Editorial
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El enemigo común
A

l participar de manera virtual en un foro organizado por la cadena Al Jazeera, la relatora especial de la Organización de Naciones Unidas (ONU) para los Territorios Palestinos, Francesca Albanese, describió como un desafío “el hecho de que, en lugar de detener a Israel, la mayoría de los países del mundo lo hayan armado, le hayan proporcionado excusas políticas, un paraguas político y también apoyo económico y financiero” para cometer el genocidio contra el pueblo palestino que tiene lugar desde 1948 y se aceleró a partir de octubre de 2023. Asimismo, denunció como enemigo común al sistema que no permite llevar ante la justicia y poner fin a los crímenes de Israel.

En respuesta, París y Berlín han pedido la renuncia de Albanese por considerar “escandalosas y culpables sus declaraciones que no se dirigen al gobierno israelí, cuya política puede ser criticada, sino a Israel como pueblo y como nación”, que “ya se había permitido numerosos excesos en el pasado” y “no puede continuar en el cargo”. En lugar de defender a la funcionaria ante los ataques, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, seña-ló que no comparte el “lenguaje” de la relatora especial.

La embestida contra Albanese denota la incomodidad de las potencias occidentales con una de las poquísimas voces que ha tenido la valentía, la congruencia y un auténtico sentido del deber para denunciar la limpieza étnica desatada por Tel Aviv no sólo en Gaza, sino también en Cisjordania. Al pedir, exigir, la destitución de la diplomática italiana, los gobiernos de Friedrich Merz, de Emmanuel Macron y los que se sumen al golpeteo no hacen sino confirmar los dichos de Albanese y exhibir hasta qué punto está dispuesto a llegar el sistema de complicidades para facilitar el exterminio del pueblo palestino. Cuando estos dirigentes hacen más para remover a quien denuncia un genocidio que para detener a quienes lo perpetran, recuerdan que Albanese no sólo tiene razón: se queda corta en sus aseveraciones.

Es preciso remarcar que la dimisión de Albanese incrementaría la vulnerabilidad del pueblo palestino al eliminar uno de los pocos resquicios en el muro de silencio impuesto por Israel, sus aliados y la práctica totalidad de los grandes medios de comunicación, cuyas direcciones deponen, hace mucho tiempo sacrificaron la verdad al servicio del sionismo. Sería de particular gravedad en momentos en que Estados Unidos se apresta a completar lo iniciado por Israel mediante el robo de toda la tierra de Gaza y su conversión en una serie de complejos turísticos, residenciales y corporativos para ricos y ultrarricos, mientras el régimen de Benjamin Netanyahu acelera la creación de asentamientos ilegales con el desplazamiento forzoso de palestinos en Cisjordania.

Hoy nadie puede cerrar los ojos ante la realidad: como ideología colonialista y de supremacismo racial, el sionismo y quienes le prestan apoyo material, político, diplomático o propagandístico, así como quienes prefieren mirar hacia otra parte para preservar oportunidades profesionales y de negocios, sin duda son el enemigo común de toda nación, todo pueblo, organismo y persona que defienda la libertad de expresión, el derecho a la vida, la justicia, la tolerancia, la autodeterminación y la dignidad humana.