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En jornada artística de 11 horas, creadores y colectivos denunciaron el genocidio en Gaza
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▲ Fiesta, historia y lucha se conjuntaron en el encuentro que acabó a las 22 horas con un fandango por la paz y la vida.Foto Jesús Gómez
 
Periódico La Jornada
Domingo 8 de febrero de 2026, p. 4

La plaza Palestina, instalada en el primer cuadro de la capital mexicana, amaneció ayer como territorio simbólico: punto de partida y horizonte ético del acto Un rumor se levanta: Algo sucederá en la ciudad…

Se trató de una jornada de más de 11 horas en la que música, poesía, arte visual y palabra colectiva se entrelazaron para denunciar el genocidio en Gaza, territorio palestino, y tender puentes con otras luchas que impactan a México y el mundo.

Palestina no apareció como una causa distante. Fue evocada como herida abierta: un espacio ocupado que dialoga con el despojo, la militarización, el extractivismo y las violencias presentes en múltiples geografías.

Desde el templete, activistas y colectivos nombraron la plaza “territorio libre de apartheid”, y la definieron como lugar de memoria en disputa y dignidad, donde la cultura se ejerce también como acción política.

El acto comenzó a las 11 horas con la presentación del libro ¿De qué nos van a perdonar?, publicado por la Fundación Rosa Luxemburgo-Stiftung, con la participación de la periodista Gloria Muñoz Ramírez, colaboradora de esta casa editorial, la investigadora y activista Cristina Híjar y el artista gráfico Antonio Valverde.

La publicación reúne 30 testimonios de luchas actuales, acompañados por 30 grabados conmemorativos del 30 aniversario del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Híjar subrayó el origen político de la pregunta que da título al libro. “Son 30 testimonios, 30 grabados. Es la pregunta de un comunicado del EZLN del 18 de enero de 1994”.

A más de tres décadas del alzamiento, la interrogante fue retomada como una interpelación vigente, convertida en un llamado activo a la organización colectiva, con la premisa de que ninguna resistencia debe permanecer aislada.

La edición gráfica y literaria se planteó como un ejercicio de articulación internacional. Textos e imágenes denuncian agravios concretos –en torno al agua, el territorio y los derechos colectivos– y trazan un mapa de luchas que conecta comunidades en México con Palestina, Kurdistán, la Amazonia y la Patagonia.

Desde ahí, el zapatismo apareció como inspiración y posibilidad para la construcción de alternativas al “mal vivir”, en diálogo con procesos comunitarios actuales.

Antonio Valverde centró su intervención en el papel político del arte. Denunció la individualización de la lucha como estrategia de desmovilización social y señaló que el terror impuesto por el crimen organizado opera como una forma de contrainsurgencia.

También criticó el despojo territorial, la criminalización de la protesta y la tibieza de la política exterior frente a Palestina, y llamó a artistas y talleres gráficos a producir imágenes que acompañen las luchas sociales.

Gloria Muñoz destacó el carácter autogestivo de la actividad y subrayó que no había mejor lugar para presentar el libro que la plaza Palestina. Reafirmó que el zapatismo no se conjuga en pasado: “es presente, es femenino y es plural”.

En el proyecto editorial se involucraron más de 60 personas y se realizó en apenas tres semanas. Decenas de asistentes recibieron un ejemplar de cortesía.

A lo largo del día participaron, entre muchos otros, agrupaciones musicales y escénicas como La Mosca con Smoking, Los Nakos, Botellita Retornable, León Chávez Teixeiro, Francisco Barrios El Mastuerzo, Las Musas Sonideras y Mexican Sound System, así como compañías de danza contemporánea como Pendular, La Coraza y Barro Rojo, que llevaron al escenario fiesta, historia y lucha compartida.

El encuentro cerró a las 22 horas con un fandango masivo por la paz y la vida.