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Cultura, deporte y conciencia
E

l pasado domingo 8 de febrero se llevó a cabo un evento deportivo estadunidense que ha trascendido fronteras desde hace décadas. El Supertazón tiene como tradición durante el medio tiempo un pasaje cultural musical tan esperado como el propio juego entre los dos equipos de futbol americano finalistas. Y en esta ocasión, la expectativa se cumplió: un cantante famoso, polémico por su irreverencia, se convirtió en el vengador de la población migrante que ha sufrido humillaciones, persecución y agresiones físicas violentas, incluso asesinatos, por el presidente republicano más retrógrada de los años más recientes.

El pasado espectáculo musical de medio tiempo del que hablamos fue el segundo más visto en el mundo del futbol americano de la NFL. Más de 124.9 millones de personas siguieron el evento, esperando la actuación del puertorriqueño Benito Antonio Martínez Ocasio (Bad Bunny). La asistencia al estadio no fue la esperada debido a las amenazas de la política antinmigrante de Donald Trump y la actuación ilegal de los criminales de la agrupación ICE. Sin embargo, la asistencia fue la segunda más importante del Supertazón de todos los tiempos.

El famoso medio tiempo es una plataforma para artistas, por lo general famosos roqueros estadunidenses, o europeos. El del domingo pasado marcó una línea difícil de olvidar: fue dedicado a la comunidad americana, es decir, a todos los pueblos que habitan en América. Somos americanos y americanas en todo el continente. Estados Unidos de América, en efecto, un país con un nombre que describe poco a su población. Recordemos que la gran mayoría son gente llegada de todo el mundo. Es un país de inmigrantes y no les corresponde apropiarse de un gentilicio.

Si bien el año empezó muy mal desde la perspectiva geopolítica, la esperanza de justicia sigue en pie. El abuso se mostró en su máxima expresión de autoritarismo por parte del gobierno republicano encabezado por el tirano y racista Trump. Primero, nos sorprendió la insólita y sumamente preocupante captura del presidente de Venezuela Nicolás Maduro, después las múltiples aprehensiones injustificadas y maltrato inaceptable hacia la comunidad latinoamericana que vive en Estados Unidos. Posteriormente, los atracos a buques petroleros ejecutados por las fuerzas armadas. Por cierto, algunos capitanes de dichas embarcaciones estratégicas se rebelaron ante las intransigentes órdenes de su presidente. Y, como si no fuera suficiente, el jefe de la Casa Blanca amenazó con invadir México, Venezuela, Colombia y Groenlandia, entre otros. Pero eso no fue todo. Ahora, el genocidio, de muerte lenta, lo está replicando contra el pueblo cubano. Quiere asfixiar a la nación soberana, que no ha hecho otra cosa que resistir heroicamente el castigo económico impuesto hace 60 años. Cuba no significa ninguna amenaza económica ni política, mucho menos bélica, para los estadunidenses.

El gobierno de Trump no dialoga con el del presidente Miguel Díaz-Canel por la sencilla razón de que no sabría qué lenguaje utilizar ante un líder preparado, patriota y socialista. El estadunidense no es líder de nadie, es cómplice de los peores representantes de la ultraderecha mundial. No puede dialogar con quien sí tiene argumentos para echar abajo, en segundos, la política de agresión hacia una nación que no le ha hecho nada a ese republicano y sus bandoleros en el poder.

Volviendo al evento del medio tiempo, éste vino a dar no sólo entretenimiento, también y, principalmente, fue la expresión cultural de una señal de protesta por parte de la otra América, la de todos los países que la conforman, la de todos los pueblos que han sido saqueados, ninguneados y hostigados por los capitalistas y supremacistas estadunidenses. El cantautor Bad Bunny fue el detonador. Fue el grito de reclamo para que cese la violencia por parte del gobierno de Trump. Podemos asegurar que ese medio tiempo fue un parteaguas para la conciencia latinoamericana. Fue una señal anunciando que los pueblos americanos y caribeños, y con ello me refiero a los países del norte, centro y sur del continente, no se van a doblegar ante los abusos de poder del presidente gringo (es la primera vez que utilizo el término).

Hoy recordamos aquella parte cultural de la lucha social. En los años revolucionarios y de la posguerra mundial del siglo pasado, y también en otros momentos, surgieron expresiones artísticas de gran valor y trascendencia. Sería una enorme lista de artistas, hombres y mujeres que, con su talento, conciencia y civilidad ilustraron épocas inolvidables de la lucha social. Es enorme el acervo del quehacer gráfico periodístico, de la literatura, pintura, escultura, baile, cine, teatro. De todas las expresiones, incluso, en el deporte y la ciencia.

Podemos mencionar que el espectáculo musical del Supertazón, con el puertorriqueño Bad Bunny al frente, nos permitió ver una luz de esperanza al final del túnel y esa luz es la conciencia que se ha ido adquiriendo conforme han aumentado los abusos de los más poderosos y neoliberales gobiernos de Estados Unidos de América. El llamado a la unidad americana de Bunny se reprodujo 4 mil millones de veces en 24 horas. La población que vive sobre railes latinos, por así nombrarle, no se rendirá ante las declaraciones de invasión, acoso e imposición de aranceles absurdos. Nuestra opinión es que los gobiernos estadunidenses de cualquier partido “no la tienen fácil” ante un pueblo que se está levantando después de innumerables lustros de sometimiento capitalista, neoliberal y, ahora, neofascistas del continente. Lo pudimos ver: la conciencia, el deporte y la cultura pueden ir de la mano.

(Colaboró Ruxi Mendieta)

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