n la canción Todos tenemos un precio, del cantautor español Víctor Manuel, se dice: “Todo se compra, se vende”. Esto se extiende de modo creciente, como ocurre en el caso del mercado de las predicciones.
En efecto, dicho mercado, que no es un asunto novedoso, aunque sí cada vez más organizado, es un negocio en expansión en el que se mueven cantidades muy grandes de dinero. Se trata de la capacidad para aprovechar la “sabiduría de las masas” en un rango amplio de cuestiones, con prospecto único y un precio informativo.
Tarek Mansour, el director ejecutivo de la plataforma Kalshi, la de mayor operación en el sector, valuada recientemente en 11 mil millones de dólares, describe el asunto de la siguiente manera: “Cuando la gente dice que cree en los mercados…lo que significa es que éstos son un medio útil para determinar el precio de las cosas, y ese es también el caso de poner un precio al futuro”. Como si fuera una mercancía más.
Según su propia descripción, el esquema funciona así: “Los participantes intercambian acciones sobre un determinado evento futuro, cualquiera que éste sea. Esas acciones son redimibles por un dólar si tal evento ocurre o cero si no ocurre. Con anterioridad, el precio fijado (digamos 74 centavos) puede verse como la probabilidad de que el evento ocurra (74 por ciento). De tal manera, en teoría, si el mercado es grande y tiene suficiente liquidez para operar se cuantifica y transmite la “sabiduría de las masas”, también llamada “inteligencia colectiva”. Ahora todo es inteligente.
El ámbito en el que esto opera es aquel donde se intercambian contratos basados en los posibles resultados de eventos futuros que sean verificables, de todo tipo imaginable. Se usan como una herramienta colectiva de pronóstico. El costo del contrato (o la apuesta) es menor que el pago que puede obtenerse, la diferencia depende de las probabilidades basadas en los contratos que ya se hayan adquirido.
Estos mercados abarcan todo tipo de pronósticos: unas elecciones, el nivel esperado del índice en la bolsa de valores, los conflictos geopolíticos, el precio de las acciones o de las criptomonedas; los resultados de competencias deportivas, la popularidad de los artistas o el curso de los avances científicos. Se puede apostar prácticamente sobre cualquier asunto, por ejemplo, el color del Gatorade que se usaría en el Super Bowl para empapar al entrenador del equipo vencedor o la fecha en la que se aprobará una determinada ley en el Congreso y, así, un largo etcétera.
En su forma actual se considera que este mercado emergió en 1988 con el Iowa Electronic Markets en la universidad de ese estado. Un ejercicio de intercambio mediante dinero en torno a ciertos resultados en la arena política. El caso es que ese proceso predijo una elección presidencial de modo más preciso que las encuestas usuales; y sigue haciéndolo.
Los mercados financieros ofrecen un espacio de relevancia para las predicciones, como ocurre con las tasas de interés, la tasa de crecimiento del PIB o la probabilidad de una recesión. Las predicciones de esta naturaleza requieren que la lógica de la acción colectiva esté sostenida por una participación y una liquidez suficientes; es decir, recursos disponibles para correr las apuestas. Es un entorno en el que a cada evento incierto pueda asignarse un precio y, así se coordine la sabiduría de las multitudes de modo descentralizado. Se trata de un grupo de personas que especulan sobre una gran variedad de eventos. Los participantes compran y venden esos contratos de manera directa y los precios se actualizan de modo inmediato conforme a la oferta y la demanda y el flujo de información relevante.
El extenso menú de las posibilidades para especular en el ambiente de estos mercado es amplio, lo que se manifiesta en el aumento de los volúmenes de transacciones en las plataformas que permiten especular de esta manera (principalmente Kalshi y Polymarket).
La influyente Brookings Institution señaló la relevancia de estos mercados en su Manual de Proyecciones Económicas (publicado en 2012) y consideró la utilidad de los mercados de predicciones basada en sus características, como son: la capacidad para incorporar nueva información, su probada eficiencia y la manera en que previenen la manipulación. Esto lleva a que dichos mercados puedan exhibir en sus resultados un menor error estadístico que los pronósticos profesionales y las encuestas.
Como apunta Mansour: “Hay un mercado financiero para determinar el precio de las empresas, otro para los precios de las mercancías, o bien, las tasas de interés de los créditos y la paridad de las monedas”. ¿Por qué no tener uno para fijar el precio de asuntos relativos al futuro?











