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Ciudad perdida

Reforma política // Demanda de la ciudadanía y propuesta de Sheinbaum // Sería de gran calado

E

s voluntad de la PresidentA Sheinbaum llevar a efecto una reforma política que haga de ese quehacer una labor menos desligada de los intereses populares, pero, sobre todo, es un reclamo de la gente que ya no ve en sus representantes la defensa y la comprensión de sus demandas.

Si no nos equivocamos, en los primeros días de octubre, o en el último de septiembre, la PresidentA anunció sus intenciones y convocó a quienes quisieran opinar, desde una serie de foros establecidos ex profeso, sobre los cambios y la necesidad de construir nuevas reglas para la contienda política.

Quienes piensen que sólo se trata de una reforma que quite y ponga, habrán de equivocarse. La reforma Sheinbaum busca ir mucho más allá de lo técnico. Hay en el cambio de reglas la idea de romper con eso a lo que se llama “clase política” para obligar a los diputados y senadores, principalmente, a considerarse como servidores públicos, término del que reniegan, principalmente Ricardo Monreal.

Pero esto es sólo la idea de Claudia Sheinbaum, porque para los políticos en las cámaras legislativas nada hay que componer, nada hay que construir. Lo esencial ya está cumplido, es decir, las y los señores cobran, tienen fuero, poder y no trabajan. ¿Hay algo más que pueda desear cualquier miembro del parlamento nacional?

De igual manera, ninguna reforma política podría tener efectos positivos entre la población si no pretende respetar, y hasta ampliar, en su caso, los derechos del ciudadano, es decir: poner al voto en el centro de esa misma reforma.

Durante la larga noche del neoliberalismo se realizaron cambios al sistema político mexicano que fueron separando el mandato de las urnas del quehacer en el Poder Legislativo. Por ello la expresión más acabada de la democracia, el sufragio, sufrió el menoscabo de una idea que en bien del mercado sacrificaba y hasta vulgarizaba el quehacer político.

La política no necesitaba pensadores, requería de gestores, de mercachifles que colocaran en la mesa del mercado el interés popular. De esa manera, el voto se fue pervirtiendo hasta desaparecer en las designaciones plurinominales y en los arreglos que crean mayorías ficticias muy lejanas al mandato de las urnas.

El trabajo del diputado, del senador, del congresista que requería del conocimiento profundo de los malestares sociales y de la visión clara del futuro inmediato para construir los acuerdos que permitan una mejor convivencia, se han cambiado por la gestoría de mercado que atiende sólo asuntos que le reditúan, ya en lo económico o bien en su permanencia dentro del parlamento y sin trabajar, la magia de la relección.

Y eso está claro. Por parte de los diputados o de los senadores no hubo ni el más mínimo interés en proponer cambios, nuevas ideas, y así la reforma, esa que no contiene ninguna opinión de diputados o senadores, esa a la que nadie quiere comprometerse, pero que, indudablemente, hoy hace más falta que nunca, va pese a todos. La urgencia esa obvia.

De pasadita

Y mientras la llamada transcurría, los verdaderos intereses de los halcones y su domador se van afianzando. Dicen de aquel lado que la intención no es invadir como en Venezuela, sino que se trata de algo tan o más grave: obligar a que México vuelva a abrir sus puertas a la DEA para que hagan lo que les venga en gana, como en el sexenio de Felipe Calderón. Ahí está el detalle.

La Presidenta Sheinbaum sí se preocupó por las palabras de Trump después de la invasión a Venezuela, noticia que, por cierto, ofreció La Jornada a sus lectores como una exclusiva mundial. Ningún diario, en el mundo, puso sobre sus páginas el terrible suceso.

A la inquietud en el Zócalo siguió la orden de que el secretario de Relaciones Exteriores, Juan Ramón de la Fuente, buscara con urgencia al secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, para tener en claro si la declaración de Trump, que advertía sobre una posible incursión armada en México para combatir a los cárteles de la droga, era otra de sus habladurías o si se trata de una amenaza en serio que nos debe poner en guardia.

Salvo la actuación de los señores de la droga, imposible de negar, el trabajo de las instituciones encargadas de resolver el problema ha sido de lo más exitoso en el mandato de Claudia Sheinbaum, eso se ha reconocido también, con muy altas calificaciones, en los mismos Estados Unidos, aunque la descompuesta imaginación del agente naranja lo niegue como pretexto para dar rienda suelta a sus sueños imperiales. ¡Qué poca..!