“No hemos asumido lo que significa ser animal; eso a lo que llamamos humano es una ilusión”, explica la investigadora Vanessa Lemm
Miércoles 25 de febrero de 2026, p. 2
El filósofo Friedrich Nietzsche es muy vigente porque “nos propone interrogarnos qué significa ser humano y cuáles son nuestras responsabilidades con otras formas de vida”, dijo Vanessa Lemm, especialista en el pensador alemán y autora del libro Homo natura (Herder Editorial), que fue presentado en el país hace unos días.
La investigadora alemana, quien impartió también un par de conferencias sobre derivas de la obra de Nietzsche (1844-1900), comentó a La Jornada: “no hemos asumido lo que significa ser animal y que lo que llamamos humano es una ilusión que hay que deshacer para llegar a lo que el filósofo llamó el ‘homo natura’”.
El también poeta “anticipó conceptos que ahora conocemos como la filosofía del medioambiente, por ejemplo, o teorías contemporáneas que confirman la continuidad entre naturaleza y cultura”.
Lemm contó que su escrito, subtitulado Nietzsche, antropología y biopolítica, nació del aforismo 230 de Más allá del bien y del mal, que plasma la noción homo natura y describe que su “filosofía tiene la tarea de renaturalizar al ser humano, de retraducirlo a la naturaleza”.
La también filósofa explora el modo de entender el pensamiento contenido en ese fragmento nitzscheano, pero también las diferentes recepciones que tuvo después, ya que “hace 10 a 15 años hay una cierta moda de apropiarse de sus ideas para poner adelante un naturalismo determinista o cientificista. Según estas interpretaciones, la figura homo natura especifica de manera definitiva y absoluta qué es el ser humano”.
La editora de la revista Nietzsche-Studien alertó que estos abordajes “son muy peligrosos” porque se limitan a la idea de que “las ciencias naturales tienen respuesta a quiénes somos, pero es biológica o genética”.
Homo natura, añadió Lemm, examina las interpretaciones referidas y retoma “el concepto de naturaleza, que debe ser reapropiado por la filosofía y las ciencias humanas con visiones abiertas orientadas hacia el futuro”.
Encomió en Nietzsche que haya dejado de hablar de “la verdad como algo abstracto, absoluto, y más bien como una experiencia física y corporal. Explora diferentes cosas en toda su obra. La filosofía se transforma en esa experimentación desde la perspectiva de la vida del filósofo, que es limitada, puntual, situada y no tiene nada de universal”.
Asunción del principio darwinista
Ante el surgimiento de la biología como nuevo conocimiento en el siglo XIX y la noción darwinista de que el hombre pertenece a la esfera animal, Nietzsche fue uno de los primeros filósofos que asumió tales ideas y con ellas examinó la “concepción de la filosofía, la historia, la cultura, la política y la moral”, comentó la vicerrectora de la Facultad de Artes Liberales y Ciencias de la Universidad de Greenwich.
Vanessa Lemm recordó que Nietzsche contribuyó a varios debates del siglo XIX, como su crítica a la democracia, sus ideas sobre el surgimiento de las ideologías de masas y la industrialización, pero su obra echa mano de la “intemporalidad” como una “articulación entre historia, presente y futuro”. Esta manera, descrita en Sobre las ventajas y desventajas de la historia para la vida, “es una manera de utilizar su filosofía para desarrollar una perspectiva crítica en nuestro tiempo”.
Educación libre
En Nietzsche existen “dos movimientos de formación: uno es más bien civilizatorio, de dominación e imponer normas sobre la vida y está el de la cultura como un movimiento anticivilizatorio. Es un antagonismo que es más bien una transformación creativa, del lado artístico y poético”.
Lo relevante de esta distinción es que “los movimientos de civilización nos han alejado tanto de la naturaleza que generan formas de malestar en la cultura”, intuición compartida por Sigmund Freud y que junto con Nietzsche clarifican ese problema en la cultura occidental: “para sanarlo hay que deshacer algunos elementos civilizatorios y tener una educación que sea libre, creativa y orientada hacia el futuro”.
Lem concluyó: “una idea en Freud y Nietzsche sobre cierto potencial creativo en el que hay que redescubrir el movimiento de autosuperación al que el alemán se refiere con el sobrehumano o el superhombre, como un ser humano que es capaz de usar ese movimiento de renaturalización para la transformación”.











