El magnate pide indagar asesinatos cometidos por agentes en Mineápolis
Estrellas de cine y deporte se suman a críticas a las redadas // Exigen renuncia de encargados de seguridad
Miércoles 28 de enero de 2026, p. 17
Washington y Nueva York. En respuesta a la creciente ira nacional por el comportamiento de los agentes de control migratorio en Minesota, el presidente Donald Trump declaró este martes que tiene la intención de “desescalar” la presencia federal en ese estado –lo más cercano a lo que se atreve para reconocer un error–, pero no logró callar los llamados para despedir al jefe de la Patrulla Fronteriza, Greg Bovino, y a la secretaria de Seguridad Interna, Kristi Noem.
Senadores republicanos exigieron que los titulares de las tres agencias federales que encabezan las operaciones antimigrantes se presenten a testificar la próxima semana y uno de ellos demandó el despido de Noem.
Por su parte, senadores demócratas expresaron estar dispuestos a frenar un proyecto de ley de financiamiento del gobierno federal, que debe ser aprobado el viernes para evitar un cierre de la burocracia nacional. Por otro lado, jueces federales solicitaron que estas agencias expliquen las metas de sus operaciones en Minesota que ya han resultado en la muerte de dos ciudadanos estadunidenses.
A la vez, más de mil organizaciones y agrupaciones sindicales, religiosas y defensa de derechos civiles enviaron una carta al Congreso con la demanda de suspender el financiamiento de estas agencias de control migratorio.
Toda esta presión generó una modificación en la retórica presidencial y aparentemente relevos de personal. Después de haber acusado primero a las víctimas de las balas de sus agentes de ser “izquierdistas radicales”, Trump declaró este martes que deseaba una investigación a fondo de ambas muertes.
El mandatario confirmó versiones de cambios de sus encargados de la operación antimigrante en Minesota, al ordenar a Bovino dejar el mando y hasta salir del estado, mientras encargó el futuro de las actividades al zar fronterizo Tom Homan, a quien instruyó que se reúna con el gobernador del estado y el alcalde de Mineápolis, ambos demócratas.
“Bovino es muy bueno. Es un tipo un poco exagerado, en algunos casos eso es positivo, tal vez no resultó aquí”, aceptó Trump a Fox News. “No creo que sea un repliegue, es un poco de cambio”.
Las escenas diarias de uso de fuerza excesiva de los agentes federales, combinado con los análisis microscópicos de los videos tomados por testigos de lo que algunos críticos llaman “ejecuciones extrajudiciales” de las dos víctimas, generaron repugnancia nacional por las tácticas antimigrantes del gobierno de Trump.
Cada día más personajes de cine y televisión, músicos y hasta atletas profesionales nutren la ola de repudio. La superestrella de basquetbol profesional Stephen Curry aplaudió las protestas en Mineápolis cuando él y su equipo llegaron a jugar un partido. “Fue bello ver la participación”, mencionó. El técnico del equipo Golden State Warriors, Steve Kerr, se sumó a la reprobación. La escuadra local, los Timberwolves, guardó un minuto de silencio antes del encuentro. Poco más tarde, la Asociación Nacional de Jugadores emitió un comunicado en el cual expresó su solidaridad con los manifestantes.
Whoopi Goldberg, la actriz ganadora del Óscar y ahora copresentadora del muy visto programa de charla The View en ABC, denunció en vivo, con lágrimas, “el segundo asesinato de un ciudadano” por los agentes federales en Mineápolis y acusó a Bovino y a Noem: “todos ustedes tiene sangre en sus manos”.
Sorprendió que hasta el rotativo derechista y casi siempre apoya al presidente, el New York Post, escribió en un editorial: “Presidente, el pueblo estadunidense no votó por estas escenas y usted no puede continuar ordenándoles que no crean en sus ojos”.
“¿Estamos en un punto de inflexión sobre política de inmigración?”, preguntó Amy Walter, de la muy influyente publicación Cook Political Report. “Sobre temas como manejo de la frontera y deportar personas aquí ilegalmente, Trump tiene aprobación positiva. Sin embargo, cuando se trata del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), los estadunidenses creen que sus tácticas “son demasiado extremas”.
El presidente ha presentado su ataque a Mineápolis, Chicago, Los Ángeles, Nueva York, Seattle y otras ciudades como un esfuerzo para combatir la “ilegalidad” en ciudades bajo mando de los demócratas. Pero la embestida sobre estas localidades y estados es parte de un esfuerzo más amplio promovido por el subjefe de gabinete, Stephen Miller, con el fin de obligar a los más de 300 gobiernos locales a anular leyes que aprobaron para declararse “santuarios”, y que se rehúsan a cooperar con autoridades federales en torno a control migratorio.
“Estoy llamando a que el Congreso de Estados Unidos apruebe de inmediato una legislación para poner fin a las ciudades santuario, lo cual es la causa raíz de todos estos problemas”, escribió Trump en sus redes sociales. Pero eso es poco probable que ocurra en esta coyuntura.
Por su parte, y sólo después del segundo asesinato de un ciudadano por fuerzas federales, demócratas en el Senado aseguraron que no permitirán la aprobación de un proyecto de ley para financiar al Departamento de Seguridad Interna –dentro del cual están varias de las agencias de control migratorio– hasta que incluya reformas radicales de estas operaciones. No se sabe si cumplirán su amenaza.
Trump no ha dejado la ofensiva contra sus opositores. Esta semana anunció que su Departamento de Justicia indaga a la diputada federal Ilhan Omar de Minesota, una refugiada somalí, quien ha enfrentado de manera directa a la Casa Blanca.
El control de la migración siempre ha sido uno de los ejes del proyecto nacional de Trump desde su primera candidatura, y ha logrado dominar el tema durante su primer año de regreso en la Casa Blanca… hasta ahora.












