Feliza Bursztyn contra el machismo
ntre 1980 y 1984, la editorial Maremágnum publicó en Colombia con el nombre de Notas de prensa las columnas de opinión que Gabriel García Márquez escribió en ese periodo. La del 20 de enero de 1982, comenzaba así: “La escultora colombiana Feliza Bursztyn, exiliada en Francia, murió de tristeza a las 10:15 de la noche del pasado viernes 8 de enero, en un restaurante de París”.
Ayer se cumplió un año más del fallecimiento de esta figura clave del arte de Colombia y América Latina. Pionera en la escultura cinegética y una de las primeras en desafiar las formas tradicionales vigentes al emplear chatarra, restos de automóviles, motores y acero inoxidable, para hacer esculturas a las que incorporó música, movimiento y espacio.
Hija de inmigrantes judíos polacos, Bursztyn nació en Bogotá en 1933. Pero allí se sentía como una extraña. A los 19 años contrajo matrimonio y tuvo tres hijos. Cuatro años más tarde se divorció y abandonó a su familia para dedicarse a lo que le gustaba: la escultura. Rechazó así las restricciones impuestas a las mujeres en Colombia y todos los cánones de una sociedad patriarcal. Ella dijo entonces que “¡en un país de machistas, hágase la loca!” Y así fue tratada no pocas veces en ciertos medios y en los rancios círculos sociales.
En cambio, las figuras importantes de la cultura entendieron y comentaron favorablemente su obra. Comenzando por el poeta Jorge Gaitán Durán, director de la famosa revista Mito, gracias a lo cual logró abrirse campo y exponer sus obras en museos de Colombia y, finalmente, en el de Arte Moderno de Bogotá.
Feminista en un país machista con cánones morales dictados por una Iglesia católica ultraconservadora, Feliza también fue severa crítica de la situación social y económica imperante. Militó en los movimientos progresistas. Perseguida por las fuerzas del Estado, tuvo que exiliarse en México en 1980 para salvar su vida, y luego en Francia.
El paso del tiempo le hizo justicia. Hoy su obra goza de reconocimiento internacional. Además, la novela Los nombres de Feliza, de Juan Gabriel Vásquez (2024), ofrece un acercamiento a la vida de quien luchó contra los prejuicios sociales, machistas, religiosos y políticos.












