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El MAM recobra su vocación original de experimentación con la muestra Jardín inconcluso
 
Periódico La Jornada
Viernes 6 de febrero de 2026, p. 5

Más que una exposición, Rafael Lozano-Hemmer: Jardín inconcluso es una experiencia sensorial inmersiva que suscita el azoro y la reflexión. En ella, las fronteras entre arte, ciencia y tecnología se diluyen para crear un espacio de comunidad y, al mismo tiempo, apelar a la individualidad de nuestra esencia humana.

Con esta muestra nocturna, según sus organizadores, el Museo de Arte Moderno (MAM) recupera y fortalece su vocación experimental fundacional, abriéndose a nuevos lenguajes y a un diálogo activo con sus públicos.

Si bien podrá ser visitada por el público a partir del 11 de febrero, fue inaugurada la noche del miércoles con un recorrido encabezado por la secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza; la directora del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (Inbal), Alejandra de la Paz; la directora del museo, Marisol Argüelles; la delegada general de Quebec en México, Stéphanie Allard-Gómez, y Lozano-Hemmer.

“Esta exposición trata de que el museo recupere o fortalezca su vocación de experimentación, como surgió; que dialogue con los públicos, con la tecnología; que el público habite los museos desde otro lugar. No podemos pensarlo de la misma manera que cuando surgió”, sostuvo Curiel de Icaza.

Tras calificarla de proyecto “muy ambicioso”, De la Paz apuntó que la muestra “abre las posibilidades del museo más allá del recorrido habitual”, y conjunta en su jardín arte y tecnología, de la mano del artista mexicocanadiense.

Marisol Argüelles destacó que esta propuesta hace retomar parte de la vocación del MAM, fundado en 1964 para resguardar el arte moderno, pero también para dar entrada a creadores que exploraban nuevos lenguajes. “Ha sido un camino interesante, desafiante”, dijo.

El itinerario de la muestra –con una longitud de casi un kilómetro y diseñado para recorrerse de noche– comienza en el exterior del museo con Faro colisionador (2026), pieza que integra una luz giratoria cuya intensidad responde a la radiación cósmica –invisible a simple vista– detectada por un sensor a la medida. Son dos haces que se entrecruzan formando un triángulo en el firmamento, funcionando como un marcador del tiempo.

Ya dentro del recinto, en Cuerdas vocales (2019), la cúpula del vestíbulo sirve como pantalla para proyectar las cuerdas vocales de poetas que leen fragmentos de un texto. La interacción se intensifica en Calzada de voces (2026), que traduce las palabras de los visitantes en líneas de luz centelleantes proyectadas en dos intercomunicadores, mezclándose con 340 grabaciones históricas de la Fonoteca Nacional.

Caudales resurgentes (2026) está dedicada a la poesía indígena contemporánea de México. En ella, las palabras aparecen como flujo de letras que se desplazan en trayectorias únicas controladas por ecuaciones de dinámica de fluidos, activadas por la presencia del público.

Atmosfonía de campo (2026) es una instalación conformada por 3 mil pequeñas bocinas –con más de 60 kilómetros de cable– que reproducen paisajes sonoros cambiantes, realizados a partir de grabaciones de campo –con sonidos naturales, humanos y mecánicos– que se activan con el movimiento de los espectadores.

El diálogo con la tradición artística se establece en Homenaje a Felguérez (2026), proyección asistida por computadora sobre la escultura El barco (1968), de Manuel Felguérez, pionero del arte digital en México, mientras Deriva térmica (2022) plasma en una gran pantalla el calor corporal como partículas de energía térmica dispersas en la atmósfera.

El recorrido culmina con una instalación espectacular: Jardín de corazonadas (2026). Integrada por 4 mil focos que palpitan al ritmo de los latidos cardíacos de los visitantes –captados por sensores–, la obra semeja un reflejo del cosmos o un bosque plagado de luciérnagas.

Acerca de ella, el artista reconoció la influencia de la cinta Macario, de Rafael Gavaldón, en específico la escena en la que el protagonista ve a la muerte apagando velas en una gruta. “Esto no es nada más que una versión digital de esa sensación de fragilidad”, explicó Lozano-Hemmer.

En la inauguración, el artista de 58 años, quien nació y creció en la Ciudad de México, expresó su emoción por presentar esta muestra en el MAM, museo que visitaba de niño. “Recuerdo venir a hablar a este domo y cómo me respondía. Desde entonces he pensado que el arte debe tener esta condición de eco de memoria”.

Subrayó que las nueve instalaciones –tres de ellas estrenos mundiales– están diseñadas para que cada visita sea única. “Son obras que te sienten, que te escuchan, que te miran y que esperan que tú participes con ellas para complementarlas”.

Aunque se emplea inteligencia artificial, robótica y sensores especializados, aclaró que la idea no es resaltar la parte tecnológica: “no estamos haciendo esto con tecnología por ser algo nuevo, sino insertarnos en tradiciones experimentales existentes en México desde hace mucho tiempo”.

Jardín inconcluso representa un montaje complejo y costoso, reconoció en entrevista Curiel de Icaza, quien aseguró que una muestra de esta envergadura “no cuesta menos de un millón de dólares”.

Al respecto, precisó que ahora se logró en “90 por ciento o más” mediante gestión con la embajada de Canadá, el gobierno de Quebec y el artista, quien aportó equipo.

Para sufragar parte de los gastos operativos de este proyecto de horario extendido –fuera del horario normal del museo–, se implementó un cobro de acceso.

La directora del Inbal precisó que “nadie lucra con proyectos como éste, es imposible. Nuestra misión es que se presente al público mediante un esquema que nos permita sufragar ciertos gastos”. Habrá fechas de acceso gratuito, agregó.

Marisol Argüelles anunció que tras una semana “de pruebas” la exposición abrirá al público el 11 de febrero, para concluir el 25 de abril. La capacidad será de 390 personas por noche los miércoles y jueves, y de 510 los viernes y sábados. En el primer caso, el horario es de 19 a 23 horas, y en el segundo, de 19 a cero horas.

El costo de entrada es de 150 pesos, con acceso programado cada 15 minutos.