La muestra incluye imágenes de su viaje a México, el único en su vida
Miércoles 25 de febrero de 2026, p. 3
Madrid. Su lugar de trabajo era la calle y su ciudad, Nueva York. En esos dos escenarios registró con su cámara, una Leica de 35 milímetros, sus imágenes más icónicas, en las que hay enigma, compromiso, sensibilidad social y crudeza, por lo que Helen Levitt (1913-2009) se ha erigido en una de las grandes figuras de la fotografía del siglo XX, de ahí que la Fundación Mapfre de Madrid exponga por primera vez una gran retrospectiva en la que se incluyen las instantáneas de su viaje a México a principios de los años 40, cuando buscaba su propia mirada y que, a la postre, se convirtió en el único viaje que hizo en su vida con el fin de expandir su acervo.
A lo largo de la exposición se realiza un amplio recorrido por la trayectoria de Levitt mediante 200 imágenes, entre las que se encuenras obras inéditas, además de la película In The Street, dirigida por ella misma junto con Janice Loeb y James Agee. Uno de los documentos más valiosos de la muestra por la importancia que tuvo en su vida, fue la fotografía que le regaló Henri Cartier-Bresson de unas vendedoras de periódicos en la calle Ecuador de la Ciudad de México, que él mismo le enseño a Levitt en 1935 y que de alguna manera la llevó a hacer el viaje a nuestro país unos años después, pero sobre todo le ayudó a encontrar su propia mirada. La dedicatoria, fechada en 1981, dice: “Hice esta foto en 1934 con mis propias manos, en México, D.F., en la calle Ecuador y se la enseñé a Helen Levitt en 1935 en Nueva York”.
Ese viaje a México le sirvió para consolidar su lenguaje, su mirada, que ya había madurado con sus primeros grandes trabajos en su ciudad, especialmente en su barrio, Brooklyn, donde muestra una realidad social repleta de interrogantes y de dureza, pero al mismo tiempo con una narrativa clara, una intimidad respetuosa y emociones universales.
Preocupación social
El curador de la exposición, el experto Josua Chuang, explicó que “sentía una gran preocupación social”, debido en gran parte a su propio origen: nació en 1913 en el seno de una familia ruso-judía asentada en las calles de Bensonhurst en Brooklyn, así como a la temprana atracción que sintió por el arte y su interés por el cine, las vanguardias y el surrealismo.
LLC, courtesy Zander Galerie, Cologn
Después de trabajar en un estudio de fotografía en el Bronx, se unió a la New York Film and Photo League, donde conoció a Henri Cartier-Bresson, cuya influencia fue decisiva para que Levitt se entregara a su profesión.
En 1934 se compró su primera cámara, una Leica de 35 milímetros, y luego de aprender de Henri Cartier-Bresson algunas lecciones (la búsqueda del instante, la cercanía con la imagen y la necesidad de desenvolverse con un espíritu independiente y autónomo) se adentró en las calles de Nueva York.
Levitt siempre prefirió la marginalidad de las orillas a la pulcritud de los centros urbanos, y durante los años 30 y la posguerra retrató un Nueva York insólito, de aceras sin asfaltar y calles pobladas por negros, pobres, gitanos y niños que jugaban en medio de la ciudad. En la exposición se incluye su fotografía en color, aunque parte de este material se perdió tras un robo en su departamento en 1970.
El curador Chuang advirtió que hay un periodo vital en su vida y un viaje a México, el único que realizó para hacer fotografías. “En 1941 Levitt permaneció cinco meses en México, lo que supuso un punto de inflexión en su carrera artística, ya que ahí realizó también fotografías de calle, pero en éstas, a diferencia de las que había hecho en Nueva York, no existe la sensación de juego o lirismo, sino que se trata de escenas crudas, en gran parte de indigentes y de las capas más bajas de la sociedad”.
La muestra permanecerá abierta al público en la Fundación Mapfre de Madrid hasta el 17 de mayo.











