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Peñalta comparte en un libro su conexión con las rocas milenarias que interviene
 
Periódico La Jornada
Domingo 22 de febrero de 2026, p. 4

El pintor Alan Jorge de Rosenzweig, de nombre artístico Peñalta, se considera un libertador de seres que durante “miles de millones de años esperan cautivos en las profundidades de las rocas”.

Hace tres lustros comenzó a escuchar “murmullos que provenían de las rocas, gritos, a veces, de seres atrapados en ellas desde tiempos remotos. Entonces, decidió liberarlos con una técnica que bautiza como petrovitapintura”, y se lee en La roca íntima del todo, libro-catálogo bilingüe (español e inglés) de reciente edición que registra la exposición homónima celebrada en 2024 en la Casa Universitaria del Libro, en el contexto de El Aleph: Festival de Arte y Ciencia, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

La muestra reunió 14 obras elaboradas en mármol, ónix y cuarcita que se alternaron con rocas emblemáticas procedentes del acervo del Museo de Geología. Se contó, incluso, con un fragmento del meteorito Allende, hallado en Chihuahua en 1969, pieza de gran interés científico dado que su estructura se remonta a los orígenes del sistema solar.

El “diálogo” de Peñalta es con las entrañas de la roca, porque “no es la superficie erosionada, sino un corte a través del cual se puede observar su interior, o intimidad”. En este intercambio, “salen mis emociones y recuerdos guardados”. Es un diálogo de interiores. Lo que más le apasiona es conectar con una roca de miles de millones de años de existir, pues, “me saca lo que traigo en mi interior y viceversa; es decir, todos esos seres vivos con los que me conecto”, expresa a La Jornada.

Dicha forma de acercarse a la naturaleza le parece relevante en “tiempos en los que existe una desmaterialización del mundo. En que todo comienza a ser etéreo y susceptible a ser verificado”. Aunque resulta “placentero” recibir innovaciones tecnológicas, para él su modo de trabajar es una forma de “tocar base o piedra”, de “abrevar a la materia más ancestral que conocemos en la Tierra. Como dice un amigo geólogo: son los huesos de la Tierra. Por eso, cada vez es más intensa mi comunicación con la roca y mis posibilidades de expresarme artísticamente por medio de ella”.

–¿Cómo busca una roca para trabajar?

–Voy a plantas marmoleras y a talleres. Son búsquedas largas y complejas. El proceso es emocionante. Recorro los pasillos de las marmoleras y talleres con las orejas muy levantadas para escuchar, así como esos “atareados rumores” de los que habla Jorge Luis Borges en el “El Aleph”.

Peñalta va más allá de “observar la naturaleza para pintar”: lo hace sobre ella misma, lo que le resulta “extasiante”. Por ejemplo, “estoy pintando con música de Wim Mertens y de repente me sumerjo en las profundidades de la roca donde encuentro un universo hacia adentro, al infinito. Algún científico, o cualquier persona, diría que hay un límite. Para mí, hacia adentro no hay límites, porque como seres humanos tenemos la virtud de la imaginación. Cuando pinto sobre una roca es un relajamiento total”.

En el libro-catálogo, coordinado por Guadalupe Alonso, directora de la Casa Universitaria del Libro, colaboran con textos científicos, geólogos, periodistas, historiadores, escritores y críticos de arte, lo que da una amplitud de enfoques.

Hace tres años El guiño de la Medusa, monumental óleo sobre mármol del artista, se instaló en el vestíbulo del Instituto de Geología de la UNAM.

La roca íntima del todo se presentó ayer en la Feria Internacional del Libro Palacio de Minería.