La retrospectiva fue curada por Patrizia Cattaneo Moresi, una de las grandes expertas en estos temas
Jueves 12 de febrero de 2026, p. 3
Madrid. El llamado arte urbano se originó en los años 50 en los callejones oscuros de Nueva York, cuando chicanos y jóvenes marginales del extrarradio expresaban su malestar con el sistema, con la explotación capitalista y la discriminación racial. Ahí nació una de las expresiones más interesantes de nuestra época, la cual ha evolucionado hasta convertirse en uno de los grandes atractivos del “mercado del arte”, con creadores como OBEY, Keith Haring, Jean-Michel Basquiat, Zevs, Invader o el archipopular Banksy. La Fundación Canal de Madrid decidió sacar ese arte urbano de la calle para meterlo en un museo y explicar su evolución, e incluso aventurarse a vaticinar su futuro inmediato.
Arte urbano: De los orígenes a Banksy, retrospectiva que exhibe la Fundación Canal, fue curada por una de las grandes expertas en este tipo de movimientos, la italiana Patrizia Cattaneo Moresi, quien logró reunir algunas de las piezas más icónicas de este fenómeno rupturista y rebelde que cuestiona las bases de la historia del arte, incluido el museo o la figura de la galería.
El arte urbano utiliza los espacios públicos como lienzo; las calles, las paredes, los vagones de tren son el espacio, muchas veces efímero, donde se plasma esa idea o figura. Desde sus comienzos, sus precursores lo vieron como un desafío a los cauces más tradicionales del arte, proponiendo expresiones creativas vinculadas con la vida cotidiana de las ciudades, desempeñando un importante papel en la transformación de los espacios públicos y generando nuevas formas de interacción y participación ciudadana.
Además, fue visto como un vehículo de denuncia social, al evidenciar problemáticas como la desigualdad, el racismo o la gentrificación, debido a su carácter casi siempre ilegal y efímero, con una fuerte carga de controversias y enfrentamientos con las autoridades sobre la propiedad del espacio urbano. De hecho, el grafiti sigue siendo penalizado en la mayoría de los países y ciudades del mundo, si bien en numerosas metrópolis se ha convertido en un orgullo de su propio pasado y así lo exhiben, por ejemplo en Berlín o Glasgow.
Más de 60 piezas, que presentan un recorrido por el arte callejero, incluyen épocas, técnicas, estilos, medios y materiales diversos.
En el apartado dedicado a los años 70 se hurga en los orígenes, especialmente en Nueva York, con la proliferación de tags en los vagones del Metro y las paredes de la ciudad. En la siguiente década este movimiento se expandió rápidamente por otras ciudades: Londres, Berlín, París o Sao Paulo, con otras técnicas y estilísticas: murales, plantillas, pósters, pegatinas o mosaicos. Es cuando surgen la mayoría de figuras referenciales como Haring, Basquiat, Banksy, Blek le Rat y Shepard Fairey.
La siguiente etapa supone una gran expansión internacional durante la que se privilegia la importancia del mensaje sobre la firma. La calle deja de ser sólo un espacio de combate identitario para convertirse en un espacio discursivo. En la actualidad asistimos a una todavía mayor globalización y legitimación, con la creciente presencia de murales y proyectos en equipo, la aparición de festivales y ferias, así como una mayor documentación de las obras, vía Internet y redes sociales.
Al final de la exposición hay una sala dedicada a Banksy, el artista más popular y mejor cotizado de este movimiento, donde también se abre una reflexión acerca del futuro con dos series de fotografías documentales sobre el impacto del arte urbano en espacios públicos y, más aún, en monumentos de patrimonio histórico y bienes culturales.
Y la pregunta sigue siendo, en algunas partes, la misma que surgió en los orígenes del arte urbano en el Nueva York de las pandillas y la fragmentación racial: “¿esto es arte?”












