or todo lo declarado por Donald Trump en los últimos días queda claro que estamos ante un presidente de Estados Unidos negacionista, suicida, terrorista y dictador, cuya invasión a Venezuela y el secuestro de su presidente Nicolás Maduro y de su esposa constituyen un acto criminal violatorio del derecho internacional, censurado por buena parte del mundo.
El primer acto irracional, sin sustento alguno, de Donald Trump, es la salida de Estados Unidos del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), de 66 organizaciones y tratados sobre la crisis climática, de 31 organizaciones de la ONU y de otras 35 de la sociedad civil.
Trump considera que el calentamiento global no existe y que la ciencia climática es un engaño, según lo declarado en la Asamblea General de Naciones Unidas en septiembre de 2025. Por todo ello, podemos considerarlo un verdadero suicida, pues su pensamiento y sus acciones no conducen más que a la extinción de la humanidad.
Donald Trump también ha difundido el terror al amenazar con invadir Groenlandia, según declaró en la OTAN (https://www.youtube.com/watch?v=KP3jtFsTysI), y al haber amenazado con intervenir militarmente o interferir en otros cinco países: Venezuela, Cuba, Colombia, Irán y México. Frente a ello, destaca la declaración conjunta de España, Brasil, Chile, Colombia, México y Uruguay (https://es.euronews.com/2026/01/04/espana-y-5-paises-latinoamericanos-rechazan-el-ataque-de-eeuu-en-venezuela-en-un-comunicad), así como los dignos posicionamientos de los gobiernos de Groenlandia, Venezuela y México en defensa de sus propias soberanías.
La arrogancia, individualismo, soberbia, desprecio por los otros y demás actitudes de Donald Trump, convertido como Hitler en dictador universal, son rasgos aberrantes, resultado de una enorme ignorancia, que contradicen la esencia y la historia natural del ser humano, pues la empatía humana tiene detrás de sí una larga historia evolutiva. Se trata de un individuo sicópata, como puede comprobarse en la entrevista que ofreció al New York Times (https://www.nytimes.com/2026/01/08/world/interview-donald-trump-venezuela-ice.html).
La búsqueda del bien común, cooperar y compartir, es hoy por hoy el gran tema de nuestro tiempo. Con esta idea, el reconocido primatólogo holandés Frans de Waal se dedicó a estudiar durante 10 años los comportamientos altruistas de chimpancés, bonobos, capuchinos, delfines y elefantes. Los títulos de sus libros lo dicen todo: La edad de la empatía, El mono que llevamos dentro, ¿Tenemos suficiente inteligencia para entender la inteligencia de los animales? En sus obras, Frans de Waal demuestra que la conducta humana, su sabiduría, se encuentra también en sus parientes evolutivos más cercanos: los primates. Estamos ante una conducta solidaria de unos 300 mil años, la antigüedad de la especie humana.
Destaca igualmente el discurso que pronunció Jeffrey Sachs, destacado asesor de la ONU, ante el Consejo de Seguridad el 5 de enero de 2026. Sachs calificó al presidente de Estados Unidos como un “matón” que viola el derecho internacional y que “está haciendo añicos la Carta de Naciones Unidas, lo que es extraordinariamente peligroso” porque afecta la estabilidad global (https://www.eldiario.es/internacional/jeffrey-sachs-pide-consejo-seguridad-onu-defender-derecho-internacional-anarquia_1_12890798.html).
La gran paradoja es que Donald Trump es una especie de dictador ficticio, constreñido a hacer declaraciones digitales en las redes y plataformas, o a lo sumo operaciones quirúrgicas como el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa, pero que no puede tocar tierra ante los pueblos, comunidades y barrios organizados de los países. Hoy por hoy, detener a Donald Trump, contradiciéndolo y poniéndolo en evidencia, es un acto por la vida.











