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Oso polar decapitado lleva a El Galeón una distopía que mezcla ensueño y terror

La obra de teatro de David Gaitán cuestiona si la humanidad sobreviviría a un cataclismo

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▲ La puesta, dirigida por Martín Acosta, se mantendrá hasta el 15 de marzo.Foto Aurea del Rosario / Secretaría de Cultura
 
Periódico La Jornada
Domingo 25 de enero de 2026, p. 4

¿Lograría la especie humanar sobrevivir una catástrofe planetaria y, de conseguirlo, cómo sería la vida? Es el horizonte en el que discurre Oso polar decapitado, que empezó temporada este fin de semana en el teatro El Galeón Abraham Oceransky, donde se mantendrá hasta el 15 de marzo.

Escrita por David Gaitán –quien también actúa– y dirigida por Martín Acosta, se trata de una obra teatral de ciencia ficción situada en un futuro distópico. Un relato por momentos delirante, que transita entre lo onírico y el terror, no por ello desprovisto de una alta carga de sentido del humor, críticas caústicas y reflexiones filosóficas.

Con duración aproximada de 100 minutos, cuenta la historia de un inminente cataclismo provocado por alteraciones en las órbitas planetarias que amenazan con suspender la relación entre el Sol y la Tierra.

El frío impera y el planeta se encuentra ante una nueva glaciación. Comprar la supervivencia para atravesar “la noche eterna” se vuelve lo único importante. No cabe todo el mundo. Al final, es un privilegio de los ricos y poderosos.

La puesta en escena –posible gracias al Estímulo Fiscal del Artículo 190 de la Ley del Impuesto sobre la Renta– está sustentada en dos planteamientos narrativos que se desarrollan de manera paralela para entrecruzarse en el tramo final.

Por un lado, una serie de cuadros o viñetas dentro de una empresa tecnológica dedicada a la programación de robots y brindar el servicio de hibernación humana para lograr sobrevivir al apocalipsis que se avecina.

Por otro, el periplo de un oso polar –contado por un narrador– que no es sino la fábula del viaje del héroe, al lograr imponerse no sólo a las inclemencias del ambiente y lo agreste del ecosistema, sino al hecho de carecer de cabeza. Sobre su ser recaerá una responsabilidad mayúscula que lo pondrá en el nada envidiable dilema entre hacer lo correcto o traicionarse en pos de lo que él necesita.

Esta creación de Gaitán –quien hace las veces del narrador– puede catalogarse como una obra polisémica, al permitir múltiples lecturas, si bien con el aspecto en común de su naturaleza crítica.

Según consultó este diario, hay quienes la toman como una crítica al capitalismo y con ello al consumismo, a los sistemas políticos prevalecientes, al profundo individualismo contemporáneo, al afán de jugar a ser Dios y querer sobreponerse a la naturaleza, o a la fe ciega en el desarrollo científico y tecnológico.

En términos escénicos, la propuesta del director se vale de cuatro actores que alternan sus personajes entre robots y seres humanos, ¿acaso para confundir o marcar los límites de hasta qué punto logramos mantener nuestra humanidad o la perdemos?

La escenografía es minimalista, está compuesta por un par de biombos oscuros montados sobre una extensa tarima donde se desarrollan las acciones. No se utilizan más recursos que una serie de sillas, las cuales se montan o desmontan según la escena, y una calculadora mecánica, además de un diseño sonoro en tiempo real, por instantes ominoso y angustiante.

Apelando a la imaginación de la audiencia, y las referencias dadas en el momento, el escenario se transforma en una empresa de tecnología, una sala de contratación de personal, un aula de capacitación, un consultorio médico, un centro de hibernación, un agreste paraje cubierto de hielo y nieve, y un lago congelado.

“Buscamos hacer un espectáculo sobre el terror al futuro, que sea también un conjuro por la supervivencia”, según explica en el programa de mano Martín Acosta, quien además aclara que optaron por la ciencia ficción porque les permite repasar los lugares comunes sin pudor ni vergüenza.

“Este genero donde podemos preguntarnos, sin temor al aburrimiento –al nuestro, por lo menos–, si nuestro paso como humanidad por el planeta ha debido ser breve y lleno de sufrimientos por un capricho de alguna entidad superior que ya ni siquiera juega a los dados, porque no tiene caso hacerlo cuando todos los resultados son posibles. Maldita física cuántica: cuantas incertidumbres nos deparas.”

El creador escénico hace hincapié en que Gaitán escribió un texto no sobre el fin del mundo, sino sobre el de los humanos en la Tierra. “Es decir: tiene el optimismo de pensar que el planeta no perecerá a causa del sobrecalentamiento global o de una mala gestión relacionada con las armas nucleares, sino que, más bien, terminamos por encargar el trabajo a unos robots que aprenden a interpretar el viejo chiste de ‘el ultimo en salir que baje el switch’”.

Con un elenco integrado por Verónica Bravo, Pablo Chemor, David Gaitán y Xóchitl Galindres, las funciones de Oso polar decapitado son los jueves y viernes a las 20 horas, sábados a las 19 y domingos a las 18 horas, en el citado recinto ubicado atrás del Auditorio Nacional.