el jurado destaca sus conciertos para instrumentos solistas y sus óperas, en las que “expande el uso de la voz con técnicas extendidas, escritura fragmentada y contrastes súbitos entre el lirismo y el texto hablado”, creando una música vocal “altamente expresiva y plástica” que hace posible “una caleidoscópica construcción de atmósferas”.

La obra de Chin, concluye el acta, “se define por su refinamiento sonoro y su magistral capacidad de transformar el sonido en un juego de ilusiones y metamorfosis, que hacen de ella una de las grandes innovadoras en el ámbito de la música contemporánea”, cuyas partituras “figuran en los atriles de los intérpretes y orquestas del mundo más destacadas”.

Tras dar a conocer el veredicto, la compositora mexicana Gabriela Ortiz explicó que la artista premiada “es una gran orquestadora, con un amplio catálogo que abarca desde la obra camerística hasta orquestal, pasando por la ópera. Se preocupa muchísimo por la factura técnica de su música; es decir, su música está escrita impecablemente, tiene gran oficio y una imaginación sonora única”.

Santiago Serrate, director de orquesta, profesor de concertación y técnicas de dirección en la Escuela Superior de Música Reina Sofía e integrante del jurado, añadió que “una de las claves de su éxito ha sido lograr el respaldo de algunos de los mejores directores de orquesta del mundo”, en especial de Simon Rattle, a lo largo de toda su etapa al frente de la Filarmónica de Berlín, cuyo sello discográfico dedicó un álbum a sus casi 20 años de colaboración (2005-2022), y de Kent Nagano.

Autodidacta

La trayectoria musical de Unsuk Chin comenzó siendo muy niña, gracias al piano de su padre; con sólo dos años y medio le fascinó la vibración del sonido al tocar las teclas. “Poco después empecé a aprender por mi cuenta. Mi padre sabía leer partituras, y me enseñó un poco, pero aprendí de forma autodidacta hasta que empecé la universidad. De niña, mi sueño era convertirme en pianista –aún hoy tocar es una de mis pasiones–, pero mi familia, como la mayoría de las familias de Corea del Sur en los años 60, era bastante pobre y no tenía los medios para pagarme lecciones de piano”, explicó la galardonada tras conocer la concesión del premio.

Recordó que con 12 años, su profesor de música del instituto, que era compositor, le sugirió que se decantara por la composición. A pesar de tener que compaginar sus estudios secundarios con un trabajo para aportar dinero a su familia, Chin consiguió, tras ser rechazada en dos ocasiones, entrar a la Universidad Nacional de Seúl: “Tuve mucha suerte; a la tercera me aceptaron porque no había suficientes candidatos”. Pero fueron años muy difíciles, recordó: “estábamos bajo una dictadura militar y teníamos problemas políticos muy graves. Sin embargo, descubrí mucha música cuando estudiaba allí.”.

Después viajó a Alemania, gracias a una beca, lo que fue un choque cultural y tener que vivir en primera persona la división de los dos bloques. “Ahora el país está mucho más abierto, al igual que su población, pero en ese momento había mucha presión política. Como compositora joven y extranjera, me costaba mucho que interpretaran mis obras aquí, mientras en París o en Londres, incluso en América, ya estaban aceptándolas”.

Tras finalizar sus estudios con Gyorgy Ligeti, se trasladó a Berlín, ciudad de residencia desde entonces, donde trabajó de compositora independiente en un estudio de música electrónica de la Universidad Técnica de Berlín.

En esa etapa leyó la correspondencia entre el físico austriaco Wolfgang Pauli, premio Nobel en 1945, y el siquiatra suizo Carl Gustav Jung, que le marcó: “Tenían una conexión muy especial. Pauli me parece un personaje fascinante; era un genio como científico, pero a la vez un artista loco, con sueños perturbadores, muchos problemas con las mujeres y con el alcohol y otras drogas.

“Vivía como una especie de doctor Jekyll y míster Hyde: de día era profesor, de noche, un juerguista en Hamburgo. Su historia y relación con Jung me inspiró para escribir mi última ópera, Die dunkle Seite des Mondes (El lado oscuro de la Luna), que escribí en alemán. Fue un proceso largo y duro que completé sola.

“Hice mi primera ópera hace 20 años –Alice in Wonderland (Alicia en el país de las maravillas, 2007). Cuando estudiaba con Ligeti, nos solía hablar de esa obra, que en apariencia tenía un argumento sencillo, de cuento de hadas, pero que en realidad tenía conexiones profundas con muchos campos como las matemáticas. Al principio, dudé si debía transformar en ópera esa obra, porque había rumores de que Ligeti había empezado a hacerlo. Pero tras conseguir algo más de información supe que en ese momento, entre 2002 y 2003, había abandonado la idea, ya que estaba muy mayor y enfermo.”

Los premios Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento, dotados con más de 460 mil dólares (unos 8.2 millones de pesos mexicanos) en cada una de sus ocho categorías, reconocen e incentivan contribuciones de impacto en las ciencias básicas, la biomedicina, las ciencias del medio ambiente y el cambio climático, las tecnologías de la información y la comunicación, las ciencias sociales, la economía, las humanidades y la música.