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La larga guerra contra Venezuela
L

a guerra de Estados Unidos contra Venezuela lleva casi 27 años, cuando Hugo Chávez ganó la presidencia de aquel país y, junto a su pueblo, empezó una serie de transformaciones que preocuparon a los señores de la guerra y del dinero. El pueblo de Venezuela, con Chávez a la cabeza, avanzó con la recuperación de su petróleo, logró que su territorio fuera declarado libre de analfabetismo mediante iniciativas como la Misión Robinson con el método “Yo Sí Puedo”. Con la formación del poder comunal, que ha sido una de las iniciativas de poder popular más interesantes –y no libre de contradicciones– del siglo XXI, grandes sectores sociales explotados y oprimidos lograron proponer algo tan auténtico como contradictorio: el Estado Comunal. Venezuela se convertía así, para EU, en un mal ejemplo para el mundo.

La guerra de EU contra Venezuela en estos 27 años ha sido constante y con distintas fases. La desinformación y el ataque mediático han estado siempre presentes, pero también el financiamiento a grupos de oposición y asesoramiento político y militar para golpes de Estado. En el memorial de agresiones queda el golpe de Estado y secuestro de Hugo Chávez en 2002, que contó con el respaldo de EU, y que se logró revertir gracias al pueblo movilizado. También recordamos el intento de asesinato en 2018 de Nicolás Maduro, con la utilización de drones y explosivos. Junto a la desinformación, ataques mediáticos, asesoramiento y financiamiento político y militar, están también las sanciones económicas, el congelamiento de cuentas y otras medidas financieras que buscaron siempre asfixiar al pueblo venezolano.

Mientras todas las formas de guerra se aplicaron y aplican contra Venezuela, los gobiernos de EU, sus aliados y algunos progresistas extraviados, fueron fortaleciendo mediáticamente a líderes y lideresas de cartón. Aunque una y otra vez Juan Guaidó, Corina Machado, Leopoldo López o Edmundo González dijeron “ganar elecciones”, “contar con el respaldo de la sociedad” e incluso ser reconocidos como “presidentes” por gobiernos de otros países; hoy queda claro que sólo eran marionetas desechables de Washington.

A todo eso el pueblo de Venezuela resistió, y sigue resistiendo. Resistió a la muerte de Hugo Chávez cuando auguraron que todo acabaría y resiste también hoy al secuestro de su presidente Nicolás Maduro y de Cilia Flores.

El pueblo de Venezuela resiste a las múltiples formas de la guerra que desde afuera le imponen y resiste también a las contradicciones y errores de su dirigencia y su burocracia. Resistieron y resisten a esas guerras que nunca fueron por la democracia y los derechos humanos, que siempre fueron por el petróleo y por el territorio.

La intensificación de la guerra contra Venezuela en los últimos días se inscribe, sin embargo, en una fase de reordenamiento global del capital, con la expansión de guerras de conquista. En esta fase, el petróleo de Venezuela sigue siendo el objetivo, pero también dar un mensaje “disciplinador” y de generación de miedo: cualquiera que no se alinee, puede ser el siguiente objetivo. “Cada bomba que cae en Gaza, cae también en las capitales y las principales ciudades del mundo, sólo que todavía no se han dado cuenta”, dijeron los zapatistas en 2023. Esas bombas ya cayeron en Venezuela.

De a poco va saliendo más información de lo sucedido hace unos días en Venezuela. Hoy sabemos, por ejemplo, que hubo una feroz resistencia a la invasión, que los combatientes internacionalistas cubanos y también muchos venezolanos dieron la batalla durante varias horas. El saldo no es oficial todavía, pero se habla de al menos 80 personas asesinadas y un centenar de personas heridas del bando venezolano. La actitud de Nicolás Maduro durante los traslados y en su presentación, deja más la impresión de que es un ganador en la batalla, si por ganar entendemos que él y Cilia están vivos, que el gobierno bolivariano continúa, que su país no fue conquistado, que está ganando la narrativa y, lo más importante, que el pueblo venezolano resistirá en las calles.

En los días que han pasado y en los que vienen, mucha desinformación circulará. A una posición ética y a la verdad debemos aferrarnos: sin contar con el respaldo del aparato legal de su país, el gobierno estadunidense invadió Venezuela, secuestró a su presidente y a su esposa, asesinó a decenas de personas –incluidos civiles–; afectó viviendas y centros educativos, y hoy se propone imponer una especie de protectorado. Acostumbrado y preparado para resistir, el pueblo de Venezuela empieza a salir del shock y a manifestarse en las calles. Necesita de la solidaridad de los pueblos del mundo, y más importante todavía, los pueblos del mundo necesitamos a los pueblos de EUA intensificando las protestas desde adentro.

Es la hora del pueblo venezolano. Es la hora de los pueblos del mundo.

*Sociólogo

X: @RaulRomero_mx