Jueves 5 de febrero de 2026, p. 4
El artista neoyorquino Spencer Tunick ha realizado sus instalaciones masivas de desnudos al aire libre en muchas naciones. Sin embargo, estos trabajos siempre son por invitación. No siente tener “el derecho como extranjero de decir: ‘quiero trabajar aquí o allá. En cada país existe una larga tradición del desnudo en el arte. Entonces, llegar y sostener: ‘tengo que hacer esto en cierto lugar’, no me parece correcto. Siempre pregunto si cierta locación estaría bien o si tiene algún interés. Las personas también me proponen sitios. Soy un colaborador por invitación”.
Tunick se encuentra en México para una serie de actividades durante la Semana del Arte incluidas en el proyecto Algo más de Lola, organizado por Casa Basalta en colaboración con Saenger Galería. La primera fue una entrevista realizada “en la cama”, como parte de las conversaciones InBED, conducida por la “provocadora cultural y narradora” Klaudia Oliver –en cierto momento les acompañó Kristin Bowler, la esposa del artista–.
En la conversación, Tunick habló de sus primeros acercamientos con la fotografía antes de querer ser artista, su manejo de multitudes, la relevancia de trabajar al aire libre y, claro, de su mayor proyecto hasta el momento, la instalación en el Zócalo durante el amanecer del 6 de mayo de 2007, donde reunió a más de 19 mil personas.
Al respecto, recordó: “las personas en México estaban emocionadas con la idea de que hiciera una obra; el gobierno, no, así que nos rechazaron durante uno o dos años. Mireya Escalante, mi productora, dijo: ‘tenemos que acudir a la prensa e informarles que están rechazando el proyecto’. De esta manera la prensa confrontaría al gobierno y ejercería presión”. Para Tunick, si le hubieran concedido el permiso “de inmediato” tal vez hubiera atraído a unas 5 mil personas para posar, pero la negativa aumentó el interés del público.
“En la actualidad, si usara la inteligencia artificial no tendría que preocuparme por la aparición del sol y el resplandor que produce. Días antes había probado para ver a qué hora tenía que empezar la sesión fotográfica y cuándo tenía que parar, que era en el momento que el sol ya estaba arriba de Palacio Nacional. Así que era como un vampiro: tenía que crear arte antes de que me pegara el sol. Las personas estaban en una especie de cañón que era el Zócalo y yo arriba en el restaurante de un edificio gritando instrucciones, con la urgencia de terminar y colocar a los participantes en posición. La precisión era increíble”, agregó el fotógrafo.
Hubo un momento en que Tunick creyó que iba a fallar. “Desplegar a las personas en el Zócalo, una por piedra, fue la cosa más difícil que he hecho. En cierto momento les pedí acurrucarse en una bolita, lo que significó que la cabeza de la persona estaría pegada el trasero del de junto, cosa que no gustó. Mientras me peleaba con el amanecer, los participantes no me hacían caso. Entonces, grité algo como ‘en nombre de mi abuela, por favor, hagan eso por mi’. Por fin todo el mundo se agachó y se hizo bolita, además de hacer otras posiciones”.
El artista mantiene la idea de que “nadie es dueño de tu cuerpo. Si el gobierno dice que sí, en especial en un espacio público, eso no es bueno. Tu visión de cómo ves tu obra artística no debería ser juzgada como una actividad interna. El mundo es bello, también el exterior. Deben de estar disponibles como locaciones, o telas en blanco, los edificios y rascacielos, así como los caminos que se asemejan a los ríos, como paisajes citadinos o corporales que fluyen. No me gusta que me digan que me quede adentro. Soy una persona de exteriores. El hecho de no mantener mi obra en interiores es una de las cosas que da poder a las personas”.
Actualmente hay muchos artistas que trabajan con grupos de desnudos. Tunick espera que las personas jóvenes continúen “empujando las fronteras”. En cuanto a su propio trabajo, “extraño fotografiar individuos, explorar ideas y experimentar de una manera más íntima”. Así fue como empezó su carrera en la primera mitad de los años 90, fotografiando desnudos en forma individual en las calles de Nueva York. En ese entonces el problema fue encontrar modelos que no eran profesionales. Su táctica consistió en acercarse a las personas y preguntar si les interesaba “emprender una aventura urbana” desnudos con él al amanecer. De su cartera sacaba unas fotos pequeñas de trabajos anteriores, recortadas de una hoja de contacto, que repartía. Siempre le ha obsequiado a cada uno de los participantes una fotografía firmada de la sesión.
¡Que sigan las aventuras urbanas de Spencer Tunick!











