Caravaggio regresa a Nueva York
l banquero y filántropo John Pierpont Morgan (1837-1913) construyó en Nueva York, a principios del siglo pasado, un edificio neoclásico para albergar su importante colección de libros antiguos, manuscritos, dibujos, grabados y otras obras de arte.
A su muerte, su hijo John la convirtió en 1924 en una institución pública. El edificio original fue ampliado y renovado por el arquitecto Renzo Piano a principios de este siglo.
Hoy La Morgan combina la extraordinaria biblioteca con nuevas áreas de exposición, auditorios y espacios públicos. Es un tesoro literario y artístico de Nueva York, visitado sobre todo por estudiosos y amantes de la cultura. Está ausente el turismo masivo que invade al Museo de Arte Moderno o al Metropolitan.
Pero en estos días la concurrencia es más de la habitual. El motivo: expone la pintura Niño con cesta de frutas, importante obra temprana de Michelangelo Merisi, conocido como Caravaggio (1571-1610). Se trata de un préstamo que por tres meses hizo la galería Borghese de Roma.
Desde Lombardía, su tierra natal, Caravaggio trajo a Roma una tradición de naturalismo que se remontaba a la obra de Leonardo da Vinci en Milán. Pero supo combinar esta tradición con un enfoque revolucionario de la pintura.
En el caso del Niño con cesta de frutas fue algo muy diferente de las figuras idealizadas que se representaban en la pintura romana de la época. Con los labios entreabiertos, las orejas enrojecidas y la camisa deslizándose por el hombro, el modelo parece ofrecerse para que lo examinemos, similar a la fruta madura que sostiene.
A esta notable obra la acompañan algunos precedentes de las pinturas de Caravaggio, realizadas en Milán, y de Annibale Carracci, contemporáneo del célebre artista. También, una selección de obras que documentan el profundo impacto de Caravaggio en el arte romano.
Y el retrato de Scipione Borghese, realizado por Bernini, uno de los primeros propietarios del cuadro Niño con cesta de frutas y coleccionista, en gran medida, responsable de la galería Borghese.
A 40 años de la última presencia de Caravaggio en Nueva York, su regreso reafirma la vigencia de un artista que sigue interrogando la mirada y la conciencia del presente.











