Martes 13 de enero de 2026, p. 7
A una década de su muerte, a 79 años de su nacimiento y 30 de su ingreso al Salón de la Fama del Rocanrol, el Duque Blanco, el camaleónico David Bowie sigue vivo y resplandeciente gracias a una vida de prolífica creatividad y legado innovador.
El sitio digital de El Salón de la Fama del Rock & Roll lo define: “Glamuroso. Futurista. Extraterrestre. Mortal. La carrera de 50 años de Bowie es una evolución constante, una innovación brillante y un arte perdurable. Su legado perdura como el de un talento que desafió la forma y un hombre que desafió la definición”.
A propósito del músico británico se ha recordado en diversos medios y con diversas actividades a 10 años de su partida. Bowie fue creador de tendencias y dejó un hondo pesar tras su ausencia en la industria que revolucionó, así como entre sus seguidores y el mundo que lo admiró.
Este año se evocará al londinense con conciertos, fiestas temáticas y rodadas en la Ciudad de México, mientras en Londres su casa de la infancia y adolescencia se convertirá en un museo. Además, se han anunciado publicaciones editoriales y diversas exposiciones.
Desde hace algunos años, Alfonso André, el mítico baterista de Caifanes, organiza conciertos junto con sus “friends” dedicados a la estrella británica y ahora se suma a las conmemoraciones con un tributo el próximo 17 de enero en el Foro Cultural Hilvana, en la alcaldía Cuauhtémoc, el cual incluye una fase de Meet & Greet antes del poderoso espectáculo que dará inicio en punto de las 21 horas.
Todo esto y más pondrá en el foco este año al cantante, compositor y actor británico, quien solía decir: “No sé adónde voy, pero prometo que no será aburrido”.
Hace unos días se estrenó el documental Bowie: El acto final (Bowie: The Final Act) en cines de Reino Unido e Irlanda. El filme, dirigido por Jonathan Stiasny, explora lo que se describe como un periodo “relativamente no examinado” de la producción musical de Bowie, así como los últimos años de preparación para su obra final, Blackstar, lanzada días antes de su muerte a los 69 años el 10 de enero de 2016.
Sobre ese funesto día, Hermann Bellinghausen, en este diario publicó “En la impronta de David Bowie”, en 2022, donde puntualizó: “al cumplir 69 años, el 8 de enero de 2016, Bowie sorprendió al mundo con la aparición de una obra de ultratumba, experimental y total: Black Star. Dos días después, el 10 de enero, se anunció su muerte. Nadie en el rock se ha despedido con mayor elegancia, timming escénico y gratitud para con sus millones de admiradores. Como expresa Simon Critchley, el febril pensador británico que afirma deber a Bowie casi todo, empezando por su primera experiencia sexual: ‘su genialidad consistía en convertirse en otra persona lo que durase una canción, y algunas veces a lo largo de todo el álbum o incluso toda una gira. Bowie era un ventrílocuo’ (Sexto Piso, Madrid, 2014)”.
Bellinghausen agregó: “pupilo de Lindsay Kemp, el mago de la expresión corporal, en Bowie florecen un duque excesivamente blanco y flaco, un clown triste, una mujer semidesnuda, un crooner romántico, un negro plástico, Hamlet, un hombre del futuro orwelliano, un ser de otra galaxia. Siempre un dandi”.
Además, “incursionó en el cine con esplendor histriónico para Oshima, Scorsese, Henson, Tony Scott, bajo la impronta de El hombre que cayó a la Tierra (Nicholas Roeg, 1976), tan definitiva, que sería el eje narrativo de su tardío musical Lazarus, estrenado en Broadway en 2015”.
Problemas de salud
David Bowie lidió con varios problemas de salud en sus últimos años, incluyendo una serie de ataques cardiacos en el escenario cuatro años después de su actuación principal en Glastonbury en 2000.
En las imágenes del citado documental lo muestran en el T-Mobile Arena de Praga en 2004, agarrándose el corazón y claramente angustiado. “Lo siento, no puedo continuar, tengo demasiado dolor”, le dijo al público antes de tambalearse hacia los bastidores.
El 10 de enero de 2016, David Bowie “falleció pacíficamente rodeado de su familia tras una valiente batalla de 18 meses contra el cáncer. Su obra, influencia multigeneracional y legado de innovación intrépida y reinvención interminable vivirán para siempre”, refiere la biografía en su página web.
David Robert Jones nació en Brixton el 8 de enero de 1947. “A los 13 años, inspirado por el jazz del West End londinense, cogió el saxofón y llamó a Ronnie Ross para que le diera clases. Las primeras bandas con las que tocó (The Kon-Rads, The King Bees, The Mannish Boys y The Lower Third) le ofrecieron una introducción a los mundos vistosos del pop y el mod, y para 1966 ya era David Bowie, con el pelo largo y aspiraciones de estrellato revoloteando en su cabeza”.
En un camino incesante, 1972 fue el año en que Bowie ascendió al estrellato internacional. El editor de GQ UK, Dylan Jones, señaló sobre la histórica aparición en Top of The Pops el 6 de julio de 1972, cuando Ziggy apareció por primera vez en millones de salones desprevenidos interpretando Starman, el single principal del álbum: “esta es la actuación que convirtió a Bowie en una estrella, incrustando su personalidad de Ziggy Stardust en la conciencia nacional”.
En el mismo portal dedicado al músico se difundió la noticia de que su casa en el número 4 de Plaistow Grove, en Bromley, al sur de Londres, será restaurada y abierta al público a finales de 2027.
“La casa adosada se utilizará para talleres creativos y de habilidades para jóvenes, que con suerte absorberán parte de la inspiración que sirvió a Bowie desde los 8 hasta los 20 años (1955-1967). La propiedad marca el lugar donde comenzó el viaje musical de Bowie; fue allí donde escribió sus canciones formativas y regresó regularmente en los años siguientes, escribiendo su éxito revelación Space Oddity, que lo catapultó a la fama pop”.
En el portal de Bowie’s House se plantea: “el vigor y la libertad del Londres de los años 60 llegaron a los suburbios de Bromley y el mundo de Bowie explotó en color y posibilidades. Sonidos e influencias de Estados Unidos, la radio pirata y la contracultura rebotaban por las paredes de la sala que sus amigos veían como la ‘puerta de entrada al mundo moderno’”.
Fue una década “de grandes convulsiones y revolución; el alunizaje y los movimientos por los derechos civiles empujaron los límites de lo posible. Bowie soñaba con el papel que interpretaría. La casa presentará su juventud no como nostalgia, sino como un encendido: donde los jóvenes puedan verse reflejados en alguien que se atrevió a pensar de forma diferente”. El proyecto se desarrollará junto con el programa Proud Places de Heritage of London Trust, continuando la visión juvenil de Bowie para las artes creativas”.











