El magnate tiene una gran deuda con los petroleros que lo financiaron y ahora les ofrece Venezuela en bandeja, señala
Lunes 19 de enero de 2026, p. 7
El intelectual y periodista cubano Omar González Jiménez (1950) conjetura: la crisis geopolítica causada por Donald Trump representa una oportunidad para que surjan movimientos de resistencia y luchas contra su embestida, en particular desde América Latina. “Cuando hay más peligro, se produce más unidad”.
Considerado uno de los cuadros culturales más importantes de la Revolución cubana, el también editor y profesor universitario remarca en entrevista con La Jornada que el mundo hoy enfrenta un “neofascismo” que demanda concretar una verdadera unidad en las izquierdas.
“Trump se le plantea al mundo como alguien obsesivo, como alguien fuera de sus cabales. No es un accidente del capitalismo, sino que en un momento dado, el capitalismo llegó a ese límite y Trump es lo que aparece. En su momento, Hitler parecía otra exageración, una hipérbole; era imposible lo de Hitler, no lo tomaban en serio (en un principio) e hizo todo lo que hizo. A Trump no lo tomó en serio la opinión pública estadunidense, y luego creyó que con él venía un cambio; y sí viene, pero para peor (…) Hay que resistir para vencerlo”, señala.
Frente a ese desafío, considera que el progresismo debe acudir a los referentes históricos como Mao, Ho Chi Minh, el Che y Fidel, y a pensadores como Antonio Gramsci. “En este momento más oscuro surgen precisamente los monstruos”, dice al aludir a la icónica frase del filósofo italiano: “El viejo mundo se muere, el nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”.
“América Latina, en riesgo”
Durante la charla –que se dio hace unos días en el marco de su más reciente visita a México–, González Jiménez subraya que, en los hechos, Washington no ha dejado de lado la Doctrina Monroe, pero con el republicano se ha magnificado y él mismo la ha renombrado con el corolario “Doctrina Donroe”.
Por ello, alerta enseguida que toda América Latina está en riesgo ante los embates del republicano, cuya expresión más funesta, hasta ahora, ha sido la intervención militar en Venezuela.
–¿Cómo se vive en Cuba ante las recientes acciones de Estados Unidos en la región?
–Es un momento muy difícil, muy difícil. Porque ha confluido una innegable realidad. Aun cuando Estados Unidos rechace el bloqueo, éste se expresa de manera concreta en la vida cotidiana: si te prohíben importar petróleo, no hay (producción de) energía eléctrica, y si no hay luz, no hay motor del agua, y si no hay turbina, no llega el agua a la casa. El bloqueo no es una abstracción, una especulación filosófica ni una excusa ideológica. La administración Trump lo ha rechazado, pero en su gobierno hay más de 40 medidas (contra la isla) que son draconianas. Es una cosa obsesiva.
“No hay que idealizar, porque sería absurdo”
González Jiménez admite las “deficiencias” del propio sistema cubano; sin embargo, destaca la resistencia de la sociedad, que ha enfrentado el embate estadunidense durante ya 65 años. “Es algo excepcional. Ninguno de los países socialistas emergentes ha durado tanto tiempo. Y a pesar de esa cotidianeidad tan difícil, la gran mayoría del pueblo cubano sigue defendiendo y apoyando el proyecto de la Revolución”.
– ¿Cómo puede mantener Cuba su esencia rebelde, revolucionaria, su resistencia frente a esos embates?
–Ese es el gran desafío. No es nuevo: durante todos estos años hemos sido agredidos, incluso directamente, militarmente. Y hay cierto entrenamiento en la sociedad para vivir en la zozobra, vivir cosas que en otros países no enfrentan. Ahora mismo, ante las acechanzas y las últimas amenazas de Trump: cero petróleo, cero dinero de Venezuela.
“Cuando se derrumbó el llamado socialismo europeo, eso tuvo un impacto tremendo en Cuba, porque toda la base tecnológica estaba montada sobre equipamiento de industria europea. En aquel momento había más reservas morales, pero menos reservas materiales; la única opción era estatal, y resistimos; hoy en día, si usted tiene un poco de dinero, puede comprar algunas cosas, los bienes están.”
–¿Hoy la situación es mejor en lo material que durante el periodo especial?
