as recientes giras de trabajo por San Luis Potosí, Querétaro, Guanajuato, Veracruz, Durango, Coahuila, Tamaulipas y Oaxaca han marcado el inicio de una nueva etapa de recorridos por las secciones mineras de nuestro Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos, Siderúrgicos y Similares de la República Mexicana. No se trata de visitas protocolarias ni de discursos de escritorio: se trata de volver a las bases, de mirarnos a los ojos, de estrechar las manos y confirmar que no hay nada más fuerte que la organización obrera cuando está unida. En definitiva, la fuerza de nuestro sindicato se mide en la capacidad de encontrarnos cara a cara, compartir desde el compañerismo y cerrar filas ante los retos que tenemos enfrente. Hoy más que nunca necesitamos unidad, conciencia y organización. Porque lo que nos convoca no es un evento aislado: es la defensa permanente del bienestar y de la dignidad del trabajo, misión principal de nuestra organización nacional.
Así, esta primera etapa de recorridos es un signo de continuidad de una gran historia; en julio próximo cumpliremos 92 años de nuestra fundación, aquel 11 de julio de 1934 en el histórico Teatro Bartolomé de Medina en Pachuca, Hidalgo, donde se confirmó una verdad que nadie ha podido negar: somos una organización unida, fuerte y comprometida y nadie nos ha detenido, aunque lo hayan intentado con campañas de desprestigio, persecución y ataques. En estos años hemos comprobado que la verdad siempre sale a la luz, y nuestra historia está hecha de resistencia, coherencia y lealtad a la clase trabajadora. Nuestra organización reconoce que vivimos tiempos de profundos cambios políticos, económicos y tecnológicos. En el mundo del trabajo se redefinen reglas, procesos y equilibrios. Frente a ello hay dos rutas posibles: quedarnos como espectadores mientras otros deciden por nosotros, o asumir lo que somos: protagonistas de nuestra propia historia, del cambio y de la lucha. No podemos permitir que las decisiones que impactan nuestro salario, nuestras condiciones laborales y el futuro de nuestras familias se tomen sin nuestra participación.
De este modo, necesitamos mayor conciencia social y participación. Es imperiosa una mayor politización, lo cual, no significa implicarnos en el conflicto superficial, más bien radica en entender qué decisiones se toman a nivel macro y cómo repercuten en nuestra mesa, en nuestro ingreso y en nuestras comunidades. Politizarnos es preguntarnos quién define las reglas del juego, a quién benefician y quién paga los costos. La política es dema-siado importante para dejarla en manos de unos cuantos; las y los trabajadores debemos ser actores centrales en la transformación del país, con valores, disciplina, unidad y una misión clara: que los cambios positivos se reflejen en nuestras vidas cotidianas, en nuestros centros de trabajo y en el bienestar de nuestras familias.
De este modo, los cambios vienen a tono con nuestra agenda: en mayo, conforme a nuestros estatutos, celebraremos nuestra 44 Convención Nacional Ordinaria. Ahí se tomarán decisiones que definirán el rumbo, los objetivos y las estrategias de nuestra organización. Fortaleceremos lo que nos ha hecho grandes y actualizaremos lo necesario para estar a la altura de nuestra época. Queremos mantenernos como un sindicato referente en la lucha por los derechos laborales, pero también con bases sólidas, de avanzada, modernas, y preparadas para los retos actuales, todo esto sin perder nuestra esencia: democracia sindical, defensa irrestricta del contrato colectivo, solidaridad y dignidad del trabajador. Sin duda, hoy avanzamos por la ruta que marcaron quienes nos antecedieron, para crecer con firmeza y visión.
Frente a esto, es importante poner en el análisis que uno de los grandes desafíos que enfrentamos es en materia tecnológica. En los centros de trabajo se implementan nuevas tecnologías, incluida la inteligencia artificial, que en ocasiones se presentan como sustitutas del trabajo humano. Debemos decirlo con claridad: una máquina no puede reemplazar el valor del trabajo humano, su experiencia, su criterio, su solidaridad ni su conciencia. El problema no son las nuevas herramientas, sino el uso que se haga de ellas para precarizar, intensificar ritmos de trabajo o justificar despidos. La respuesta está en la educación, la capacitación y la organización. Nuestro sindicato avanza en esa dirección: buscar que los avances tecnológicos generen beneficios compartidos, con justicia y humanidad. Los cambios en los procesos productivos deben significar mejoras para los trabajadores, no únicamente mayores ganancias para las empresas y mucho menos una disminución de derechos. Es momento de revalorar y reivindicar a quienes generamos la riqueza: las y los trabajadores.
Nuestro compromiso es claro: fortalecer la minería como sector estratégico para la industria nacional, defender a cada trabajador y consolidar una organización cada vez más fuerte, consciente y preparada para el futuro, además de que no sólo se reduzca al sector minero, metalúrgico y siderúrgico, sino que llegue a otras profesiones y reivindique a todas y todos los trabajadores de nuestro país.
Sin duda, esta primera etapa de giras no es un punto de llegada: es el inicio de una nueva etapa de innovación, unificación y organización frente al futuro. Volver a las bases nos recuerda que la verdadera fuerza del sindicato está en cada sección, en cada centro de trabajo y en cada compañero que todos los días sostiene con su esfuerzo la industria del país. Es ahí donde se construye la unión real, donde se escuchan las inquietudes y donde se forja el rumbo colectivo. No somos espectadores de los cambios: somos actores claves de nuestro presente y responsables del porvenir de nuestras familias y nuestra nación. Unidos, organizados y conscientes, no hay reto tecnológico, económico o político que pueda debilitarnos. Nuestra historia lo demuestra: cuando cerramos filas y caminamos juntos, avanzamos con firmeza. Que esta etapa fortalezca nuestra convicción de que la dignidad del trabajador no se negocia y que la solidaridad no es discurso, es práctica cotidiana. Seguiremos adelante, hombro con hombro, con la certeza de que mientras exista unidad, existirá fuerza.











