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En la FilCo, Margo Glantz y Poniatowska recorrieron un país narrado por ellas

Las autoras evocaron desde sus pasos iniciáticos en la literatura hasta la satisfacción de ver a la primera mujer en la Presidencia de México

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▲ Después de la charla, el foro se desbordó en aplausos para reconocer a Elena Poniatowska (izquierda) y Margo Glantz, a quienes la feria entregó una medalla por su trayectoria.Foto María Luisa Severiano
 
Periódico La Jornada
Domingo 15 de marzo de 2026, p. 3

Juntas, no sólo suman casi dos siglos de vida, sino que son dos de las figuras femeninas señeras de la literatura mexicana contemporánea. Elena Poniatowska y Margo Glantz sostuvieron ayer una amena charla sobre la fuerza de las mujeres que escriben y los mundos que la literatura puede transformar.

El conversatorio, moderado por el periodista Adrián Figueroa, tuvo lugar en un desbordado Foro Carol Wilson de la Feria Internacional del Libro de Coyoacán (FilCo) –que concluye hoy–, convirtiéndose en un hito al reunir a dos de las intelectuales más importantes del país.

Con la complicidad forjada con el tiempo, Poniatowska, de 93 años, y Glantz, de 96, tejieron un tapiz de memorias que abarcó desde sus primeros pasos en el periodismo y la academia, de forma respectiva, hasta la satisfacción de ver a la primera mujer en la Presidencia de México. La charla fue un viaje por la transformación de un país que ellas han narrado.

Premio Cervantes de Literatura y colaboradora de La Jornada, Poniatowska rememoró sus inicios en el periodismo, en 1953, en la sección de sociales del periódico Excélsior, espacio “destinado a las mujeres”, donde su labor incluía desde cubrir fiestas de la alta sociedad hasta, con el bolígrafo, “bajar la falda” a las señoras en las fotografías para cumplir con el recato de la época.

“Era un mundo en el que las mujeres que querían hacer periodismo éramos destinadas a la sección de sociales. Se consideraba un periodismo sin riesgos”, recordó la autora de La noche de Tlatelolco, al subrayar la evolución de un oficio que entonces impedía a las periodistas el acceso a las fuentes políticas.

Glantz, forjada en la academia, recordó sus incursiones en la prensa, en diarios como el Unomásuno y La Jornada, aunque reconoció que sus temas eran “más excéntricos” que los de su alternante, como la serie de textos que dedicó a “la cabellera como referente cultural a través de los siglos”.

El diálogo pronto encontró un punto de contacto con la actualidad: la llegada de Claudia Sheinbaum a la Presidencia de México. Para ambas autoras, el hecho tiene profunda carga simbólica.

“Es un gran cambio. Cuando entré a la Facultad de Filosofía y Letras (de la Universidad Nacional Autónoma de México), casi todos los maestros eran varones; yo estaba como marginada. Ahora, la mayor parte son mujeres”, celebró Glantz.

Poniatowska vinculó a la mandataria con la memoria histórica: “Recuerdo a su mamá, Annie Pardo, bióloga, y su presencia en el movimiento estudiantil de 1968, yendo a la cárcel de Lecumberri a solidarizarse con los estudiantes. Es muy bonito pensar en Claudia. Qué bueno que tengo la posibilidad de verla en el poder y discutir con Trump con la inteligencia y presencia de espíritu con que lo ha hecho”.

Incentivadas por las preguntas de Figueroa, las escritoras delinearon un paralelismo entre las luchas del pasado y las del presente.

Glantz recordó su origen humilde –“precario”, dijo ella–, al nacer en el barrio de La Merced, su postura ideológica siempre de izquierda, su labor al frente de la revista Punto de Partida – de la que fue fundadora– y las manifestaciones estudiantiles de 1968, a las que acudía al lado de los renombrados filósofos y profesores eméritos Luis Villoro y Adolfo Sánchez Vázquez.

Poniatowska, en tanto, admitió que de joven fue simpatizante del PAN de la época de Manuel Gómez Morín, y ponderó la renuncia de Octavio Paz a la embajada de India por los acontecimientos de 1968: fue un acto “de grandeza intelectual”.

El diálogo se nutrió de anécdotas sobre el México cultural del siglo XX. Poniatowska, por ejemplo, compartió sus recuerdos del Dr. Atl, hablándole a las montañas “como si fueran personas”, o del miedo que tenía de Diego Rivera, luego de que pintó desnuda a su tía Guadalupe Amor. Hecho que, aunque era muy difícil, escandalizó a su familia, reconoció.

También habló de la pintora y poeta Nahui Ollin, de quien, con humor, reconoció su capacidad para no enfermar de gripa, “por sus desnudeces”, aunque lamentó que acabara su vida sola, paseando perros en La Alameda.

“Era una mujer proscrita. Reconocieron su belleza, porque la pintaron desnuda cuando la desnudez era casi una ofensa”, agregó la periodista, mientras Glantz recordó cómo hasta hace poco se tenía la idea de que “una mujer bonita no podía ser inteligente”.

En un mensaje para las nuevas generaciones de mujeres, Poniatowska recomendó: “Lo más importante es creer en sí mismas. Lanzarse, no tener miedo. Si desean escribir o cantar, que tiren todos los impulsos hacia fuera. Nunca van a encontrar la puerta cerrada. Ustedes tienen alas”.

Glantz coincidió: “Comparto con Elena, todo lo que dijo es lo que hay que hacer. No hay que tener miedo, hay que lanzarse, hay que leer muchísimo”. El foro se desbordó en aplausos para reconocer a ambas escritoras, a quienes la Filco entregó una medalla por su trayectoria y legado.