Opinión
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uba y México somos dos pueblos hermanos. Tenemos una relación especial desde hace más de 500 años. Hemos estado vinculados por lazos históricos, étnicos, culturales, económicos y políticos. Desde el siglo XV hubo contacto comercial a través del mar Caribe entre los pueblos maya y taíno. Con la conquista y colonización española, compartimos un pasado virreinal durante tres siglos. Los puertos de Veracruz y La Habana fueron las puertas que conectaron no sólo a los dos pueblos, sino a América con Europa, permitiendo un intenso intercambio económico, cultural y familiar. La mayor parte de la población de origen africano que se integró a la Nueva España llegó de la isla caribeña.

A lo largo del siglo XIX nos acercó el anhelo de alcanzar la independencia, la libertad y la igualdad, romper el yugo colonial con España y acabar con la esclavitud. México lo consiguió en 1821; Cuba, hasta 1898. Muchos patriotas cubanos, como Pedro Ampudia, se unieron a las filas insurgentes mexicanas para luchar por la Independencia. Hubo también mexicanos, como José Inclán, que en distintos momentos se unieron a los independentistas cubanos. México trató de ayudar a la independencia de Cuba. El gobierno de México apoyó, junto con Bolívar, una expedición liberadora de cubanos exiliados que fue desarticulada. Su líder, José Francisco Lemus, fue deportado a México.

México y Cuba se identificaron también por una generosa política de asilo y apoyo a los refugiados políticos de ambas naciones, entre los cuales estuvieron Benito Juárez y Melchor Ocampo, así como el escritor y periodista cubano Pedro Santacilia, quien se casó con la hija de Juárez, Margarita Juárez Maza, y fue un apoyo fundamental para la causa liberal mexicana. Otro ilustre exiliado fue el poeta y patriota cubano José Martí, quien incluso llegó a afirmar que de no ser cubano, le habría gustado ser mexicano.

El presidente Benito Juárez sancionó un decreto que permitió la admisión de buques con la bandera de Cuba en los puertos mexicanos. Este gesto solidario fue el primer reconocimiento de un país latinoamericano a favor de la independencia de Cuba.

Cuando Cuba conquistó su independencia y se establecieron relaciones diplomáticas con México, un diplomático cubano, Manuel Márquez Sterling, escribió una de las páginas más brillantes en la historia de la diplomacia internacional al defender con valentía al presidente Francisco I. Madero, con quien pudo estar en sus últimos momentos, tratando de salvar su vida y de llevarlo junto con su familia a La Habana durante la Decena Trágica.

Otro destacado exiliado fue Julio Antonio Mella, comunista cubano, apresado y exiliado por el gobierno dictatorial de Gerardo Machado. Se unió a la lucha antimperialista y siguió combatiendo al dictador cubano desde nuestro país. Es muy conocido también que Fidel Castro y otros exiliados cubanos, junto con el Che Guevara, prepararon desde tierras mexicanas la revolución contra la dictadura de Batista y zarparon en el buque Granma desde el litoral veracruzano.

A Cuba y a México nos unen también nuestras dos revoluciones. La Revolución Mexicana tuvo una enorme influencia en los demócratas cubanos, quienes se inspiraron en ella para orientar su lucha. La Revolución Cubana ha inspirado también a quienes en México han visto en sus logros sociales, educativos y culturales, y en su heroica defensa contra el bloqueo estadunidense, un ejemplo de dignidad y de compromiso con las mejores causas de la humanidad. El general Lázaro Cárdenas apoyó con firmeza la Revolución y condenó los intentos de Estados Unidos por destruirla. En su visita a La Habana, el 26 de julio de 1959, expresó: “Sabemos que cada nación tiene sus propias necesidades y que pueden ser distintos los caminos que sigan los pueblos para cumplir su destino, pero también sabemos que el amor a la justicia nos une y que juntos debemos defendernos contra toda posibilidad de imperialismo económico, político o moral, que quiera impedir o detener nuestro desarrollo como naciones celosas de su soberanía”

Estos vínculos históricos se han fortalecido en los últimos años. México ha impulsado la integración de la isla a los foros internacionales y ha brindado ayuda humanitaria a la isla. Cuba, por su parte, nos ha enviado ayuda médica.

Estos lazos de hermandad y solidaridad, construidos durante más de 500 años, son especialmente importantes en estos momentos en los que el pueblo cubano está siendo objeto de un brutal ataque por parte del gobierno de Donald Trump, quien ha hecho aún más asfixiante el bloqueo económico que se impuso desde hace más de 60 años y que no ha permitido que Cuba reciba petróleo desde hace tres meses, provocando una crisis humanitaria sin precedentes. Trump quiere poner fin de esta manera a una gran experiencia histórica de construir una sociedad más justa, quiere terminar con una revolución que fue inspiración para las luchas de liberación nacional de muchos pueblos, que apoyó luchas populares de liberación en Angola, Etiopía, Congo, Argelia. Una revolución que resistió la invasión estadunidense en Bahía de Cochinos en 1961. Una revolución y un pueblo que no se han doblegado y que hoy necesitan de solidaridad y apoyo, quizá más que nunca, y a quienes México y su gobierno no están dejando solos.

*Director del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México