Lunes 9 de febrero de 2026, p. 22
Dubái. El canciller iraní, Abbas Araghchi, reiteró ayer que su país nunca renunciará a su derecho a desarrollar y explotar la energía nuclear pacífica, incluido el enriquecimiento de uranio; además, reivindicó que la “mejor bomba atómica” de la república islámica resultó el poder decir “no” a las grandes potencias, y afirmó que nadie tiene derecho a dictar qué debían tener o dejar de tener.
Araghchi aseveró que la fortaleza de Irán radicó en su capacidad de rechazar la dominación externa. “Temen a nuestra bomba atómica, pero nosotros no buscamos una. Nuestra bomba atómica es el poder decir ‘no’ a las grandes potencias”.
Subrayó que Teherán insistió en mantener el enriquecimiento de uranio incluso ante presiones militares y dejó claro que las negociaciones indirectas con Washington del viernes pasado se circunscribieron exclusivamente al ámbito nuclear. También afirmó que el despliegue militar estadunidense en la región no intimidó a la república islámica.
Mientras, en la capital de Estados Unidos el secretario del Tesoro, Scott Bessent, se jactó de que su estrategia monetaria contribuyó a provocar una crisis financiera en Irán. Ante el Comité de Economía del Senado, describió el jueves pasado lo que definió como medidas para crear deliberadamente una escasez de dólares en Irán que derivó en la quiebra de uno de los mayores bancos iraníes, al que no identificó, lo que precipitó la caída libre del rial, aceleró la inflación y desembocó en protestas masivas a finales del año pasado y durante enero.
Las autoridades iraníes atribuyeron esos disturbios a la injerencia de Estados Unidos e Israel.
El viernes, Bessent declaró que su agencia “seguirá apuntando a las redes iraníes y a las élites corruptas que se enriquecen a expensas del pueblo. Como ratas en un barco que se hunde, el régimen está transfiriendo frenéticamente fondos robados a familias iraníes a bancos e instituciones financieras de todo el mundo. Tengan la seguridad de que el Tesoro actuará”, indicó en un comunicado.
Por otra parte, un tribunal iraní condenó a la ganadora del Premio Nobel de la Paz Narges Mohammadi a seis años de prisión por asociación y colusión para cometer delitos, según informó su abogado Mostafa Nili. La sentencia incluyó además un año y medio adicional por actividades de propaganda, una prohibición de salida del país por dos años y destierro por el mismo periodo a la ciudad de Jusf. El veredicto no resultó definitivo y puede ser apelado, de acuerdo con su abogado, quien expresó preocupación por el estado de salud de la activista y solicitó su liberación bajo fianza para recibir tratamiento médico.