–Es distinta. Hoy se lee esa realidad de otra manera, no como en el año 93, que tocamos fondo. Hay carestía, hay una inflación innegable, y eso hace que ciertos sectores, como jubilados o madres solteras, no puedan acceder (a muchos productos). No hay que idealizar, porque además sería absurdo, pero en Cuba sí existe una asistencia social que no se da en muchos países. Y en condiciones como las que nosotros estamos, mantener eso es un acto heroico (…) ahora las reservas morales son menores. Hay un deterioro mayor de la conciencia social.
“Cuba no ha renunciado a eso, venimos del ideal del Che, del hombre nuevo, para el que la conciencia es lo determinante. Hoy ya no siempre la conciencia es lo determinante. El paradigma era el del ser, el del saber, en todas las sociedades; y el paradigma de hoy es el tener. Hoy un convicto puede ser presidente de Estados Unidos porque tiene mucho dinero y, además, es testaferro de las grandes corporaciones.”
“Es peor que un mitómano”
–¿Cuál es su valoración de lo sucedido en Venezuela?
–Trump tiene una gran deuda con los petroleros que tanta plata le dieron para que llegara al poder; ahora les ofrece Venezuela en bandeja. Uno lo ve y es un delirio. Él dice que “gobierna” Venezuela, no sé cómo, no tengo ninguna prueba, nadie tiene una prueba de que gobierne Venezuela. ¿Cómo es posible que hable de esa manera? Es peor que un mitómano, es un ser horrible. ¿Cómo es posible que la sociedad estadunidense haya llegado a tal grado de animalización, que pudo confiar en este individuo? Lo eligieron y con bastantes votos. ¡La democracia también se equivoca!
–¿En la actual coyuntura, qué tan en riesgo está América Latina?
–Hay que recurrir a Fidel Castro cuando decía que tenemos que defendernos nosotros mismos, con nuestros propios recursos; no se puede contar con que alguien te va a defender. Estados Unidos ha dejado de ser una potencia global y tiene que apelar al unilateralismo, es la única opción para que su proyecto pueda sobrevivir: debe estar contra el multilateralismo y la globalización.
“Estados Unidos se ha ido replegando y se ha concentrado en América Latina, que es una zona de paz histórica. Aquí hay países como Brasil que no han entrado nunca a una guerra o como México que nunca ha agredido a nadie, al contrario, le han robado la mitad del territorio. Aquí el hegemón agresivo y reaccionario es Estados Unidos; lo ha sido históricamente, no sólo con Trump.
“Han agredido a Brasil, Argentina y Venezuela. ¿Cuál es la otra gran economía americana? México. ¿En qué estado está México? En permanente acoso, amenaza. La Presidenta reacciona con mucho aplomo, pero la amenaza real existe: pueden entrar por tierra, bombardear a los cárteles, pueden hacer secuestros, como ese ensayo, esa barbaridad contra (Nicolás) Maduro, ilegítima totalmente; no tiene precedentes. Ni los piratas lo hacían, y hoy lo están convirtiendo en un recurso.”
“La Doctrina Monroe nunca desapareció”
–¿Considera que han relanzado la Doctrina Monroe?
–Nunca desapareció, ahora hasta le dicen “Donroe”, el corolario de Trump. Siempre afirman que “América para los americanos”. Si nosotros pudiéramos escribirlo al revés... Y aquí es fundamental la unidad. Pero la unidad de las fuerzas progresistas de América Latina no se alcanza sobre bases de precariedad y de fragmentación. Hay poca unidad dentro de la izquierda, que no se pone de acuerdo ni siquiera cuando convoca a la unidad. La crisis va a acelerar la unidad. El mundo está lleno de paradojas: cuando hay más crisis, cuando hay más peligro y más acechanzas, se produce más unidad. Tengo esperanza en los pueblos.
–¿Vivimos una etapa de nuevo oscurantismo?
–No lo había pensando en esos términos, pero sí, claro. Estamos en una situación de neofascismo. Y aquí entra Gramsci: en el momento más oscuro surgen los monstruos. Estamos en la fase de los monstruos, pero no pierdo la esperanza de que más temprano que tarde, como se decía en la época de (Salvador) Allende, aparezcan nuevas formas de izquierda. Lo otro sería cerrar la puerta y tirar la llave.











