Martes 27 de enero de 2026, p. 29
Trabajadores del Hospital Veterinario de la Ciudad de México, ubicado en Iztapalapa, denunciaron sufrir hostigamiento, amenazas e intentos arbitrarios de cambios de adscripción por el director, Roberto Cordero Fierros, y la titular de la Agencia de Atención Animal (Agatan), Ana Villagrán, a quienes acusaron de poner en riesgo su estabilidad laboral y la atención a los animales. Lo anterior, tras exhibir por segunda vez las graves deficiencias operativas del nosocomio.
En conferencia de prensa, advirtieron que la carencia de insumos básicos como catéteres, jeringas, soluciones intravenosas, gasas y analgésicos; mantenimiento insuficiente al equipo médico y falta de especialistas para la atención de servicios claves ha derivado en la reducción de hasta 70 por ciento en la atención a pacientes.
Aunque en promedio atienden a cien pacientes diarios, Giovanna Elizalde, representante del Sindicato de Servidores Públicos de la Ciudad de México, acusó: “No tenemos ortopedista, no tenemos neurólogo y el endoscopio está totalmente parado”. Los casos más graves eran atendidos por apenas 12 especialistas que, tras “levantar la voz de manera crítica y con fundamento científico”, fueron “congelados” de sus funciones principales. A partir de ello, denunciaron, la dirección colocó en áreas claves a personal cercano a los titulares.
La situación obliga al personal a suspender cirugías de tejidos blandos, limitar la atención de urgencias y realizar donaciones para atender a los animales, los cuales también viven un hacinamiento debido al uso del hospital como refugio para 25 canes “peregrinos” recogidos por Villagrán, sin que existan condiciones sanitarias para albergarlos.
Además, señalaron que un oficio emitido por la directora de Agatan advierte al personal que difundir información interna del hospital podría derivar en sanciones administrativas o incluso responsabilidades penales, lo que las trabajadoras interpretan como un intento de inhibir cualquier denuncia.
Por su parte, la médica veterinaria Lucía Camarillo aseguró que las represalias han generado un ambiente de temor entre el personal: “Tenemos miedo, y ya no queremos tener miedo”, expresó, al denunciar que las intimidaciones se han dirigido principalmente contra mujeres.












