ecía Friedrich Engels que la casualidad no es la ausencia de orden, sino la incapacidad humana para explicar las múltiples determinaciones que hay detrás de un acontecimiento o fenómeno. Sin embargo, cuando la casualidad se hace presente, a veces no queda más que aceptarla sin buscarle explicación. Así, por ejemplo, existe la casual coincidencia de que tres grandes revolucionarios comunistas murieron en enero y, por si fuera poco, sus nombres comienzan con la letra L: Lenin, Luxemburgo y Liebknecht.
Luxemburgo y Liebknecht fueron miembros del Partido Socialdemócrata de Alemania, pero cuando esta organización apoyó al gobierno en la Primera Guerra Mundial, ambos se deslindaron y crearon el grupo espartaquista, que encabezó un levantamiento revolucionario en enero de 1919. La detención y asesinato de Luxemburgo y Liebknecht el 15 de enero de 1919, así como la represión del levantamiento obrero por parte del gobierno alemán dirigido por Friedrich Ebert, ex compañero de ambos comunistas, confirmó que la socialdemocracia, en su aspiración de obtener reformas que mejoraran de manera inmediata la condición de los trabajadores, actúa como guardiana del orden capitalista, dispuesta a ahogar en sangre cualquier intento de supresión del sistema capitalista.
Ante la derrota de la revolución en Alemania, en su último artículo Liebknecht reflexionó que los vencidos se curan de falsas ilusiones y que la lección era que no cabía confiar más que en las propias fuerzas, en clara referencia a la traición de la socialdemocracia a los trabajadores que deseaban derrocar el capitalismo. Por su parte, Rosa Luxemburgo sentenció: “¡El orden reina en Berlín!” ¡Ah, estúpidos e insensatos verdugos! No os dais cuenta de que vuestro “orden” está levantado sobre la arena. Un retrato literario de estos acontecimientos fue realizado por Alfred Döblin en la tetralogía Noviembre de 1918.
Por si fuera poca la tragedia de enero de 1919, la casualidad quiso que el 21 de enero de 1924 falleciera Lenin, dirigente bolchevique de la revolución rusa, quien había rendido homenaje a Luxemburgo al llamarla “águila de la revolución”. Frente a esta tétrica coincidencia de la “triple L”, la Internacional Comunista (IC) decidió organizar actos conmemorativos conocidos como las Jornadas LLL. Siguiendo esta orientación, los partidos comunistas organizaron conferencias, mítines y publicaron textos en honor a estos revolucionarios.
En nuestro país, el Partido Comunista de México (PCM) atendió la tarea encomendada por la IC realizando actos públicos en homenaje a la LLL. En las páginas de El Machete combinó semblanzas e imágenes de estos tres revolucionarios con notas sobre la lucha del pueblo mexicano. Por ejemplo, en El Machete de enero de 1933 se incluyeron notas sobre la toma de tierras por campesinos en Nuevo León, la represión militar contra los obreros de San Bruno en Xalapa, Veracruz, y se publicaron imágenes de Lenin, Luxemburgo y Liebknecht, destacando que eran ejemplo para los comunistas mexicanos. En 1934, como parte de la jornada LLL, El Machete publicó fotografías de Rosa y Karl junto a una nota sobre una huelga de camioneros en Azcapotzalco. En 1935, la jornada LLL culminó con la organización de un mitin en el Teatro Hidalgo, en el Distrito Federal, el 21 de enero, al que asistieron más de 500 personas. En aquel acto, el PCM aún sostenía una posición crítica frente al gobierno de Lázaro Cárdenas, al que caracterizaba como burgués y demagogo, usuario de frases de izquierda tomadas del socialismo.
La conmemoración de la triple L fue asumida por el PCM como un medio de agitación para atraer nuevos militantes. Por ejemplo, en 1935 el partido inició una campaña de reclutamiento que combinó en la portada de El Machete información sobre la huelga de los trabajadores petroleros de El Águila con la consigna “Recordad a Lenin: ingresad a su partido”. De igual forma, en enero de 1934 el PCM organizó una campaña de reclutamiento vinculada a la jornada LLL que adquirió una peculiaridad propiamente mexicana: asociar esta labor a la figura de Julio Antonio Mella, el revolucionario cubano asesinado en México como militante del PCM. Así, los comunistas mexicanos impulsaron de manera simultánea la jornada LLL y la campaña de afiliación al PCM, que iniciaba el 10 de enero, fecha del asesinato de Mella, y concluía el 18 de marzo, aniversario del inicio de la Comuna de París. La consigna publicada en El Machete fue: “Ingresa al Partido Comunista, el partido de Julio Antonio Mella”.
La presencia de las figuras de Vladimir Lenin, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht en las actividades del PCM y en las páginas de El Machete tuvo, en ese mismo periodo, un correlato visual en algunas obras de los principales muralistas mexicanos. Por ejemplo, Diego Rivera incorporó a Rosa Luxemburgo y a Lenin en el mural Retrato de América (1933), específicamente en la sección titulada “Unidad proletaria”. Lenin también apareció en otras obras de Rivera, como El hombre controlador del universo (1934), cuya versión original fue realizada en el Rockefeller Center de Nueva York y posteriormente destruida debido a la inclusión de la imagen del líder de la revolución rusa de 1917. Más tarde, esta obra fue reproducida en el Palacio de Bellas Artes de México, recinto que también alberga la pintura La revolución rusa (1933), en la que nuevamente figura Lenin. Por su parte, José Clemente Orozco incluyó a Lenin en el panel Lucha en Occidente (1931), parte del mural realizado en la New School for Social Research, de la ciudad de Nueva York.
La peculiaridad de las jornadas LLL en México –que relacionaron la actividad de comunistas, obreros y campesinos mexicanos con figuras comunistas extranjeras– fue una clara expresión de internacionalismo. Este afirmaba que para los trabajadores mexicanos era tan importante conocer sus propias luchas como las de los trabajadores de otros países, y que no existía ninguna peculiaridad nacional que estuviera por encima de las generalidades de la revolución socialista a escala mundial.
*Historiador de la ENAH. @Chavez_Angel











