Opinión
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Una foto triste
L

a foto era impensable hace un par de años. Al fondo, el logo del encuentro escrito en inglés: “Escudo de las Américas. Doral 2026”. A continuación, las banderas de Estados Unidos y 12 países de América Latina y el Caribe. Hasta adelante, en el centro, vestido con su tradicional traje azul y corbata roja, Donald Trump. A su derecha, el mandatario de El Salvador, Nayib Bukele, con un traje estilo militar francés con chaqueta negra y aplicaciones doradas, diseñado por Marina Toybina. A la izquierda del estadunidense, el presidente de Guyana, Irfaan Ali. La única mujer presente, colocada en el extremo derecho de la imagen oficial, es la primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar.

A la cumbre, realizada en Miami, asistieron los mandatarios de Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay y Trinidad y Tobago. Como parte de la delegación estadunidense, además del potentado, participaron el secretario de Estado, Marco Rubio, y la ex secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, nombrada enviada especial para la Coalición Anticártel de las Américas. En total, la alianza suma a 17 países de la región.

El objetivo de este nuevo proyecto de unidad hemisférica no es la integración económica, ni la creación de un área de libre comercio. No busca resolver los problemas de América Latina. Su propósito, según el presidente Trump, es crear una nueva coalición militar regional para combatir el narcotráfico, desmantelar cárteles trasnacionales y frenar la migración ilegal mediante un mayor intercambio de información, recursos y apoyo militar y policial. Su esencia sería “el compromiso de usar la fuerza letal para destruir a los cárteles”. La Doctrina Donroe materializada.

Seguramente una casualidad, el acuerdo tiene como referencia obligada la emisión de una orden ejecutiva por parte de la Casa Blanca, el 6 de febrero de 2026, titulada Establecimiento de una estrategia de transferencia de armas “América Primero”, cuyo objetivo es aumentar las ventas de equipo bélico al extranjero. Faltaba más, businesses are businesses.

Y, ya encarrerado, el multimillonario advirtió, en clara referencia a China: “No permitiremos que influencias externas hostiles ganen terreno en este hemisferio, y eso incluye al Canal de Panamá”.

No participaron en el encuentro México, Brasil ni Colombia. Tampoco Uruguay, ni Venezuela, ni Guatemala. Por supuesto, no se invitó a Cuba ni a Nicaragua. Trump respondió a las críticas sobre la ausencia de estos tres primeros países: “creo que fueron invitados. Tal vez no vinieron”. Y añadió: “me llevo muy bien con todos ellos”.

Aunque Guatemala no asistió a la cumbre, poco después se anunció el levantamiento del embargo militar impuesto en su contra en 1977 por Wa-shington por violaciones a los derechos humanos en el marco del conflicto armado interno. El gobierno de Arévalo busca comprar armas, aviones y equipamiento.

El presidente de Uruguay, Yamandú Orsi, declaró que se le hacía raro que no lo hubieran invitado y, después de hacer malabares verbales, dijo estar dispuesto a integrarse a la alianza. En cambio, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, calificó de “reaccionaria y neocolonial” la reunión.

También durante la cumbre, Trump se le fue a la yugular a México. Declaró que era “el epicentro de los cárteles de la droga” en América Latina. Insistió en que los cárteles controlan gran parte del país y que Estados Unidos debe “hacer lo necesario para detenerlos” y proteger a su población. Y añadió: “son responsables de gran parte de las matanzas y caos y el gobierno de Estados Unidos hará lo que sea necesario para defender a nuestra nación y proteger a nuestro pueblo. Tenemos que erradicarlos, tenemos que acabar con ellos (…) está yendo a peor y son los cárteles quienes mandan en México”.

Y luego, como ha hecho en otras ocasiones, elogió a la mandataria diciendo que era “una persona muy buena” y aseguró que mantiene una gran relación con ella.

La presidenta Sheinbaum respondió dando a conocer que su gobierno mantiene un estrecho acuerdo de cooperación en seguridad con Estados Unidos desde inicios del actual mandato del presidente Donald Trump. Y, de paso, desestimó que no fuera invitada a la reciente reunión. “Bueno, pues es lo que él decidió, ¿verdad?”, dijo.

Según ella, la relación bilateral en materia de seguridad ya se encuentra establecida mediante un mecanismo de trabajo bilateral. “Desde antes, desde que llegó el presidente Trump, establecimos un grupo de trabajo. Casi, casi 20 de enero entró él, ¿no? El 5 de febrero ya estaba el equipo de seguridad en Washington”, afirmó.

Y agregó que el acuerdo se consolidó tras una visita a México, a finales de 2025, del secretario Marco Rubio, cuando “se cerró el entendimiento (...) en el marco de nuestra soberanía, nuestra protección del territorio”.

Hasta el momento, Trump tuvo éxito en su iniciativa de detener a Nicolás Maduro y apropiarse del petróleo venezolano. No lo ha tenido en su apuesta por un cambio de régimen en Cuba. Y su apuesta por derrumbar al régimen iraní es un verdadero desastre. Allí está atrapado sin salida.

Pareciera ser que, para paliar el descalabro que está sufriendo en su aventura en Medio Oriente, necesita meter más presión sobre México, y poner más grilletes a Latinoamérica. Y eso es lo que está haciendo con el Escudo de las Américas, proyecto ideológico que agrupa a su alrededor a los gobiernos de extrema derecha hemisférica. La fotografía de los mandatarios con Trump al centro es testimonio de su triunfo político y cultural (así sea temporal e inestable) en el continente; una exhibición de sus victorias electorales, que busca tapar sus descalabros orientales. Tristemente es, al mismo tiempo, la imagen viva de la derrota del progresismo en el continente. Un recordatorio de la cadena casi ininterrumpida de sus derrotas y retrocesos.

X: @lhan55