omo señalé el lunes pasado, en las dos administraciones del presidente Ronald Reagan se le redujo poder a la Agencia de Protección Ambiental, (EPA por sus siglas en ingles). Creada en 1971 para garantizar la salud pública afectada por una grave contaminación de la industria y el parque vehicular, Reagan estimó que las regulaciones ambientales eran obstáculo para el crecimiento económico y lograr que su país recuperara el liderazgo mundial. Su sucesor George H.W. Bush (1989-1993), hizo lo mismo.
Pero con el sucesor de éste último, el democrata Bill Clinton, el tema ambiental resurgió en la agenda política. Durante su gobierno (1993-2001), se establecieron importantes medidas para reducir la contaminación del aire vía mayor control de las emisiones industriales y del parque vehicular, con gasolinas con menos azufre y plomo.
También se legisló para garantizar la calidad del agua en los hogares y limpiar de residuos tóxicos amplias zonas. Firmó una orden ejecutiva en la que se estableció que toda la población tenía el derecho a ser protegida de la contaminación. Además, adhirió a su país al Protocolo de Kyoto, detinado a reducir en el mundo las emisiones contaminantes.
Todo esto se vino abajo con la llegada a la Casa Blanca de Bush hijo, George W. (2001-2009). Nuevamente, impusieron su ley los intereses industriales y el crecimiento económico a cualquier costo. Retiró a Estados Unidos del Protocolo de Kyoto so pretexto de que afectaba a la economía estadunidense. Para alentar la producción redujo las normas vigentes con Clinton para controlar la contaminación del aire y garantizar agua de buena calidad.
Alentó la extracción de petróleo, gas y minerales en el Ártico y las áreas naturales protegidas. Censuró los hallazgos muy negativos de los científicos sobre la contaminación en el país y sus efectos en el cambio climático y la salud. Buena parte de esos hallazgos provenían de los expertos de la EPA.
Otra vez fue un presidente demócrata, Barack Obama (2009-2017), el que declaró prioridad proteger el medio ambiente y luchar contra el cambio climático. Sostuvo que su país era el mejor preparado para liderar al mundo hacia una solución de tan grave problema.
Por ello, se adhirió al Acuerdo de París, firmado en 2015, y nombró a Gina McCarthy como administradora de la EPA. Ella contaba con muchos años de experiencia en el campo ambiental y logró que el Congreso aprobara estándares más estrictos para la emisión de contaminantes a la atmósfera.
Obama estableció en el Pacífico la reserva marina más grande del mundo; exigió combustibles de mejor calidad; no aprobó la construcción del oleoducto Keystone XL, de casi 2 mil kilómetros para llevar hidrocarburos desde Canadá a la costa de Texas. Impulsó proyectos de energía renovable, como el enorme Centro de Energía Eólica Alta, en California. Además, logró interesar a la población en el tema del calentamiento global. Sin embargo, Estados Unidos no abandonó un modelo energético depredador y generador de la mayor parte de los gases de efecto invernadero a nivel mundial.
Las medidas de Obama en pro del ambiente las comenzó a derrumbar Donald Trump en su primera administración. Se retiró del Acuerdo de París pretextando que era una carga para los ciudadanos de Estados Unidos.
Negó que existiera el cambio climático. Lo consideró inicialmente un invento de China. Luego, de científicos de cuarta. Si su política durante su primer mandato fue negativa, lo es muchísimo más en lo que lleva de ocupar nuevamente la Casa Blanca.
Abandonó otra vez el Acuerdo de París, quitó todos los apoyos a las energía eólica y solar; derogó las regulaciones ambientales más importantes a cargo de la EPA. La debilitó al máximo al recortar su presupuesto y reducir las áreas científicas. En los cargos directivos nombró a personas cercanas a los grupos industriales más contaminantes.
No es todo. Este mes, Trump rompió con todas las acciones climáticas establecidas por la comunidad de naciones. Dos fundamentales: la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).
El país que más emisiones causantes del calentamiento ha generado en la historia, ignora el problema. Sólo le interesa controlar la producción, comercio y uso de hidrocarburos y carbón, que destacan entre las causas principales del calentamiento global.
Trump no miente: prometió hacer de su país nuevamente grande. Lo está logrando: es el gran generador de contaminación y daños al medio ambiente y la salud pública.











