ohn Saxe-Fernández era uno de esos intelectuales públicos que hoy no se encuentran tan fácilmente. Además de académico reconocido, tanto por pares como por estudiantes, mantenía una constante participación en medios públicos, manera en que muchos lo conocimos. Textos suyos se encuentran en Cubadebate, La Jornada o en la revista Memoria, del Cemos. En todas ellas dejó sentir su presencia, propia de alguien cuya vocación intelectual nunca se desmarcó del profundo compromiso político.
En tiempos de amenaza imperial sobre la región del Gran Caribe, no viene mal pasar una nueva revisión por algunos de sus textos que iluminan en esta oscuridad geopolítica regional. Aprovechamos tres episodios en los que Saxe-Fernández sigue aportando para pensar nuestro presente, en cuyo centro se encuentra el despliegue de la “presidencia imperial”, que era la manera en que conceptualizaba el poder monopólico estadunidense.
Primero. En 1992 en la UAM-Xochimilco ofreció una conferencia sobre las relaciones cubano-estadunidenses. Las primeras páginas de lo que luego sería un artículo publicado en la revista Política y Cultura (entonces dirigida por Beatriz Stolowicz) son un baluarte de interpretación histórica de largo plazo sobre el lugar de Cuba en el entramado geopolítico. Rastreando desde inicios del siglo XIX la ambición por poseer y controlar la isla por parte de Estados Unidos, al igual que todo el espacio a su alrededor, Saxe-Fernandez avanza para determinar la manera en que se impuso un “derecho” auto conferido de intervenir en los destinos de la isla a partir de la Enmienda Platt de inicios del siglo XX. Certero, escribió que para Estados Unidos Cuba era “un centro, un puntal, un nudo, una espina y una piedra en el zapato” y rescató de documentos oficiales aquella declaración que decía que “nunca se permitiría la cesión de esa preciosa isla”.
Segundo. En 2004 Saxe-Fernández publicó en el número 184 de Memoria “Cuba en la tercera Cuenca”, ahí destacó la persistencia de una línea política que no variaba pese a la alternancia entre demócratas y republicanos: el rechazo a la soberanía cubana. La aspiración de que la isla fuera un protectorado tenía poco que ver con la guerra fría o la amenaza del “comunismo”, pues era algo que se podía encontrar tiempo atrás, como él mismo había mostrado en la conferencia de 1992 y que el periodo pos-soviético venía a confirmar. En aquel texto Saxe-Fernández ubicaba dos motivaciones para la arremetida imperial de la isla: el hecho de que pese a su escasa población logró mantener una distancia abierta frente a los intereses estadunidenses, lo que era un mal ejemplo en la región y, además, que Cuba representaba un punto clave para la conexión Atlántica y el conjunto de operaciones militares que ello significaba. El control marítimo de aquella zona era crucial para asegurar la seguridad imperial, sobre todo en un entorno bélico o de confrontación, real o hipotética. Escrito aquel texto en el contexto de la agresión contra Irak, Saxe-Fernández calculaba un desgaste enorme la intervención en la isla y vaticinaba que: “Los costos de una agresión contra Cuba serían todavía mayores y se extenderían, como un reguero de pólvora, a lo largo y ancho del continente”.
Tercero. En 2022 el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales y el Fondo de Cultura Económica publicaron el volumen Fidel: 17 aproximaciones, coordinado por Saxe-Fernández, donde se presentaban diversas aproximaciones al que fuera el líder histórico de la revolución cubana y de quien en 2026 se cumplen 100 años de su nacimiento. Su texto, aparecido como último capítulo de la obra, planteaba un acercamiento original al pensamiento y práctica del líder cubano: su papel como promotor de la “justicia climática”. Cuba, país asolado por ciclones y huracanes, es la muestra viva de que los costos ambientales del capitalismo fósil estaban siendo pagados por pueblos como el de la isla, cuyo consumo energético es irrisorio frente a las grandes potencias capitalistas. Esta injusticia climática, que castigaba a los países de la periferia global, podía ser revertida a condición de una transformación civilizatoria de gran escala. Entre un mar de estudios científicos que daban sentido al concepto de “colapso climático capitalogénico”, Saxe-Fernández siguió la apuesta del líder revolucionario para enfrentar este desafío que involucraba al conjunto de la humanidad. El sadismo de la política internacional que estamos presenciando en tiempo real contra el pueblo de la isla no hace sino ahondar más en la injusticia climática denunciada por Fidel y sistematizada por Saxe-Fernández.
A partir de la lectura de un intelectual de esta talla, no queda más que insistir que la alternativa de nuestro tiempo es la que enunció como título de su columna del 25 de agosto de 2025 en La Jornada: soberanía o vasallaje. Hoy, como ayer, serán los pueblos, a su tiempo, los que inclinen la balanza a favor de la libertad y la autodeterminación.
*Investigador UAM.











