Cinco creadores participaron en Tejiendo voces, en la Casa Refugio de la Memoria // Organizó la SC de la CDMX
Viernes 23 de enero de 2026, p. 5
La Casa Refugio de la Memoria se transformó la noche del miércoles en un epicentro de resistencia y de historias convergentes con Tejiendo voces, encuentro entre artistas de pueblos originarios de México y Canadá.
Organizado por la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, en él se reunieron cinco creadores de naciones ancestrales de ambos países, dos del lado canadiense y los restantes mexicano, y sólo uno de ellos varón.
Territorio, cuerpo y memoria, y la manera en que esos aspectos influyen en el quehacer de esos artistas, fue el eje del encuentro, que cerró con un espectáculo narrativo-musical.
Desde Canadá, las intervenciones estuvieron marcadas por el sombrío pasado de las escuelas residenciales (residential schools) –internados obligatorios de origen cristiano mediante los que, entre 1883 y 1996, se obligaba a los niños indígenas a asimilar la cultura eurocanadiense– y la búsqueda de sanación mediante el arte y el retorno al territorio.
Mo Dawson, grabador gráfico de las naciones indígenas Gitxsan y Dzawada’enuxw, situadas en la Columbia Británica, se presentó como “hijo y abuelo de cuatro generaciones por ambos lados que sobrevivieron a ese momento oscuro de la historia”.
Tras resaltar que las Primeras Naciones de las que proviene tienen una historia de mil 400 años mientras Canadá como país sólo 500, afirmó que aquella fue “una de las muchas formas en que el gobierno canadiense colonizó a nuestra gente y nos separó de nuestra cultura, herencia e identidad indígenas”.
Trabajo interior
Su proceso de sanación refirió, ha sido un regreso físico y espiritual a sus orígenes: viajar en canoa durante los dos años más recientes por los territorios ancestrales de su pueblo. Relató una experiencia transformadora en uno de esos viajes, cuando uno de sus primos, uno de los últimos hablantes de kwak’wala, comenzó a tocar el tambor y a cantar temas tradicionales de cientos de años atrás.
“Cambió absolutamente mi visión. Fue como un viaje en el tiempo. Me di cuenta del poder de la música, de los tambores, de estar ahí en las montañas y estar conectados con el centro profundo de la identidad y la tierra”. Fue una experiencia que ahora guía su trabajo artístico, afirmó Dawson.
Lindsay Delaronde, indígena kanien’kehá:ka y artista multidisciplinaria, abordó el tema desde la corporeidad política. Precisó que actualmente estudia un doctorado en gobernanza indígena, desde donde explora quién gobierna el cuerpo y el papel de éste en la ley.
“El cuerpo es el primer hogar y el sitio al que regresamos cuando estamos perdidos o en búsqueda”, afirmó al subrayar que nuestras cosmovisiones están encarnadas dentro de nuestros seres y cuerpos.
Al detallar que su práctica artística es la escritura y la poética, destacó el derecho a hablar y a usar la voz, y lo vinculó con el actual momento histórico en Canadá, marcado por el Acuerdo de conciliación de las escuelas residenciales indígenas.
“Su mandato oficial era reconciliar la difícil historia del país y el trato hacia los niños y familias de las Primeras Naciones, y traer justicia a ese pasado oscuro”, subrayó.
“Ahora está en poder de los sobrevivientes de esas horribles escuelas contar las historias de supervivencia y la verdad sobre sus experiencias dentro de ellas. Ahora están siendo expresadas y liberadas de sus mentes, cuerpos y corazones. Al hacer eso, la identidad política de Canadá está cambiando.”
Regresar al origen
En su turno, las artistas mexicanas narraron sus formas de resistencia y reconexión. Viola Ocelocihuatl, de origen purépecha y guardiana del círculo de Danza de la Luna, hizo un llamado a superar el relato de la Conquista y a enfocarse en el despertar de nuestra memoria ancestral.
“Todos los que vivimos en este territorio sentimos esa memoria y la fuerza de nuestros antepasados”, señaló. “Uno debe regresar a los orígenes y entender qué hay detrás, no sólo el dolor, porque a veces nos hacen sentir o pensar que primero debemos padecer el dolor de los abuelos que fueron sometidos, a los que se les quitó su cultura, pero más allá de eso también hay algo muy bonito, que es el conocimiento y la fuerza ancestrales”.
Originaria de San Mateo Xalpa, Xochimilco, Isabela Pérez Martínez habló de cómo las mujeres indígenas buscan resistir, existir y coexistir con la comunidad, trátese de la naturaleza o los demás individuos.
Luego de referirse al poder de la voz y la palabra, la sicóloga y gestora cultural destacó el papel de los atuendos tradicionales como expresiones de resistencia cultural y archivos de la memoria ancestral. “Representan todo lo que las mujeres hemos ido conservando: lo que miramos, sentimos y queremos decir”.
En referencia al del Altiplano central explicó que la faja se usa en los partos, mientras las ataderas de las trenzas contienen 52 figuras que corresponden al ciclo del Fuego Nuevo y registran las historias personales de las tejedoras.
Evidenció su participación en el concurso La Flor Más Bella del Ejido como ejemplo de la complejidad de la preservación cultural, pues las mujeres deben permitir ser evaluadas “para ser vistas, escuchadas y poder resistir”.
Aclaró, sin embargo, que su verdadero arte reside en su lengua, “en que mi voz y mi corazón, y eso que me enseñó mi abuela, lo sigo exponiendo, porque soy la representación” de las mujeres que me han antecedido.
La artista plástica de origen zapoteco Ivette Castillejos Santiago abordó la distinción entre comunidades originarias y residentes, así como la necesidad de unirse para ser escuchados.
Se refirió a la división y los conflictos entre pueblos indígenas en la capital mexicana y el proceso de tener que “mirarnos como hermanos” con el fin de formar frentes comunes de lucha.
La velada culminó con el prestreno del espectáculo The Song Blanket, de la mezzosoprano canadiense Rebecca Hass, que será estrenado en Nueva York en febrero. Construido como territorio de memoria, sanación y exaltación de los valores sagrados de las Primeras Naciones, en él participaron además tres cantautoras mexicanas con orígenes indígenas: Sareli Santiago García, zapoteca; Sophie Schatten, con ascendencias mayas y europeas, y Gia Sabat, con ascendencia zapoteca y de la península arábiga.











