Jueves 5 de marzo de 2026, p. 4
La sensibilidad poética de la escritora mexicana María Baranda dialoga con el trazo sereno y poderoso de la ilustradora chilena Paloma Valdivia en A la orilla del mundo, libro infantil publicado por Ediciones El Naranjo.
Pato nada con desgano, sin que algo lo entusiasme. Sapo irrumpe, propone juegos, canta bajo el agua e imagina figuras en las nubes. Entre la resistencia de uno y la insistencia del otro avanza la historia. Con el juego del veo, veo, Pato levanta la mirada y empieza a descubrir aquello que siempre estuvo frente a él.
En entrevista con La Jornada, Baranda habló de su interés por los lazos afectivos en la niñez. “Me interesa trabajar para las infancias porque sin los vínculos estamos perdidos en el mundo”.
Evocó escenas sencillas: tenderse sobre la hierba, observar el desplazamiento de las nubes junto a un hermano o un vecino. “Es la amistad lo que se teje ahí, en ese territorio imaginario”. También subrayó la necesidad de cuidar y proteger a los niños.
Esa convicción sostiene el vínculo entre los personajes. A veces uno no está disponible para el otro, comentó la autora. “Es el otro quien nos empuja a mirar de manera distinta, quien nos ayuda a perder el miedo y a atrevernos a ir un poco más lejos”. Ese lazo cotidiano –presente en la escuela, el parque o la casa– otorga profundidad al relato.
La narrativa invita a mirar sin prisa. “En la vida todo tiene un ritmo y en la infancia, más; somos los adultos quienes aceleramos todo”, afirmó María Baranda. En estas páginas, añadió, las transformaciones surgen del silencio, de aquello que todavía no se nombra, pero comienza a sentirse.
Desde la imagen, Paloma Valdivia partió de figuritas de alebrijes y artesanías mexicanas. Explicó que Pato, en su tristeza, se construye desde el blanco de la página, delineado por la naturaleza que lo rodea, mientras Sapo aparece como un volumen verde y vibrante. Eligió pocos recursos gráficos y composiciones limpias. “Siempre estoy en esa búsqueda”.
La ilustradora privilegia la armonía y la claridad. Recordó las imágenes que la marcaron en sus primeros años; desde ahí edificó sus valores estéticos. En el libro álbum, la imagen no sólo acompaña: dialoga, completa y abre nuevas capas de lectura en un trabajo coral.
En la trama surge el extravío. Pato se pierde tras girar en el agua y necesita la guía de Sapo. Baranda evocó el juego de las escondidillas y esa mezcla de temor y emoción ante la posibilidad de desaparecer. “La infancia es el territorio donde podemos jugar a ser piratas o llegar a otro planeta y realmente estamos ahí”, indicó.
Al final, Pato entiende que no está solo.
Para Baranda, la amistad ocupa un lugar central en su vida. “Mis amigas y mis amigos han hecho de mi mundo un lugar más feliz y único. Hay que detenernos. Abrir los ojos y también cerrarlos para mirar hacia dentro. Sin estas conexiones estamos perdidos. La amistad es un sol que se guarda en el corazón”.











