Opinión
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Desde otras ciudades

Saint Moritz, Suiza, naturaleza y lujo invernal

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▲ La Chesa Futura, del británico Norman Foster, moderna obra arquitectónica que alberga exclusivos departamentos en Saint Moritz.Foto Alia Lira Hartmann
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n pequeño poblado al sureste de Suiza, de 5 mil habitantes, tiene fama mundial por ser destino favorito de muchas celebridades; no sólo es un destino turístico, es símbolo de lujo y glamur. Aquí conviven aristócratas europeos, famosos, magnates y una clientela internacional acostumbrada al lujo discreto pero constante.

Saint Moritz logró algo extraordinario: convertir el invierno y la nieve en una industria turística, cultural y económica. Suiza supera si acaso 40 mil kilómetros cuadrados, está en el centro de Europa y comparte 2 mil kilómetros de fronteras con Alemania, Austria, Francia, Italia y el principado de Lichtenstein.

Se reconocen cuatro idiomas: alemán, italiano, francés y el retorrománico, practicado por pocos; el predominante es el alemán. Saint Moritz se encuentra en la región donde se habla alemán. Su diversidad está determinada por la territorialidad de los 26 cantones –comparados con estados– en los que se divide la nación. Tiene tres zonas geográficas y la de los Alpes es la más extensa con casi 70 por ciento de territorio montañoso.

Muchas de sus montañas rebasan los 4 mil metros y su impacto visual es sorprendente, la cumbres se encuentran cubiertas de nieve casi todo el año en su punto más alto; son más de mil kilómetros de glaciares bajo un cielo azul despejado.

Los inviernos en buena parte de Europa son grises; una de las bendiciones climáticas de Saint Moritz es que se calculan más de 300 días de sol al año y el espectáculo de los Alpes acariciados por los rayos del astro rey es fascinante; se dice que aquí el invierno no necesariamente se sufre, más bien se exhibe.

Hacia finales del siglo XIX los hoteles comenzaron a ofrecer actividades recreativas donde las gélidas temperaturas y la nieve se concibieron como atractivo especial, una idea que en su momento fue un tanto revolucionaria. Saint Moritz también fue sede de los Juegos Olímpicos de Invierno en 1928 y 1948.

Desde principios del siglo XX la élite cultural y política europea encontró aquí un refugio invernal. Escritores como el Nobel de Literatura alemán Thomas Mann, artistas, diplomáticos y miembros de casas reales contribuyeron a forjar esa aura exclusiva y cosmopolita con la que hoy se presenta al mundo.

Además del esquí, Saint Moritz alberga algunas tradiciones deportivas únicas en el mundo. Una es el polo sobre hielo; desde 1985 se organiza aquí la copa mundial. El espesor de la capa congelada del lago debe ser de 20 centímetros como medida de seguridad. También se organizan carreras de caballos sobre el lago. Estos eventos combinan deporte invernal, espectáculo y alta sociedad.

El cambio climático ha afectado el lugar, al igual que muchos otros destinos alpinos que enfrentan hoy un dilema. La disminución de nieve natural ha obligado a invertir en tecnología para garantizar la temporada invernal, máquinas que producen nieve son ahora parte del escenario; el consumo energético, la sostenibilidad y la incertidumbre sobre el futuro del turismo de montaña son preguntas sin respuesta.