Precisiones del escritor y analista taurino Horacio Reiba sobre el neopuritanismo compensatorio
propósito de la indignada letanía “Si no es posible” ( La Jornada, 01/02/26) del analista taurino Horacio Reiba, autor del imprescindible libro Ofensa y defensa de la tauromaquia, publicado por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y disponible también en Amazon, un aficionado me preguntó qué quería decir el concepto “neopuritanismo compensatorio”. Como lo poco que sé lo he aprendido preguntando, busqué a Reiba y esto fue lo que dijo:
“De entrada –soltó Horacio, especialista también en futbol y que escribió el revelador Baile de marcadores mundialistas–, los mafiosos de la FIFA van a llenar sus estadios para ver partidos-cascajo de su absurdo Mundial con 48 equipos, la mayoría de tercera o cuarta categoría (el de México entre ellos). Lo cual me recuerda que nuestra fiesta se fue al carajo justamente cuando empresas chafas y autoridades cómplices decidieron convertirla de auténtica fiesta popular en asunto de élites trasnochadas. En fin...”
“Los antiguos puritanos, estrictos y dogmáticos –comienza–, exigían pureza religiosa a partir de su rigidez e intolerancia, residuos de creencias de pueblos que se quieren puros. El actual término neopuritanismo se desentiende de lo religioso para ocuparse de temas como corrección política, cultura de la cancelación, ‘pureza’ social e ideológica en áreas como el comportamiento sexual, el lenguaje, el ecologismo, la nutrición, el consumo y no pocas tradiciones ‘impuras’.
“Un mundo de cabeza genera miedos y búsqueda de protección en grupos ‘puros y sólidos’, una ilusión de pertenencia a algo más firme que el caos y las mentiras que se difunden. Por ello el neoliberalismo también afecta a la cultura con la autorregulación de las empresas y el adelgazamiento de los gobiernos. En el caso de la tauromaquia, primero la dinamitó la gente del toro con su idea de nobleza sin bravura, es decir, de tauromaquia sin verdadera emoción, hasta ser invisibilizada por una ley que ve la paja, pero no quiere ver el tronco.
“El siglo XXI –añade– desborda violencia a manos llenas, malignidad ya ni siquiera disimulada, posverdades tendientes a la destrucción de las culturas y a la exaltación de la fuerza bruta; ya que corre a galope tendido, montado en su falsa utopía tecnológica y en dirección de la distopía terminal, qué mejor manera de disfrazar el desastre ungiéndonos más compasivos y civilizados que nunca puesto que no se pueden ni se quieren controlar desde el poder –subordinado el político al económico–, las causas reales de las cada vez más abundantes evidencias del caos imperante, acudamos a la aplicación de paños calientes de apariencia compasiva, entre los cuales vienen de maravilla las causas animalísticas –que la hambruna mate niños, pero no toreros a los toros–, con su absurda extensión de los derechos dirigida a la fauna más próxima y sólo a ella, porque poco les importa que de un día a otro desaparezcan especies marinas y terrestres mientras se valga y festeje el seguir adoptando y mimando mascotas que suplan los afectos humanos que antes se dispensaban a hijos y abuelos, tan pasados de moda actualmente.
“Compensatorio porque este neopuritanismo emergente compensa o intenta contrarrestar la desesperanza, y la incertidumbre creciente. Así que echar mano del buenismo y sentirse moralmente por encima de los bárbaros sanguinarios en las plazas de toros, de alguna manera los exculpa. Por eso criaderos y mataderos no se visibilizan, porque no es política y ecológicamente correcto, pero las especies criadas y sacrificadas lo sienten, se apliquen métodos anticuados o modernos”, concluye Horacio Reiba.











