a tasa de interés es una palanca que influye en el nivel del consumo y la inversión y, así, en la dinámica del crecimiento productivo. La tasa es el instrumento del banco central para definir y conducir la política monetaria. Su gestión incide en la cantidad y la asignación del crédito; en el ahorro que se genera y en el volumen del gasto agregado en la economía.
Cuando el banco central baja las tasas de referencia aumenta la demanda de crédito, aunque tiende a disminuir el ahorro. El costo del crédito repercute de modo diferenciado en la situación financiera de los hogares, las empresas y el gobierno.
El movimiento de la tasa repercute en la dinámica de la producción y también en el comportamiento de los precios, o sea, en la inflación. La relación entre la inflación y el nivel de la actividad económica está en el centro de la política económica. El objetivo de conseguir la estabilidad de los precios y, también, del sistema financiero, se vincula con el proceso para promover el crecimiento del empleo y del producto.
La tasa de interés de referencia que fija el Banco de México ha tenido una evolución significativa en el periodo reciente. Su nivel más alto se registró en marzo de 2023, cuando llegó a 11.25 por ciento, y a finales de 2025 se situó en 7 por ciento.
El objetivo fijado para la inflación es de 3 por ciento. A finales del año pasado la inflación fue 3.69 por ciento; no obstante, la parte que corresponde al componente subyacente fue de 4.33 por ciento, apenas inferior al nivel más alto de 4.43 por ciento registrado en marzo de 2024.
La inflación subyacente no incluye los productos cuyos precios son más cambiantes, como es el caso de los alimentos no elaborados (entre ellos las frutas y verduras) y la energía (como el gas y la electricidad) y el combustible. Esta medida de los cambios en el nivel de los precios es más útil para considerar la situación del denominado “costo de la vida”. Además, es un mejor indicador de eficacia en la gestión de la política monetaria, que hoy está en cuestionamiento.
Así pues, el caso es que la reducción de las tasas no ha conseguido llegar al objetivo de inflación. Pero menos aún ha conseguido impulsar la tasa de crecimiento del producto y la creación de empleos formales y con las prestaciones de ley.
Según los datos de México, ¿cómo vamos?, la meta de generación de empleos formales es de 100 mil puestos por mes. Desde junio del año pasado, cuando se registraron 873 mil plazas y la cantidad fue ascendiendo progresivamente hasta la cifra más alta de casi 600 mil plazas en noviembre, el monto se desplomó hasta poco más 278 mil en diciembre. El nivel de creación de empleos es muy bajo para esta economía y es un signo palmario de la falta de impulso productivo.
Esto ocurre, como es claro, en un entono de muy escaso crecimiento del producto, cuya meta es 4.5 por ciento anual. Pero la tendencia del crecimiento es negativa desde el cuarto trimestre de 2022 (medida respecto al mismo trimestre del año anterior). Entonces la tasa fue 4.7 por ciento, mientras en el tercer trimestre de 2025 el registro fue -0.2 por ciento. Los datos ponen en claro cuestionamiento la estrategia de la política económica, la falta de impulso de la inversión privada y la eficacia de la inversión pública, cuya gestión amerita una revisión.
La dinámica de esta economía en cuanto a la generación de producto y empleo es muy reducida y no cuenta con los estímulos requeridos para superar el estancamiento. Esto será así en tanto que no aumenten de modo significativo los recursos destinados a la inversión. Además de lo que esto representa en materia de superación de la restricción productiva, compromete los recursos para cumplir con las metas de los programas sociales.
No hay una garantía de que un menor nivel de la tasa, como apunta la tendencia seguida por el banco central, provoque una mayor actividad productiva. En determinados periodos la situación se manifiesta como un cortocircuito, lo que parece ser hoy el caso.











