Los grupos melódicos utilizan la música “para promover la justicia social y unir a la gente”
Miércoles 4 de febrero de 2026, p. 7
Nueva York y Washington. De pronto brota un baile en medio de una marcha en Mineápolis, con una canción clásica como Stand by Me, tocada por una banda de metales que ya forma parte integral de las movilizaciones en esa ciudad que se ha vuelto epicentro de la resistencia contra las políticas y medidas antimigrantes y la represión del gobierno de Donald Trump.
Brass Solidarity es una banda formada en 2021 como parte de las magna respuesta popular al asesinato del afroestadunidense George Floyd en Mineápolis por policías que detonó el movimiento nacional de Black Lives. Su propósito, dicen, es usar la música “para promover la justicia social y unir a la gente”, algo que están logrando al acompañar, y dar ritmo, a la movilización [https://brasssolidarity.com/]. Invitan a otros músicos a sumarse y entre su repertorio hay canciones tradicionales de gospel, del movimiento de derechos civiles de los años sesenta, un poco de Nueva Orleans y otro de Motown (https://www.instagram.com/p/DUOeS FSkcxo/?igsh=MWtueGRiZ213anZ2 cw==).
Singing Resistance es un grupo nuevo que invita a cientos a sumarse a nuevas canciones a capela en Mineápolis, nuevas canciones que se vuelven himnos de su movimiento. Nacieron con este movimiento, y de repente, en el frío extremo de Mineápolis, se escucha el calor de las voces llamando a la perseverancia y solidaridad. “Esto es para nuestros vecinos que están encerrados adentro / Juntos vamos abolir a ICE” es una; “No tengo miedo, no tengo miedo / Viviré por la liberación porque sé para qué me hicieron”, cantan en inglés y español.
Perseverancia y solidaridad
En un puente famoso en Mineápolis, múltiples baterías de tambores empiezan un diálogo y juegan durante horas como expresión de resistencia. Y en las redes sociales aparecen corridos en español sobre lo sucedido en Mineápolis y en solidaridad con el movimiento (https://www.youtube.com/watch?v= 1mR6J2Z7kMg y https://www.youtube.com/watch?v=y7 bhSULbuqk).
De hecho, este movimiento nacional de resistencia nació en español, con las primeras movilizaciones contra el asalto federal antimigrante en Los Ángeles encabezadas por migrantes latinos y sus aliados. De pronto, aparecía en frente de un centro de detención de inmigrantes un camión con una banda local famosa cantando La cumbia de la migra (https://www.youtube.com /watch?v=pwhdBj3W0ME]. Mariachis y rock y rap en español contribuyen, y de repente con la llegada de aliados afroestadunidenses, filipinos y de otros países, los ritmos incorporaron un mosaico de sonidos universales.
En las marchas y mítines de la resistencia contra los abusos de las redadas antimigrantes alrededor del país, el ritmo lo marcan bandas de metales, coros, batucadas, y otros músicos, la expresión contemporánea de una larga tradición musical de lucha y solidaridad, de animar y consolar y bailar contra la opresión en todas sus formas.
Esto se repite alrededor del país, a veces más, a veces menos. Incluye expresiones de artistas casi anónimos en las calles junto con algunos de los músicos más famosos del mundo, incluyendo a Bad Bunny, Bruce Springsteen, Lady Gaga, Tom Morello y más.
En Nueva York, Elijah, un educador de música, y sus colegas, ofrecen ritmo para una de las recientes marchas contra Trump y en solidaridad con Mineápolis, y carga una mochila llena de instrumentos de percusión, “siempre está abierta”, comenta a quienes se acercan a la música, invitándolos a participar –y de repente a su alrededor la marcha se vuelve baile. Bandas de metales y grupos de batucada a veces aparecen para transformar las consignas en cantos, y a veces hasta cientos cantan Bella Ciao con ellos.
En varias partes del país, se entonan canciones y baile a todo volumen frente a hoteles donde se hospedan agentes del ICE, parte de una táctica que busca expulsarlos con sonido.
No cabe duda de que la participación de músicos famosos eleva de inmediato el perfil de los movimientos. La canción de Bruce Springsteen Streets of Minneapolis, en solidaridad con el movimiento ya superó más de 5 millones de vistas en los primeros cuatro días en YouTube, sin contar las otras plataformas. Las declaraciones de artistas famosos en los Grammy en defensa de inmigrantes como Bad Bunny, Billy Eilish, Olivia Dean y otros tuvieron un impacto inmediato en el mundo mediático y político.
Al recibir el galardón máximo en los Grammy, Album del Año, primera vez que gana un disco todo en español, Bad Bunny se lo dedicó a los inmigrantes [https://www.jornada.com.mx/2026/02 /02/espectaculos/a31n1esp]. Una trabajadora doméstica ecuatoriana en Nueva York contó casi con lágrimas de entusiasmo lo que vio. “A mí no me gustaba Bad Bunny, pero ahora sí, lo que dijo sobre los que dejamos atrás, me pegó. Y lo dijo en español”.
Tom Morello no sólo realizó un concierto de solidaridad en Mineápolis la semana pasada, donde el huésped especial fue Springsteen, también se sumó a las marchas en las calles donde comentó: “soy un agitador externo” acompañando en solidaridad a la resistencia en Mineápolis “para oponernos al terror de estado… y defender la democracia”.
Siempre ha sido así, todos los movimientos populares durante por lo menos un siglo tienen sus rutas sonoras –desde las luchas sindicales anarcosindicalistas con uno de sus líderes, Joe Hill, publicando un cuaderno de canciones, al blues del sur y después del norte, a las de la gran depresión y de luchas sociales que nacen en esa coyuntura, con el cantautor Woody Guthrie, que además del icónico himno This Land is Your Land también compuso la primera canción de protesta en inglés sobre inmigrantes mexicanos deportados, Deportee, como el movimiento folk de Pete Seeger, Bob Dylan y Joan Baez en los años cuarenta a los sesenta que, junto con el rock, acompañó a los movimientos de derechos civiles y antiguerra, como en los años setenta a los ochenta nuevas expresiones de rock de Patti Smith, Springsteen, Rage Against the Machine, Billy Bragg que también se volvieron parte integral de movimientos y cuyas canciones se cantaban en coros de miles, tal vez millones.
Lo notable es cuando todo esto resucita y se mezcla con lo nuevo, como en esta coyuntura, donde se escuchan rolas recién inventadas junto con otras de hace décadas, si no es que un siglo, como el de Pan y Rosas de la lucha sindical de trabajadoras inmigrantes a principios del siglo pasado.
Y algo nuevo que ya forma parte de la ruta sonora actual, los silbatos que llevan miles para alertar a vecinos de la llegada de la migra, o para convocar a la resistencia.











