Vuelve la puesta en escena en formato de lectura dramatizada // Se presenta el último jueves de cada mes en el CEX de la Ibero
Sábado 28 de febrero de 2026, p. 4
Entre susurros que parecían surgir de la penumbra, Remedios para Leonora volvió a escena ayer, casi una década después de su estreno, esta vez en formato de lectura dramatizada.
La obra de Estela Leñero Franco, dirigida por Gema Aparicio Santos, encontró en la sobriedad de esta modalidad un territorio propicio para dialogar con la memoria y celebrar la amistad como forma de creación compartida.
Con apenas dos atriles, algunas proyecciones y un diseño sonoro discreto, Gabriela Betancourt interpretó a Remedios y Bertha Vega, a Leonora. Permanecieron casi inmóviles, fieles al espíritu de la lectura: la acción ocurre en la palabra.
Más de 60 personas abarrotaron una sala del Centro de Exploración y Pensamiento Crítico (CEX) de la Universidad Iberoamericana, donde el último jueves de cada mes se realiza este ciclo teatral. Se colocaron sillas al frente y en los costados; desde ahí se percibía el roce de las hojas y la respiración que marcaba los silencios.
En entrevista con La Jornada, Aparicio Santos explicó que el proyecto del CEX propone una experiencia centrada en el texto.
“Con el mínimo de recursos se realiza la lectura y la imaginación del público completa lo demás. Para abordar el tránsito entre sueño y vigilia, ese espacio entre la vida y la muerte que plantea el montaje, se apoya en sonidos, música y proyecciones que sitúan a los personajes. Las actrices casi no se desplazan; sus movimientos son sutiles y contenidos.”
La historia representa el rencuentro de Remedios Varo (1908-1963) y Leonora Carrington (1917-2011) en un territorio onírico. Leonora convoca a su amiga; ambas descubren que habitan un sueño y buscan descifrarlo.
Emergen entonces los episodios más duros de sus biografías: la detención de Varo en el París ocupado por los nazis, tras ocultar a un soldado francés, y el internamiento de Carrington en Santander, España, en 1940, experiencia que después transformó en escritura.
También aparecen los gatos, los afectos y el impulso de pintar el manto terrestre. Las imágenes proyectadas dialogan con ese mundo interior donde la alquimia y la imaginación se vuelven lenguaje.
De El Milagro al Cenart
Gema Aparicio destacó la complicidad de las intérpretes, cualidad que les permite comprender el universo emocional de estas creadoras. Añadió que el texto de Leñero Franco “conduce a la exploración de los sentimientos de ambas pintoras”.
Por su parte, Estela Leñero recordó que la obra se estrenó hace casi una década en el teatro El Milagro y luego tuvo temporada en el Centro Nacional de las Artes (Cenart). El paso a la lectura dramatizada implicó concentrar la atención en las imágenes y en la relación entre los personajes.
“Mi interés surgió al encontrarme con dos surrealistas, exiliadas y adelantadas a su tiempo. Quise reivindicar su amistad. Frente a versiones que insinuaban rivalidad, propuse mirarlas como creadoras libres. Es una manera de observarlas no como víctimas, sino como artistas y revolucionarias.”
Al finalizar la función, el público permaneció en el patio del CEX para conversar con la directora, la dramaturga y las actrices. La intención es prolongar la experiencia escénica y abrir un espacio de reflexión colectiva.











