La exposición de cuatro videoinstalaciones se aloja en el Museo Thyssen
Domingo 15 de marzo de 2026, p. 4
Madrid. La guerra tiene lo que se denomina la zona de “niebla”, que es la mayor parte del tiempo y en la que transcurre la vida cotidiana con aparente “normalidad”, si acaso rota por el estruendo lejano de las bombas o por el sonido de las alarmas ante un inminente ataque. Pero la gente sigue yendo a sus trabajos; los niños, a la escuela, y hasta se siguen reuniendo en los cafés para hablar. Eso muestran en sus obras los artistas ucranios Roman Khimei y Yarema Malaschuk, que presentaron en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid la exposición Pedagogías de la guerra, la cual consta de cuatro videoinstalaciones creadas durante los cuatro años recientes de asedio a su país.
Durante la presentación a la prensa, los artistas explicaron que su intención era “encontrar un nuevo lenguaje para hablar de la guerra. Por supuesto que hay muertos y gente sufriendo en la realidad, pero también hay otras maneras de dialogar con los hechos, ajenas a las formas tradicionales.
“Lo difícil fue encontrar ese nuevo lenguaje para ir más allá de las imágenes de explosiones y mirar la guerra de otra forma, porque la vida de los civiles y de los militares que luchan en el frente forma un todo, no se pueden separar. La gente busca cómo confrontar esta realidad. Ahí el arte, la actividad creativa, podía ofrecer un mensaje independiente, por más que por sí solo no puede transformar la situación tan turbulenta.”
De ahí que en las cuatro videoinstalaciones no haya ni una escena de sangre, aunque el trasfondo sí es trágico.
En la primera de ellas, El caminante, los propios artistas emulan a los soldados rusos caídos en combate y escenifican sus propias muertes, en las que van intercalando movimientos y elementos tecnológicos, como sus computadoras, que provocan en el espectador una confusión entre la realidad que emulan y la fantasía que imaginaron.
Los artistas ucranios trabajan juntos desde poco después de la llamada Revolución Naranja, ocurrida en 2014, y llevan más de 10 años produciendo instalaciones sobre la realidad de Ucrania. En esta ocasión, la exposición contó con la prestigiosa curadora Chus Martínez.
En la segunda videoinstalación, llamada Mundo abierto, se muestra a un joven que huyó de Zaporiyia y vive refugiado en Polonia jugando con un perro robótico al que lleva a recorrer los espacios que dejó atrás: desde la escuela, en la que todo aparece destrozado, hasta su casa, donde conversa con su madre y le habla al gato, que no da muestras de reconocerlo transfigurado en ese ser metálico de cuatro patas.
La tercera instalación, Tú no deberías estar viendo esto, muestra a través de seis canales a niños ucranios secuestrados por el ejército de Rusia y que están aparentemente durmiendo o tal vez haciendo que duermen, como forma de denunciar los más de 20 mil casos documentados de personas trasladadas de forma forzosa a territorio ruso y después devueltas a su ciudad, como ocurrió con los niños que aparecen en las pantallas.
Por último, la instalación Nosotros no empezamos esta guerra, fue creada para esta exposición y en la que se hay tres pantallas en las que se ven escenas cotidianas de Kiev. “Todo parece normal, pero se intuye que ha de pasar algo. No hay explosiones, sino incidencias a pequeña escala: una caída, un leve atropello. Aunque el espectador teme que suceda lo peor, sólo se ve la dificultad de seguir viviendo”, explicó durante la presentación el director del museo, Guillermo Solana.
La exposición se podrá ver en Madrid a partir hoy y hasta el próximo 21 de junio.











