a verdad verdadera es que el mandatario brasileño llega a la mitad de su tercer mandato presidencial –algo inédito en tiempos democráticos– vivendo contradicciones palpables y, por lo tanto, indiscutibles.
Logró recuperar plenamente la economía destrozada por su antecesor, el desequilibrado ultraderechista Jair Bolsonaro, y supo bien cómo reintroducir a Brasil en el escenario global. Logró, mal que bien, tranquilizar a las fuerzas armadas y mantener relaciones equilibradas con el Poder Judicial.
Ya con el Congreso, el cuadro es otro. Vale reiterar que se trata del peor Congreso desde la redemocratización, es decir, de los últimos 50 años.
Con Michel Temer primero, que luego de un golpe parlamentario que alejó a Dilma Rouseff se instaló en el sillón presidencial, pero principalmente con Bolsonaro, la ascención de la extrema derecha se hizo contundente, y tanto a la derecha moderada (con rarísimas excepciones) como a la simplemente conservadora se les hizo y se les hace cada vez más difícil mantenerse fiel a sus raíces.
Pese a las dificultades, sin embargo, Lula viene manteniendo la pelota en sus pies, y a cada tanto anota un gol indiscutible.
De las contradicciones vividas y enfrentadas por Lula, una en especial llama la atención de analistas, asesores directos, correliginarios y, desde luego, adversarios.
Al fin y al cabo, ¿cómo explicar que frente a semejante cuadro, su popularidad sigue baja? Si es el franco favorito para las presidenciales de octubre, ¿por qué no logra alcanzar siquiera la mitad de votos de aprobación?
Es lo que muestran los sondeos de opinión pública, en especial los más sérios y respetados. De ahí la preocupación de Lula y compañía.
Su gobierno viene reforzando la publicidad y la comuniación por todos los medios, con especial atención en Internet, donde tanto Jair Bolsonaro (que ahora en prisión está impedido de acceder a sus cuentas, pero mantiene millones de seguidores) como también el hijo del prisionero, el senador por Río de Janeiro Flavio Bolsonaro, son reyes.
Fue el mismo Flavio, a propósito, quien anunció formalmente que disputará la presidencia a Lula. Con eso, apartó al gobernador de San Pablo, el bolsonarista Tarcisio de Freitas, de la disputa. En los sondeos, Tarciso aparece mejor que Flavio, pero al primogénito del desequilibrado, como a su papá prisionero, eso parece no importarles. Al fin y al cabo, tanto uno como otro tienen fuertes aspiraciones politicas, por no mencionar a Michelle, esposa del exmandatario.
Hay un detalle importante que no se puede ignorar: tanto para Lula como para Bolsonaro es fundamental obtener el mayor número de congresistas, intendentes y gobernadores de Estado.
Los dos y sus asesores más directos tienen los ojos puestos en ese cuadro. Y al menos por ahora, Bolsonaro y su grupo parecen tener la ventaja.











