Proponiéndose destruir, el presidente de EU logra unidad, afirma Omar González
Para el periodista e intelectual, Cuba vive hoy un bloqueo más acentuado que nunca // Diversificar las maneras de crear y producir, las alternativas para resistir la agresión
Domingo 15 de febrero de 2026, p. 2
La Habana, Cuba., Omar González Jiménez es una referencia clave en la cultura cubana. Periodista e intelectual de primer orden, desempeña un papel clave en la Red en Defensa de la Humanidad.
En una amplia conversación con La Jornada, analiza la naturaleza del actual ciclo del bloqueo estadunidense contra la Antilla mayor y las diferencias que existen con otros periodos anteriores.
Explica cómo el pueblo cubano resiste la agresión en su contra y la necesidad de preservar la Revolución, cambiando el patrón de desarrollo.
A continuación, extractos sustantivos de la entrevista.
–¿Es diferente este periodo del bloqueo de Washington contra La Habana?
–El bloqueo es una cosa que se manifiesta en la cotidianidad, en los carros, en el transporte, en el alumbrado público, en la alimentación, en el deterioro de la ciudad. Pero el que vivimos ahora es diferente. El mundo y los contextos son distintos. No se pueden hacer análisis simplistas de equiparar este momento con otro.
“En la historia de la Revolución han habido momentos muy difíciles. Hubieron agresiones internas de bandas contrarrevolucionarias y atentados terroristas. Esos ataques se solucionaban con la resistencia armada, con ingenio, con trabajo de la inteligencia, con la labor de los órganos de la Revolución, con amplia participación popular.
“Otro momento bien complejo fue el llamado Periodo Especial, al principio de la década de los 90. Fue un cambio grande, de manera inmediata a la caída del campo socialista en el este europeo.
“La caída del bloque provocó desabastecimiento. Con la unión de las dos Alemanias, Helmut Kohl dejó de enviar leche en polvo, fundamental para los niños. La base industrial del país estaba montada sobre tecnología proveniente de Europa del Este y la Unión Soviética. Estaba desfasada con relación a la nueva tecnología en el mundo.
“Eso desapareció después de que (Mijaíl) Gorbachov hizo todo lo que hizo. Era algo que no podía seguir como estaba, tenía que derrumbarse. Había una gran ficción entre la narrativa soviética y la que se vivía en la realidad.
“Después que se produce este cambio, Cuba tiene que empezar a pensar por sí solo en el mundo. Teníamos amigos, pero muy pocos amigos poderosos. Fueron momentos muy complejos para este país”.
–¿Cómo se enfrentó ese Periodo Especial?
–Había grandes reservas morales. La sociedad tenía una estructura más solidaria, más cohesionada, más institucionalizada. El piso se movió. Se tuvo que empezar a pensar de manera diferenciada. En el 93 tocamos fondo.
“Se pensó mucho en términos comunitarios. Los vecinos hacían una olla colectiva para comer. La gente tenía una seguridad absoluta que iba a salir adelante. Era una sociedad organizada de otra manera. Hubo que cambiar la idea de que el Estado era una nodriza. Se abrió más el sector privado. Pero eso implicó desigualdades, disparidades. Fue un proceso escalonado, no abrupto. No se abrió el país a las transnacionales. Se mantuvo la soberanía económica. Y esas tecnologías que estaban caducando, aún producían.
“Fueron años muy duros, pero se crearon grandes reservas. Había reservas morales de un paradigma en que lo más importante no era tener. Y se fortaleció mucho la conciencia. Pero, al mismo tiempo, se produjo una ruptura entre la idea misma del bienestar y la de participación social. Entonces empieza a entrar el sector privado.
“Las nuevas tecnologías produjeron una intensa batalla de ideas. Hay una guerra cultural en todos los campos. Entra Internet, que crea otras expectativas. Cuba no tuvo una actitud conservadora ante esos avances tecnológicos.
“Y llegamos al momento actual. Estamos ante un cambio de paradigma acentuado, con una emigración impulsada por la crisis, por la falta de recursos y alentada desde Estados Unidos. Hubo reblandecimiento de las conciencias e incertidumbre.
