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Ciudad perdida

Las presiones de Trump a México // Combate a las drogas, el pretexto // Control político, el trasfondo

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▲ En medio de la labor cotidiana, momento de relax y de disfrutar un barquillo triple en el parque Pushkin de la colonia Roma.Foto María Luisa Severiano
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a semana que pasó, conversábamos con usted sobre las intenciones del gobierno de Trump hacia nuestro país y advertíamos que una invasión se veía como una posibilidad muy lejana, pero no imposible, porque en la cabeza del agente naranja cualquier cosa puede suceder, pero lo que sí está en la mesa de las discusiones, ahora lo podemos afirmar, es la intervención de alguna de las agencias de aquel país en territorio nacional bajo el pretexto de la lucha en contra de las drogas.

Días después, al final de la semana pasada, el diario The New York Times nos enteraba de que las presiones en contra de México para que su gobierno acceda a permitir el ingreso de agentes a nuestra territorio han aumentado y las amenazas se vuelven cada día más contundentes.

Según el diario, que confirma nuestras sospechas, agencias como la CIA están listas para “acompañar” los operativos nacionales con su gente, pero ¿de verdad lo que quiere Trump es combatir el tráfico de drogas o su intención es manejar y hasta manipular algunos momentos de la vida nacional? Esto segundo parece ser su intención.

Tanto con Calderón como con Peña los agentes de la DEA manejaban los asuntos del narco a sus anchas, sin dar aviso a las autoridades mexicanas y siempre salpicando a lo político de los ilícitos que ellos movían a su antojo. Mientras allá la droga fluía con tranquilidad e impune.

Agentes de la DEA, espías de la CIA, diplomáticos halcones, toda una red que pretende trabajar sobre México para que desde Washington se dé forma al quehacer político del país, donde el desprestigio –trabajo de zapa de esa misma red– de quienes gobiernan y quienes hacen leyes sea de tal tamaño que sólo la palabra de las agencias gringas pueda dar sentido a la vida cotidiana.

Un ejemplo de cómo se trató de desacreditar el trabajo político del país se dio en la primera década de este siglo, cuando se acusó a Andrés Manuel López Obrador –la DEA abrió un expediente al respecto– de haber financiado su campaña con dinero del narcotráfico. Nunca pudieron tener pruebas al respecto.

Durante los gobiernos de Calderón y Peña los agentes de la DEA aumentaron su presencia en el país –de 54 subieron hasta 70 y los supuestos “técnicos administrativos” también crecieron en tamaño, de 32 a 41–; total, un grupo nutrido que contó con la ayuda de quienes en nuestro país colaboran con ellos sin importar la traición.

Retomar el control no sólo del narcotráfico sino de los hechos trascendentes de la vida política del país es, seguramente, parte del plan que busca Trump imponer en México, y para eso presiona, amenaza y chantajea, cosa que en el Zócalo se tiene por entendido.

El mayor problema es que –se sabe en todo el mundo– el actual presidente de Estados Unidos es capaz de apretar el botón en cualquier momento, a menos que desde dentro, desde las calles, la ciudades y los poblados de aquel país, se frene al monstruo que, insistimos, puede apretar el botón.

Por lo pronto una coalición de sindicatos y organizaciones comunitarias de Mineápolis y San Paul convocaron a una huelga general para el viernes 23, movimiento al que han nombrado “un día de verdad y libertad” en el que, afirman, “no iremos a trabajar ni a la escuela ni a comprar; lo bloquearemos todo”. El movimiento podría convertirse en la resistencia que muchos esperan. Ojalá sea el principio del fin.

De pasadita

De cualquier manera hay que tener, aquí en nuestro suelo, mucho cuidado porque la derecha ultra, la de hoy y la de siempre, quiere ponerle grilletes de barras y estrellas al país y para eso no hay miramientos, por el contrario, se usa cualquier tipo de problema para descalificar a la 4T.

Sólo basta mirar el conflicto que se armó con el llamado Refugio Franciscano, donde un buen número de animales domésticos recibían cuidados. Según un documento exhibido ayer en estas páginas, las asociaciones civiles advirtieron que un empleado de la derecha era quien había lanzado denuncias en contra de los administradores del lugar para desacreditar las acciones de gobierno que favorecían a los animales ahí refugiados.

En el fondo, lo que se pretendía era desalojar a perros y gatos, principalmente, para que una empresa de la construcción levantara viviendas de lujo. Por eso hay que tener cuidado. Nada más.