De aprovechar una coyuntura histórica
n la actual coyuntura, donde un peligro mayúsculo nos rodea como país y se va estrechando en razón de múltiples factores externos y mundiales, debemos aprovechar el consejo ancestral de “bajar el perfil y, como quien no está haciendo nada más que sobrevivir, tomar distancia para, llegado el momento, echar la carrera hacia adelante con todo el vigor y la sabiduría de lo y los mexicanos. Pues fue justamente la estrategia que, en su momento, permitió la supervivencia de esta nación y su cultura: la milpa compleja, pluricultivo único –con base en el maíz– y milenario, únicamente comparable a los arrozales acuáticos de Oriente y a los pluricultivos de tubérculos en los Andes y el cinturón ecuatorial del planeta.
Estudios de más de 20 años y artículos diversos, reagrupados en un libro patrocinado por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (aún inédito), permiten afirmar que si los miles de años de desarrollo de lo humano sobre la faz de la Tierra se deben al conjunto de pluricultivos que surgió en diferentes paralelos, junto con el desarrollo de lo humano (el hombre como tal), fue la ridícula suma de 2000 años que bastó para aniquilar el sustento virtuoso de lo humano y sustituirlo por la vertiente soberbia de la ciencia, concebida como el aparejamiento con “Dios”, o sea, la creación de lo previamente inexistente, hasta convertir en algo “divino” la capacidad de destrucción. En la que excelen las armas de ciertos países en el siglo XXI. Curiosamente hermanadas con el monoteísmo, cuyas características son la concepción del principio y el fin… Pero, ¿por qué todos los pobladores de este mundo, el día de hoy, en febrero de 2026 según el calendario que rige Occidente, debemos aceptar no sólo el lenguaje, las ideas, los parámetros, las ecuaciones… de una sola forma de pensamiento; es decir, una sola forma de ver la realidad e interpretarla?
Y, en caso de que alguien surja con la noticia de que sí se puede pensar con libertad, pero no se puede actuar con otras premisas que las del Occidente depredador, por qué arriesgar la vida, si la elección es justamente la paz, y por qué vivir con un calendario restringido y no con el que la naturaleza nos provee y prevé.
¿Será que, nosotros y nosotras tememos ser consideradoss animales prehistóricos porque desafiamos la ciencia moderna y pretendemos recuperar la ciencia que mostró sus beneficios durante al menos 5 mil años o muchos más y, en vez de profundizar en los saberes del pasado, nos sentimos obligados a abrazar las “nuevas teorías” y experimentos?
Pero, ¡ojo!, No se deje confundir el lector. No queremos vivir como en la Edad de Piedra, sólo creemos (y ya es mucho), que si la humanidad llegó al Año Cero de la Era Cristiana, deberíamos indagar con seriedad cómo le fue posible, en vez de sustituir, en cada región del planeta, por lo que unos cuantos humanos, cuya supervivencia los obligó a pelear por los insumos que debieron inventar, sustituir –repito–, lo que reunía todo de consumo con la naturaleza real y destruirlo, desaparecerlo, para el conjunto de la humanidad.
Los humanos de los siglos XX y XXI del calendario occidental aprendimos dos épocas con la natural confusión de quienes las inventaron y nos las enseñaron. Hace al menos 15 años trabajo este tema, que me hubiera gustado difundir y discutir con los militantes de mi partido, pero que la lógica interna de sus dirigentes me impidieron. Lástima. Pero no por esta coyuntura he renunciado a difundir la idea de que la única solución viable y virtuosa para el campo y el pueblo mexicanos es la recuperación social y productiva de las milpas variados a lo largo y ancho de nuestro recortado territorio. Pero no moriré sin tratar de llevarlo ahí donde sí comprenderán y apoyarán la recuperación de las dos virtuosas prácticas que permitieron surgir y desarrollarse a innumerables pueblos, tradiciones y pensamiento a lo largo y ancho del territorio que hoy habitamos y deterioramos con desenfado e ignorancia. Necesitamos abrir la discusión y pelear por la mejor solución para el fortalecimiento y viabilidad de México (y de otros países hermanos). El tiempo y la historia no nos perdonará la inercia.












