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Casa Talavera abre su espacio al arte anónimo de las máscaras de México y África

El espació ubicado en La Merced está adscrito a la UACM, que este año cumple un cuarto de siglo

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▲ Ejemplar mexicano proveniente de la colección de Karima Muyaes Ogazón, el cual forma parte de la exposición Diálogos enmascarados: África y México. Foto cortesía del recinto
 
Periódico La Jornada
Domingo 22 de febrero de 2026, p. 5

Mostrar piezas maestras de la historia del arte universal, pero elaboradas por artistas anónimos de pueblos originarios, que en sus comunidades participan de la cultura de modos distintos a los tradicionales, es el propósito de Diálogos enmascarados: África y México, exposición organizada por el Centro Cultural Casa Talavera, adscrita a la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), que este 2026 celebra 25 años de su fundación.

La muestra parte de dos colecciones: la de máscaras mexicanas de Karima Muyaes Ogazón y la de piezas africanas, proveniente de la Casa de Costa de Marfil (Fundación Fatou Sylla), que también facilita esculturas.

Complementa la exhibición una carpeta de 26 grabados sobre el tema de la máscara en la actualidad, realizados en el Taller de Artes Populares de San Lorenzo Tezonco, que coordina Jorge Luis Rubio Hernández. Combina la obra de artistas establecidos con alumnos de la UACM y parte de que “casi” todo el mundo se ha puesto alguna vez un disfraz.

Diálogos enmascarados también incluye un grabado hecho ex profeso por un colectivo de universitarios de la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda, que decidió no firmar la pieza en concordancia con el espíritu del arte presentado.

Estas tradiciones artísticas de los pueblos originarios han alimentado en gran medida al arte occidental, señala Fernando Gálvez de Aguinaga, curador de la exposición junto con Muyaes Ogazón y Adiela Valencia, de la Casa de Costa de Marfil. Muchos artistas en el siglo XX voltearon a ver las expresiones de África, Oceanía y América Latina a fin de “refrescar sus lenguajes”.

Se quiso hacer una muestra de arte de estos grandes maestros anónimos con el propósito de mostrar “la fuerza de nuestras culturas en una casa de la cultura de la universidad inserta en La Merced, un barrio de mucha tradición popular y de historia larguísima”.

Mostrar grabado junto con máscaras, en su mayoría realizadas en madera, tiene su sentido: “para elaborar una máscara se hace una talla de madera, así como para hacer un grabado se puede hacer una talla de linóleo o de madera, con navajas. Se hace una incisión. Aunque la intención es generar una plancha para hacer una impresión, hay una forma que emparenta el trabajo. Eso da ritmo al grabado cuando lo colocas al lado de las piezas, ya sea de los africanos o de los maestros de los pueblos de México”.

La máscara no es ajena a la calle de Talavera, donde se ubica esta casa de cultura de la UACM. “A una cuadra hay un expendio donde se venden piezas para bailables tradicionales o para sus representaciones en escuelas. Al mismo tiempo uno encuentra las formas en las que se ha metamorforseado la máscara en México; es decir, las de los luchadores, los disfraces del Día de Muertos, los pasamontañas de los zapatistas o del tapado”, puntualiza Gálvez de Aguinaga.

“Al revisar las danzas de los pueblos, en muchas ocasiones la máscara simbolizaba una catarsis para hablar de una realidad social y política. Referencias a la dominación española o a la esclavitud negra se hallan en danzas de las comunidades de México. En la muestra se aprecia cómo han evolucionado los usos.”

La curaduría de la exposición toma en cuenta la historia de Casa Talavera y el barrio. Arriba del acceso a las salas principales se colocó una figura africana de una mujer embarazada, referencia evidente a la fertilidad. Esto, porque “según el libro del nieto de Moctezuma, Fernando Alvarado Tezozómoc, aquí, en el barrio de Temazcaltitlán, nació el primer niño de México-Tenochtitlan, del grupo de los aztecas que llegó en busca del águila sobre el nopal. La figura africana es custodiada por dos máscaras mexicanas.

Una careta totonaca, proveniente de la comunidad Cruz de Ataque, Veracruz, relacionada con la danza de la Conquista, recrea este episodio de la historia al tener una nariz prominente, en la que se distingue la imagen del “águila sobre el nopal”. Esta “incrustación” enfrenta al portador de la máscara. Cerca de la Casa Talavera se ubica la Plaza del Aguilita.

La mayoría de las máscaras son de madera, algunas, policromadas, aunque las hay elaboradas con hueso, conchas, papel aluminio, lentejuelas, ixtle, rafia y papel. Hay por lo menos cinco de cuero y unas 30 tienen cuernos de venado, de carnero o de toro. Unas tres están realizadas con resinas plásticas, lo que representa las nuevas formas de hechura.

Para la selección de las piezas los curadores se basaron en máscaras “fuertes en lo estético, para que el público se interese en ellas”. De México hay 110 piezas e igual número de África, básicamente, de África Occidental: Burkina Faso, Mali, Sierra Leona, Nigeria y Costa de Marfil. En un área rehabilitada en la parte posterior de Casa Talavera se exhiben objetos escultóricos africanos.

La exposición Diálogos enmascarados: África y México abrió ayer en el Centro Cultural Casa Talavera (Talavera 20, barrio de La Merced, Ciudad de México).