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Otro cripto tropiezo
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as condiciones que prevalecen en la economía mundial, como son la deuda pública, los déficits fiscales, la inflación que erosiona el poder de compra de las monedas, las pautas cambiantes del comercio y los flujos de las inversiones y la incertidumbre han llevado a un ajuste en las estrategias de inversión financiera. Esto impulsa, entre otras cosas, la opción de convertir las tenencias de títulos en otro tipo de activos, como son el oro y los bienes raíces, que funcionan como medios para preservar la riqueza, o incluso bitcoin, un activo digital cuyo precio se basa en la escasez.

Bitcoin alcanzó un precio de 124 mil dólares a principios de octubre de 2025 y cayó hasta 63 mil dólares el 5 de febrero pasado; es el precio más bajo desde noviembre de 2024. El diario The Wall Street Journal describió la situación como un “traqueteo en criptolandia”.

Nouriel Roubini, asiduo crítico de las criptomonedas, publicó un artículo hace unos cuantos días en el que apunta a que la reciente zambullida de bitcoin demuestra la naturaleza altamente volátil de las que denomina como una clase de seudoactivos. El más reciente episodio de euforia en torno a bitcoin surgido hace un año había generado la expectativa de que su precio llegaría a 200 mil dólares, o aún más, a final de 2025, lo que claramente no ocurrió.

Las criptomonedas, además, no reaccionaron positivamente, como también se suponía que lo harían, ante los riesgos que se advertían en términos geopolíticos, a la imposición de tarifas o, incluso, a la pérdida de valor del dólar frente a otras divisas. Frente al oro, que funciona como un refugio ante la inestabilidad monetaria y subió de precio, bitcoin ha caído, así que como cobertura ante el riesgo, no ha funcionado.

Cada vez que ocurre un desplome del precio de bitcoin surgen críticas respecto a la naturaleza y función de esa criptomoneda, mismas que se extienden a otras como las denominadas monedas estables ( stablecoins); tal es el caso de Tether, cuyo precio bajó 40 por ciento desde agosto pasado.

El caso es que luego de meses de caída en el precio, la llamada industria cripto está inmersa en una de sus crisis periódicas. El diario The New York Times reportó que el precio de las acciones de las empresas que tratan con criptoactivos también se han caído. Eso ocurre, por ejemplo, con la firma Strategy, que compra grandes cantidades de bitcoins estimadas en un valor de 58 billones de dólares: el precio de su acción está hoy 75 por ciento abajo que en noviembre de 2024.

En 2022, quebró de modo estrepitoso la firma FTX con un fraude del orden de 8 mil millones de dólares. Ahora el mercado fue afectado de modo relevante por prácticas muy riesgosas en las que los operadores elevaban su nivel de endeudamiento para hacer “apuestas” más grandes y con ello aumentar los riesgos ante las caídas de los precios. Una de las conclusiones a las que se llega es que incluso aquellas criptomonedas que tienen mayor operación y aceptación en el ámbito político, de las empresas y los bancos son muy volátiles. Esa situación no implica que la industria colapsará, pero tampoco que su comportamiento sea inocuo. Hay un rasgo especulativo de tipo clásico en ese mercado: comprar barato y vender caro, sin una consideración acerca del valor subyacente de activo en cuestión.

Yanis Varoufakis, también un crítico constante de las criptomonedas, discute el caso de las monedas estables, que son emitidas de manera privada y supuestamente están respaldadas por reserva en dólares. A diferencia de bitcoin y otras criptomonedas que no están atadas a ningún valor externo y que fluctúan de modo constante y en ocasiones de modo significativo. No obstante, dice Varoufakis que este tipo de monedas pueden estar preparando una sacudida en el mercado, ya que los emisores tienen el incentivo de crear más monedas que las reservas que deben amparar su valor. Puesto que esos emisores mantienen buena parte de dichas reservas en los bancos, esto puede dar lugar a que la demanda para convertir monedas estables en dólares provoque una corrida bancaria. Ésta ocurre cuando un gran número de depositantes pretenden de modo simultáneo retirar sus depósitos de una institución financiera ante el temor de que ésta se haga insolvente.

Las derivaciones y las consecuencias de este tipo de innovaciones en materia del dinero, el crédito, las finanzas públicas y demás están en una fase de conformación. Es difícil predecir cómo se diseñará un sistema monetario sobre esas bases y cómo será el periodo de transición. Es previsible una pugna entre diversos actores dominantes y una exigencia de adaptación para el público en general. Una vez más, se exhibe el hecho de que el dinero y el crédito, el complejo sistema de deudas que compone el sistema económico, es inherente a una sociedad de mercado. Este sistema tiende, hoy, a extenderse de modo desmesurado y, así, aumentan las posibilidades de un desbordamiento de graves consecuencias.