Cultura
Ver día anteriorJueves 12 de febrero de 2026Ver día siguienteEdiciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio
Exhiben en Londres dibujos, bocetos y grabados nunca vistos de Lucian Freud

El diálogo entre sus obras permite ver lo que el pintor escudriñaba en las personas que posaban para él

Foto
Portrait of a Young Man (1944) y David Hockney (2002), obras incluidas en Lucian Freud: Del dibujo a la pintura, exposición abierta al público hasta el 2 de mayo en la National Portrait Gallery.Foto ©The Lucian Freud Archive. Todos los derechos reservados 2026 / Bridgeman
Images / Colección privada
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Jueves 12 de febrero de 2026, p. 2

Londres. La muestra Lucian Freud: Del dibujo a la pintura, que abre sus puertas hoy en la National Portrait Gallery, ofrece la oportunidad de ver la obra de uno de los más grandes pintores británicos de manera exhaustiva, desde sus creaciones infantiles hasta una gran colección de dibujos, bocetos y grabados nunca vistos, que entran en diálogo con sus conocidas pinturas.

La exposición plasma que, contrario a lo convencional de hacer dibujos preparatorios para la pintura, Freud, en su proceso creativo, elaboraba una serie de bocetos de la pintura completa para ayudar a su memoria a plasmar sus observaciones sobre la condición humana, que distinguen su obra.

Freud se siente cercano en esta gran exposición que abarca seis salas. Son 174 obras del artista que nació en Berlín, pero que viajó muy joven a Londres, ciudad en la que se consideraba muy afortunado de vivir, entre otras cosas, por la calidad de su luz.

Hace falta tiempo para saborear la lectura que ofrece la curadora Sarah Howgate, quien durante la exhibición de prensa invitó a los asistentes a que disfrutaran y observaran con cuidado muchas de las obras nunca vistas del artista británico y que difícilmente se volverán a apreciar en público.

La National Portrait Gallery, sede de la exposición hasta el 2 de mayo, tiene la fortuna de haber heredado el archivo de Lucian Freud, a cargo de Andrew Dawson, artista y colaborador cercano del más grande pintor realista del siglo XX.

Dawson aportó a la exposición una docena de dibujos infantiles realizados por el nieto de Sigmund Freud que fueron rescatados por su madre antes de que escaparan de Berlín.

Este diálogo entre dibujos, bocetos, grabados y pinturas permite ver lo que captaba el ojo y qué era lo que el pintor estudiaba meticulosamente en sus familiares y amigos que posaban para él, comprometiéndose a duras faenas que podían durar meses.

Lucian Freud iba a los museos, “como quien va a consultar a un doctor”, tal como afirmó en una de sus escasas entrevistas; tardaba miles de horas para hacer sus cuadros, que pintaba de pie y, en sus últimos años, sentado en una silla alta.

Sin embargo, el retrato de la reina Isabel II da muestra del paradigma de que la tarea se extiende de acuerdo con el tiempo que se tiene; con la entonces soberana británica fue reducido, por lo que hizo un cuadro de formato pequeño al que después tuvo que agregar una parte a fin de tener espacio para la corona de diamantes, que él le solicitó que se colocara.

El retrato prestado a la exhibición por el rey Carlos III es Freud con su distinguido estilo, no se percibe la prisa, pero si llevó preparación, practicó haciendo un retrato de dimensiones similares al de su amigo de toda la vida, John Richardson, biógrafo de Picasso, que se expone junto al de la reina en la misma sala donde se encuentra el retrato del pintor David Hockney.

Richardson, conocedor de la obra de Freud, coincide con él, en una entrevista en YouTube, en que el surrealismo en sus orígenes se escribía con guion y hacía referencia, según Picasso, a una hiperrealidad, término transformado posteriormente por André Breton para concederle la perspectiva onírica y fantasiosa.

En este renglón de la hiperrealidad cabe la pintura de la cebra frente a una mesa con membrillo que se considera la obra más “surrealista" de Freud, bajo la influencia de Dalí, colocado en la exposición al lado de un dibujo de una cebra unicornio.

Una fuerte presencia en la exposición son sus autorretratos. Freud consideraba que para pintarse a sí mismo era necesaria una disociación: “tienes que pintarte como si pintaras a otra persona” y aclaraba llamarlos “reflexiones” no por pensar en ellos detenidamente, sino por tener que verse reflejado en un espejo.

A Freud le encantaba la luminosidad de Londres porque consideraba que pintar con mucha luz era más difícil, pero al pintar a su madre, Lucy, buscó el reto de usar mucha luz directa, logrando un retrato que deja patente una combinación de mucha sensibilidad, sin sentimentalismo.

Sus hijos, sus esposas, sus amantes, sus padres y sus amigos, todos forman parte del despliegue freudiano mostrado –en gran parte– de manera cronológica para dejar apreciar la evolución del artista que ayuda al espectador a abrir los ojos hacia la profundidad de los seres humanos.