Política
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Nosotros ya no somos los mismos

Trump, resultado de sus dichos y hechos // Sobrevivimos a su primer año y el futuro se oscurece // Insania, la mayor apuesta

A

hora sí que no sé ni por donde comenzar: ¿por orden cronológico, ubicación geográfica, número de afectados? No me voy a romper la cabeza en minucias y por eso preferí dejarlo todo a la suerte. Iba a decir en manos del Señor, pero de inmediato reflexioné: ¿Y si con justa razón el Señor me reclama por andarlo metiendo en asuntos de los mil diablos? Fue así que decidí sabiamente dejar todo al azar y desresponsabilizarme con la sabia opinión de que: “el orden de los factores no altera el producto”, o sea, que Donald Trump, sujeto de la acción en todas las citas que a continuación se comparten, es el inequívoco resultado de sus dichos y hechos, los que nos van permitiendo, como en un trágico y peligrosísimo rompecabezas, descubrir que el resultado es simplemente aterrador. Por hoy, la única instancia favorable es que el producto está todavía en una instancia no de cura, pero sí de control, sólo que quienes lo rodean tienen en esa insania su mayor apuesta: esposa, hijos, políticos de extrema derecha, personas o consorcios con intereses de toma y daca (expresión anterior al comercio internacional), o sea, multimillonarios en todo lo que en el mercado pueda ser materia de compra/venta y, por supuesto los grandes señores de la industria militar (instigadores de toda guerra que aumente en millones de millones sus inconcebibles riquezas, pero de la cual no quieren conocer minucias, como el número de víctimas caídas en cualquiera de los bandos beligerantes).

Pero pasemos a un álgido reporte que nos proporcionó el New York Times y que pienso sería suficiente para erizar el cabello hasta a los que carecemos de él. Se trata seguramente de la declaración más transparente y definidora de la esencia de este peligrosísimo ser, y que carece de antecedentes en la, o las historias. El periódico interrogó a Trump: “¿Existen límites a su poder global?” A lo que él contestó: “Sí, hay una cosa: mi propia moralidad, mi propia mente. Es lo único que puede detenerme. No necesito el derecho internacional.” Y desde el fondo del más ardiente círculo del averno, se escuchó un feroz reclamo: “¡Aprende, Joseph! ¿Por qué nunca escribiste algo así para mí?” “¿Cómo se te ocurre tal barbaridad, Adolf? –le contestó Goebbels– Si ya hasta en las Hitlerjugend (para los que no saben alemán, juventudes Hitlerianas) se hacen bromas con tu estado de salud mental y hasta dicen que en cualquier rato te vas a creer presidente de Estados Unidos”.

Me decía un amigo: Yo con frecuencia hago una pausa en mi diario ajetreo y para darme ánimos empleo un recurso que a muchos puede parecer una absoluta tontería: comienzo a imaginar en tiempo futuro todas las cosas que en este momento me afligen, y les doy en mi mente un arreglo, si no a mi plena satisfacción, sí cuando menos aceptable. Comprenderás que son altas las probabilidades de que, con frecuencia, mis anhelos se vean arrollados por una aplanadora, pero también la satisfacción de una defensa bien dada. Todo lo anterior, para decir que si bien ya pasamos y sobrevivimos al primer año trumpista, y nos faltan sólo tres más, el futuro se oscurece. Expliquémonos: dicen que cuando Trump comenzaba a conformar su equipo de gobierno, sus asesores de imagen le aconsejaron que su secretario de Estado debía ser absolutamente rubio, pues era el mejor mensaje que desde los inicios él trasmitiría (y sin palabras) a demócratas y republicanos. Las ideologías fundacionales, la doctrina Monroe y el Destino Manifiesto resurgirían triunfantes: dos rubios al frente de la nación destinada a rehacer el planeta.

PD Marco Rubio no sabe a qué atenerse.