Opinión
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Cineteca: El muro de la ciudad.El cine que no existe
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n septiembre de 2006 el otrora notable Canal 22 exhibió un filme jamás estrenado que formaba parte de un lote otorgado por Fundación Televisa y que incluía entre otras, algunas de las películas participantes en el Primer Concurso de Cine Experimental convocado en 1964. Se trataba de El muro de la ciudad (1964) escrito y dirigido por el debutante José Delfoss, guionista de Cuánto vale tu hijo (Mauricio de la Serna, 1961) que retrataba un México en construcción; el de las usurpaciones irregulares donde crecían clandestinamente ciudades perdidas en breve derruidas para levantar zonas residenciales.

Algo de eso respira en esta película “inexistente” que remite en parte a otros relatos de esperanzas frustradas de miles de mexicanos en busca de vivienda digna, equidad social y también sedientos de amor o algo parecido a ello en encuentros eróticos condenados por la sociedad (la diferencia de edades). Tónica de aquel cine experimental e independiente, que abordaba temáticas sociales, la crisis existencial y la sexualidad como lo muestran algunos filmes de aquel primer mítico concurso ( Tajimara, Un alma pura, En este pueblo no hay ladrones, El día comenzó ayer).

Es muy probable que Delfoss haya intentado participar en aquel certamen con El muro de la ciudad; filme queinaugura el nuevo ciclo de charlas en la Cineteca Xoco sobre ese “otro cine mexicano de los años sesenta a ochenta” a proyectarse todos los martes a las seis de la tarde. Se trata de un filme extraño, atípico, no sólo por su aparente concepción a medio camino entre el drama urbano y el cine experimental, con varios elementos genuinamente eróticos, sino por la suerte que corrió.

Pese a sus escasos recursos de producción y un argumento en apariencia trillado pero muy intuitivo, en lo que se refiere al tema de la frustración y los deseos inacabados de personajes oprimidos por una sociedad hostil e inclemente, la película resulta un documento inquietante y valioso que abre con escenas del Zócalo capitalino para hacer un recorrido por una ciudad hoy irreconocible de aquel 1964 con Gustavo Díaz Ordaz en la Presidencia. En ese sentido, El muro de la ciudad resulta un invaluable documental de época: Chapultepec, Bellas Artes, la Plaza Santos Degollado, Avenida Reforma, la antigua Basílica de Guadalupe, los autobuses foráneos a Oaxaca y el Istmo y la zona de Nonoalco: sus patios de trenes a un costado de Buenavista y la Unidad habitacional Tlatelolco en su fase final de construcción.

Fabián (Fernando Yapur), mecánico de trenes, vive con su esposa Elisa (Queta Carrasco) en la zona de trenes y ella atiende un puesto de periódicos; siendo ella mayor que él no le ha podido dar un hijo como él desea. Cohabita con ellos la solitaria y atractiva Blanca (la debutante Sandra Luz en su única película), hija de Elisa, joven de labios carnosos, algo desinhibida y también ingenua que exuda una inquietante sensualidad. Blanca y su padrastro, quienes se llevan unos 20 años, se desean. Ella se muestra provocativa en ropa interior a la hora de dormir y él la mira con deseo recostado al lado de su esposa y la cela.

En paralelo, se narra la historia de dos agentes de la policía. Uno de ellos, sigue las pistas de un ladrón y falso ciego vecino de Fabián y muy amigo de Blanca. La esposa del detective (Elvira Castillo) engaña a su marido con el otro agente. Durante el desfile del 20 de noviembre, el ladrón roba un collar valuado en 100 mil pesos: esconde la joya en una maceta, hecho del que se percatan Fabián y Blanca, pero el delincuente es capturado por el primer agente, en tanto que su compañero desea quedarse con la pieza para huir con la mujer de su amigo. Fabián toma el collar y se lo muestra a Blanca, quien antes se ha enfrentado con cuatro sujetos que han pretendido violarla, en una delirante escena alegórica. La cámara ubicada desde el punto de vista de ella: en el suelo, boca arriba, observa como los mozalbetes la rodean mientras deshojan una flor que ella lleva.

El muro de la ciudad habla de la injusticia, la soledad, la pobreza, la marginación, el engaño, el deseo reprimido, el rencor social. Lo hace de manera visceral, desordenada y en ocasiones cursi. No obstante, consigue un tono que transita de lo sinceramente experimental a lo realista, con algunas secuencias y situaciones crudas y bien logradas. Se trata de un filme maldito, dirigido por un realizador que desapareció sin dejar rastro.

El muro de la ciudad se exhibe el 3 de febrero en la Cineteca México sala 4 a las 18 horas. Entrada gratuita.