El registro antecede por casi 20 años al hallazgo de su voz por parte del científico Roger Payne
Martes 17 de marzo de 2026, p. 6
Un inquietante canto de ballena, recuperado de grabaciones de audio de hace décadas, promete ofrecer una nueva perspectiva sobre la comunicación de estos majestuosos animales marinos. Investigadores lo identifican como el registro más antiguo conocido de su tipo.
La melodía es de una ballena jorobada, gigante marino apreciado por su carácter dócil y sus espectaculares saltos. Fue grabada por científicos en marzo de 1949 en Bermudas, según expertos de la Institución Oceanográfica Woods Hole, en Falmouth, Massachusetts.
El sonido del océano circundante es igualmente significativo, según Peter Tyack, bioacústico marino e investigador emérito en Woods Hole. El mar de finales de los años 40 era mucho más silencioso que el actual, ofreciendo un telón de fondo sonoro distinto al habitual en cantos de ballenas.
Tyack afirmó que las grabaciones recuperadas “no sólo nos permiten seguir los sonidos de las ballenas, sino que también nos dicen cómo era el paisaje sonoro del océano a finales de los años 40”. Y añadió: “de otro modo, eso es muy difícil de reconstruir”.
Una grabación conservada de esa década también puede ayudar a los científicos a entender mejor cómo los nuevos sonidos generados por el ser humano, como el aumento del ruido del transporte marítimo, afectan la manera en que las ballenas se comunican, agregó Tyack. Una investigación publicada por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) indica que las ballenas pueden variar su comportamiento de llamada según los ruidos de su entorno.
La grabación antecede por casi 20 años al descubrimiento del canto de las ballenas por parte del científico Roger Payne. Ashley Jester, directora de datos de investigación y servicios bibliotecarios en Woods Hole, contó que científicos de dicha institución que estaban entonces en un buque de investigación probaban sistemas de sonar y realizaban experimentos acústicos junto con la Oficina de Investigación Naval de Estados Unidos cuando captaron el sonido.
No sabían qué escuchaban
Los científicos no sabían qué estaban escuchando, pero aun así decidieron grabar y guardar los sonidos, comentó Jester.
“Y tenían curiosidad. Así que dejaron este grabador funcionando e incluso se tomaron el tiempo de hacer grabaciones en las que, a propósito, no hacían ningún ruido desde sus barcos, sólo para escuchar todo lo que pudieran”, relató Jester. “Y conservaron esas grabaciones”.
El año pasado los científicos de Woods Hole descubrieron el canto mientras digitalizaban audio antiguo. La grabación estaba en un disco bien conservado creado por un Gray Audograph, un tipo de máquina de dictado utilizada en los años 40.
Aunque aquel equipo submarino usado para captar el sonido se consideraría rudimentario según los estándares actuales, en su momento era de vanguardia, dijo Jester. Y el hecho de que esté registrado en un disco de plástico es significativo, ya que la mayoría de las grabaciones de la época estaban en cinta, que desde hace mucho se hubiera deteriorado, explicó.
La capacidad de las ballenas para producir sonidos es crucial para su supervivencia y clave en la forma en que socializan y se comunican. Los sonidos se presentan en forma de chasquidos, silbidos y llamadas, según científicos de la NOAA que los estudian.
Los sonidos también permiten a las ballenas encontrar alimento, orientarse, localizarse entre sí y comprender su entorno, señalan los científicos. Varias especies emiten sonidos repetitivos que se asemejan a canciones. Las ballenas jorobadas, que pueden pesar más de 25 mil kilos, son las cantantes más célebres del océano, capaces de vocalizaciones complejas que pueden sonar etéreas o incluso melancólicas.
El hallazgo de un canto de ballena perdido durante mucho tiempo, procedente de un océano más silencioso, podría ser un punto de partida para comprender mejor los sonidos que estos animales emiten hoy, indicó Hansen Johnson, científico investigador del Anderson Cabot Center for Ocean Life, en el Acuario de Nueva Inglaterra.
Johnson, quien no participó en la investigación, añadió: “esto es simplemente hermoso de escuchar y ha inspirado a mucha gente a sentir curiosidad por el océano y a preocuparse por la vida oceánica en general. Es muy especial”.