“Todo repercute en esta isla pequeñita, que durante años es y será un foco de resistencia, frente a ese imperio tan grande. Pero, en términos sociales, ya no es lo mismo”.
–¿Y ahora?
–Estamos en un momento difícil desde todos los puntos de vista. Vivimos un bloqueo más acentuado que nunca. Donald Trump y Marco Rubio no defienden el principio del derecho. Hoy en día, hay una gran masa que se mantiene al lado de la Revolución, pero proporcionalmente es menor que la que se mantenía en los años 90, y mucho menor que la de los 60. Sin embargo, los procesos de crisis radicalizan. Sirven para que la gente que de verdad defiende el proyecto se una en torno a él. La gran paradoja es que Trump, proponiéndose destruir, logra unidad.
“Toda la confusión que había por efecto de la guerra de pensamiento en la que hemos vivido se ha venido esclareciendo. De manera que hay más cohesión en la sociedad cubana. Se identifica al enemigo.
“Ahora se ha pasado al bloqueo energético. El petróleo no sólo sirve para moverse en auto, para que haya luminarias por la noche. Sirve para que funcionen los hospitales y transportar la comida. Sirve para la cotidianidad. Este país está montado en esa base energética”.
–¿Qué se está haciendo para enfrentar la situación?
–Apostamos demasiado a la manera tradicional de generación de energía. La gente está creando mucho a nivel popular e institucional. Pero la creatividad tiene un límite cuando se trata de energía. Se están buscando soluciones, cambiando el soporte tecnológico. Se están impulsando los paneles solares.
“Estados Unidos lleva tiempo prohibiendo muchas cosas: generadores, piezas de repuesto de las termoeléctricas. No se puede comprar eso. Mucha de esa tecnología es obsoleta, pero su carencia se resuelve con el ingenio del cubano.
“Ha disminuido la presencia de los funcionarios en los ministerios. La mayor parte trabaja desde casa recibiendo salario. Los niños reciben clases fuera del aula, a puertas abiertas. Combinan lo virtual y lo presencial. Pero lo virtual implica energía. Hay que tener conectividad. Y la conectividad depende de las baterías que tengan los servidores.
“(Gabriel) García Márquez quería escribir un libro sobre Nitza Villapol y sobre cómo romper el bloqueo con la cocina. Ella fue una chef que cocinaba todos los días en la televisión. En medio de la crisis más profunda, siempre preparaba un plato diferente, a partir de lo que había. Todas esas cosas hay que retomarlas.
“La economía no se resuelve con fórmulas, ni con decretos, ni con voluntad. Tiene leyes propias. Necesitamos diversificar las maneras de producir y crear.
“Abrimos al sector privado, que aquí se llama cuentapropistas, con la esperanza de que produjera. Pero produce muy poco. Se ha especializado, sobre todo, en importar, distribuir y vender, en el comercio minorista. El dinero más fácil se gana especulando. Necesitamos más producción, pequeñas cooperativas que produzcan. Algunos, incluso producen software.
“La empresa estatal es muy importante en la economía. Está mejorando, pero ha sido ineficiente. Se ha mantenido a pesar de ser un lastre. Se le está dando autonomía a las empresas, pero sin seguridad de dependencia estatal. Antes, si te equivocabas, te subsidiaban. Eso va a cambiar radicalmente. Igual está transformándose el concepto mismo de diseñar el país y se busca desarrollar el municipio.
“Tenemos que cambiar. Podemos cambiar. Es un optimismo basado en la realidad: nuestro pueblo quiere preservar la Revolución, y va a hacer todo lo posible por cambiar la situación.
“Y está la solidaridad. La nacional, entre todos los cubanos residentes en el país y fuera de él. Y la internacional. Cuba ha sido un país que lo ha dado todo por los necesitados del mundo. Es un deber moral evitar el genocidio de un pueblo entero.
“El pueblo cubano se ha ganado el derecho a existir honradamente, a colaborar e intercambiar bienes comercialmente con otros países, incluido el petróleo. Basta de injusticia e impunidad en las reiteradas acciones criminales de Estados Unidos contra Cuba.”











