Paloma
obrina de dos extremos de la literatura o de la cultura mexicanas, los hermanos José Luis y Juan Martínez –un integrado y un outsider, un en determinado momento político (fue diputado) y una especie de hippie-gurú, un fino prosista y un, dicen, visionario poeta–, la bailarina Paloma Martínez es la segunda de cuatro hijos del matrimonio de Nacho –Martínez, claro–, pintor que abandonó los pinceles en pro de la investigación y la enseñanza en el terreno del arte, y de una maestra normalista que en su tiempo (vive, es centenaria: Rosita Ortega) fue también dirigente sindical.
Paloma –siempre pensé en su nombre como de raíces picassianas (nunca le he preguntado)– vaya si tiene escuela: estudió ballet, bailó folclórico con Amalia Hernández en el país y en el extranjero, ha hecho danza moderna y contemporánea. A una edad en la cual no pocos profesionales prefieren no pisar los escenarios –acaba de estrenarse como abuela– sigue activa no sólo como maestra, algo más o menos previsible, o como coreógrafa, sino en lo suyo: bailar.
Es desde hace mucho una de las mejores bailarinas de la ciudad de Guadalajara (el poeta Felipe de la Cruz atajaría: “No: del mundo”), uno de los pilares, si no el mayor (imagino su carcajada ante, a su ver, tan osado como innecesario encomio) sí de los de mayor solidez en el ámbito dancístico tapatío, que muy desmejorado que digamos no, no está.
El caso es que en su tierra, también la mía, le acaban de entregar la Medalla Willy Aldrete, reconocimiento de la Universidad de Guadalajara a una vital trayectoria en las artes escénicas. Ignoro a qué otros galardones se haya hecho acreedora, es de suponer existan, pero asistí a un homenaje al que mi condición de periodista me permitió entrar siendo que el cupo estaba rebasado bastante antes del inicio. Fue en lo que fuera el Cine Variedades, espacio ya hace décadas renombrado Larva.
Me permito otro recuerdo: auspiciados por esa misma casa de estudios a finales de los 80 con, entre otros, Lola Lince, Pablo Serna (bailarín y pintor), la poeta Silvia Eugenia Castillero y los ya finados escritores Ramiro Aguirre y Víctor Manuel Pazarín, montamos tres recitales (música, textos, danza y actuación): Máscaras y cicatrices, Sin sosiego (pasajes de Pedro Páramo) y En una cajita de oro. Sea esta entrega un brindis por tales ayeres. Reel difundido por su hija: https://www.facebook.com/reel/
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